
Aquellos de vosotros a los que les guste estar informados, habréis sufrido durante estos días un incesante bombardeo. La Luna, ese objeto mágico que nos circunda a casi 400.000 kilómetros de distancia, ha sido y será durante unos días titular de las primeras páginas de los periódicos, los noticiarios de televisión e, incluso, de las conversaciones nacidas en las acogedoras barras de los bares.
Poco puedo añadir, sobre el aterrizaje del hombre en la luna del que hará ahora 40 años, que no se haya dicho ya. Os podría contar que viví ese momento ante el televisor, junto al resto de mi familia, embobado con ojos de niño ante ese instante histórico; pero si hiciera eso os mentiría. Por aquel entonces sólo tenía tres años y por mi cabeza debían pasar muchas cosas, tantas, que no había sitio para la Luna. O quizás si lo viví y, o sacrilegio, no lo recuerdo.
Os podía hablar de las múltiples teorías que corren por la red de redes sobre la falsedad del aterrizaje en la Luna. Pero, me produce tanta pereza hablar de tonterías. Sólo, a modo de acotación, recordar a los conspirativos que si alguien falsificó las imágenes, ese no pudo ser en modo alguno Kubrick; si alguien tan perfeccionista como él lo hubiera falsificado, habría sido tan perfecto en la falsificación que jamás habría dejado margen posible a la duda.
Tampoco os hablaré del origen de nuestro satélite, buscad por la red vosotros mismos y encontrareis datos increíbles, sorprendentes y maravillosos. Buscad también, si os place, la influencia que Selene ha tenido sobre la vida, obra y milagros humanos. Pero si lo que queréis, llegados a este punto, es saber el motivo del título de la entrada; no busquéis más, aquí está la respuesta.
Era el 1981 y yo, que estaba en plena crisis quinceañera, no me podía perder el estreno de Un hombre lobo americano en Londres. La película bien gracias, pero lo que realmente me impactó de ella, obviando a la guapísima Jenny Agutter, fueron las diversas versiones que aparecían de una canción. Una canción que desconocía por completo, Blue Moon.
Las palabras, reunidas en idiomas, son seres maravillosos. Si hiciéramos una traducción literal del título de la canción nos saldría Luna azul, que como nombre está bien pero, la verdad, no tiene ninguna relación con la letra de la canción lo cual, quieras o no, es un dato a tener en cuenta. Tenemos pues que utilizar otra acepción para el blue inglés, y esta no es otra que triste, melancólico.
Blue Moon ha sido cantada por múltiples intérpretes y estilos. Genuinamente se trataba de una balada escrita en 1934 por Richard Rodgers y Lorenz Hart. Pero rápidamente de ella se adueñaron gentes como Louis Armstrong, Tony Bennett, Ella Fitzgerald, Sam Cooke, Bob Dylan, Elvis Presley, Dean Martin, Diane Shaw, Frank Sinatra...
Para esta entrada no he escogido a ninguno de ellos. Para ilustrar la soledad del primer hombre que pisó la Luna, hace ahora 40 años, creo que le va mejor la soledad del hombre que en una noche estrellada mira la Luna desde abajo, tumbado en una pradera. El estilo del country, el estilo The Mavericks.
¿Seguís aquí? En la vida todo tiene una razón. El término Blue Moon, también. Periódicamente, y debido a la diferencia que hay entre la duración de los meses en el calendario gregoriano y el tiempo que pasa entre dos fases lunares iguales, hay determinados meses del año que tienen dos Lunas Llenas; a esta segunda Luna Llena se la conoce como Blue Moon.
Si quieres observar el fenómeno estate atento los próximos 2 y 31 de diciembre de 2009, verás un Blue Moon.
Molt interessant, desconeixia l’existència de la segona lluna, la cançó si que la coneixia. No controlo el tema de la lluna però tinc un client que sovint m’ho recorda, és un fervent creient de la seva influencia sobre l’esser humà i a començaments d’any em va regalar un calendari solar (llibret). Tot i no haver seguit el seu consell sobre la prèvia consulta abans d’emprendre decisions o iniciar temes professionals, tinc que reconèixer que “una cosa o altra” m’altera de la seva llum en dies concrets. Tinc a peu de llit dos finestrals de vidre fins a terra i, quan s’il·lumina el llit amb la seva llum, em provoca reflexions o estats anímics que em fan adonar d’una sensibilitat que no controlo.... en fi, m’has fet reflexionar, gràcies.
ResponderEliminarHola Rosalia. Sempre es sorprenent la quantitat de coses que, sense aparent explicació, ens acaben influint; a nosaltres, els que ho sabem tot i tot ho tenim controlat.
ResponderEliminarAfortunadament la racionalitat de la nostra existència sempre resulta superada per la rauxa de la vida.
Perdó per fer-te reflexionar, he estat molt desconsiderat ;)