Ir al contenido principal

Mefisto en el laberinto (I)




- Juanillo, ¿vienes?

- ¡Voy mamá!

- ¡Venga hijo no te entretengas que me harás llegar tarde!



- ¡Ya voy mamá, ya voy! ―Juan tiene 27 años y es un imbécil. No, no como insulto; como enfermedad. Su madre lo tuvo de mayor, casi con 50 años, cuando tener un hijo era más un descuido que un deseo. Fue el quinto de cinco hijos; de los que sólo le viven tres, tres incluido Juanillo. Antonia le quiere mucho, le quiere más que a su vida; pero esto para Juanillo no significa nada.

- ¡Juanillo, cariño, mira como traes la camisa!

- ¡Me se sale, mamá!

- ¡Qué se te va a salir! Ven, acércate. Mira que te lo tengo dicho, tienes que arreglarte antes de salir de casa. No me gusta que se te vea dejado. ¡No hay nada peor que un hombre dejado, hijo! ―le dice mientras, tirando, le pone la camisa por dentro de los pantalones.

- ¿Vendremos tarde? ―le pregunta inquieto.

- ¿Por qué, tienes algo que hacer?

- He quedado con Carlitos, para ir a jugar al parque.

- Pues hoy no podrá ser. ¿Sabes que día es hoy? No, claro que no lo sabes. Hoy hace 12 años que murió tu padre. ¿Te acuerdas de tu padre, hijo?

- Le quiero mucho, mamá… Pero, a ti te quiero más. ―Antonia llora. No llora por lo que le ha dicho su hijo; llora como llora siempre que ve en sus ojos esa mirada especial, ese brillo cariñoso que la envuelve. No puede evitar llorar, ni quiere.

- ¡Venga, vamos al cementerio!

- Sí, mamá.






Juan se está peinando ―no hay nada peor que un hombre dejado, le decía su madre. Madre que hace doce años que ha muerto― antes se ha afeitado y se ha vestido; hoy es un día importante para él.



- ¿Tenía que venir tu hermano?

- ¿Qué quieres decir?

- ¡Joder, no sé que pinta el subnormal de tu hermano en la boda de nuestro hijo!

- ¿Qué no sabes lo que pinta?

- No, no lo sé ¿Dónde lo vamos a poner? ¿Con quién lo sentamos?

- ¡No me jodas María! ¡No me jodas!



Hoy se casa Carlitos. Juan, con 39 años, continúa soltero. Desde que murió su madre ha estado viviendo en casa de su hermano mayor, de Antonio. Antonio siempre se ha portado bien con él; su mujer, María, ya es otra cosa.



- No se parece en nada a mamá ―piensa Juan, mientras se dirige al comedor.



La casa está llena de gente. A algunas personas las conoce y a otra no. De hecho, a la mayoría no las conoce. Se queda sentado en un rincón del comedor, con las piernas juntas y las manos cruzadas sobre las rodillas.



- A mamá le gustaría verme sentado así, no he de parecer dejado ―y sonríe cuando ve entrar a Carlitos vestido tan elegante― Se parece a uno de esos actores de cine que salen en las películas.

- ¡Juanillo! ―dice Carlos, mientras lo abraza con fuerza.

- ¡Qué elegante vas! ―Juan no está seguro que deban estar mucho tiempo abrazados, su madre no está aquí para decírselo; pero si que está Carlitos. Y si Carlitos le abraza tan fuerte es que está bien hecho. Él siempre ha confiado en Carlitos, incluso cuando este sólo tenía diez años y jugaban juntos en el parque.

- Tú también estás muy elegante. ¿Te has hecho tú solo el nudo de la corbata?

- No, me lo ha hecho Antonio ―Juan está contento― Carlitos me ha dicho que voy elegante. Si mamá me viera también estaría contenta.






Después de comer, Juan va a la playa y se sienta en las rocas a ver llegar las olas. Es de los pocos momentos en que se puede considerar feliz. No, no es que en la residencia no les cuiden bien, al contrario; las enfermeras son muy amables, incluso la Señora Engracia.

A Juan le gusta estar junto al mar, es lo que ha estado haciendo estos últimos seis años; sea invierno o verano, después de comer, siempre ha salido a la playa. Le gustaría que estuviera su madre con él, los dos juntos sentados en las rocas y esperando las olas, pero no puede ser. Pronto vendrá a verlo Carlitos y llevará a Alba, su hija.

Juan, viendo las olas del mar llegar a sus pies, es feliz.

Comentarios

  1. Imaginar aquests moments de la vida d'en Joan, segur que va produir dolor a la mare que per llei natural deuria entendre que un dia l'hauria de deixar.
    No he pogut evitar posar-me en el paper d'ella, com a mare que soc, seria el més trist per mi.

    ResponderEliminar
  2. Hola Rosalia. M'agraden els teus comentaris, saps mostrar-me coses en les que ni jo mateix hi pensava quan escrivia l'entrada.
    En aquest cas no m'havia plantejat aquest dolor, tant evident ara, de la mare pel futur del fill.
    Gràcies.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Primer Círculo del Infierno

D ante y Virgilio llegan al Vestíbulo del Infierno. Allí están las almas de aquellos que en vida no fueron capaces de reunir las suficientes virtudes para ir al Cielo. Junto a ellas están también las almas de los que no pecaron lo suficiente para merecerse el Infierno. Todos ellos tienen en común que no vivieron con, ni contra los demás. Simplemente vivieron para ellos mismos. Dejando el Vestíbulo tras ellos suben a la barca de Caronte y entran en el Limbo, entran en el Primer Círculo del Infierno. En él se encuentran las almas puras que no recibieron el agua del bautismo. Se encuentran aquellas personas que no pecaron en vida. Que fueron capaces de reunir méritos y alabanzas, pero que no recibieron las aguas salvadoras. Aquí se encuentran con Homero, Horacio, Ovidio, Lucano y el propio Virgilio. Entre otras muchas celebridades y personas honradas.

Escritores malditos (IV) Brasillach - Céline - la Rochelle

Robert Brasillach - Louis Ferdinand Céline - Pierre Drieu la Rochelle El 22 de setiembre de 1976 Jorge Luis Borges se entrevista con el dictador Augusto Pinochet. A la salida declara: "Pinochet es una persona excelente. Su cordialidad, su bondad (...) estoy muy satisfecho (...) Aquí, también en mi patria, se están salvando la libertad y el orden" Estas palabras de Borges tuvieron en su época una resonancia enorme en el terreno político y en el campo de la cultura. Prueba de ello son las reacciones de gente como: José Saramago: "Borges es el mejor escritor del siglo junto a Fernando Pessoa y Franz Kafka" Emir Rodríguez Monegal (crítico uruguayano): "A Neruda le perdonaron su abundante pasado estalinista; a Asturias, la servitud bajo los regímenes fuertes de Guatemala; a García Márquez, su servil fascinación por la dictadura de Fidel Castro. Borges en cambio, es imperdonable porque no juega al juego de la hipocresía y sólo quiere ser Borges...

El lobo estepario

Hermann Hesse (1877 - 1962)