
Todavía empalmado, mi sentimiento nacionalista, me sumerjo en el día después en que Sinera, la de Munt, vio el mar.
Contemplo, absorto, como la voluntad de 8.023 arenyencs del Maresme ha arrasado con el oasis catalán; desenterrado los fantasmas más funestos del nacionalismo español; mandado a freír espárragos el seny català a lomos de la rauxa más genuina; y, en pocas y selectas palabras, puesto a nuestra vieja Sepharad ante sí y ante la historia.
Cuando uno se empieza a aficionar al póquer tendría que disponer de un amigo que le hiciera la siguiente confidencia: si llevas un tiempo prudencial jugando y no sabes quien es el tonto de la partida; abandona, el tonto eres tú.
¿Sabes, amigo lector, quién es el tonto en esta partida?
Contemplo, absorto, como la voluntad de 8.023 arenyencs del Maresme ha arrasado con el oasis catalán; desenterrado los fantasmas más funestos del nacionalismo español; mandado a freír espárragos el seny català a lomos de la rauxa más genuina; y, en pocas y selectas palabras, puesto a nuestra vieja Sepharad ante sí y ante la historia.
Cuando uno se empieza a aficionar al póquer tendría que disponer de un amigo que le hiciera la siguiente confidencia: si llevas un tiempo prudencial jugando y no sabes quien es el tonto de la partida; abandona, el tonto eres tú.
¿Sabes, amigo lector, quién es el tonto en esta partida?
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