
Teniendo presentes estos tiempos movidos que nos está tocando vivir —y lo que te rondaré morena— qué mejor forma de evasión que crearnos nuestra propia distopía.
Imaginarnos, es un decir, que a falta de escasos 15 días para la celebración de elecciones en los EE. UU., y ante la casi irremediable victoria de Barack Obama; alguien, sin ningún tipo de conexión externa y a ser posible negro, asesina al senador por Illinois.
Podemos continuar imaginándonos que ante la desolación que sufrirá el país ante este magnicidio, su presidente actual, George Bush, suspende el proceso electoral; permaneciendo en el poder hasta que la Corte Suprema de los Estados Unidos, de amplia mayoría republicana, decida la próxima cita electoral.
Evidentemente esto no ayuda a recuperar la confianza de los mercados financieros; que ya tocados de un ala, caen definitivamente en una profunda recesión. Recesión que se expande exponencialmente por todo el mundo.
Las enormes ayudas que los gobiernos occidentales han invertido en la banca internacional se muestran insuficientes y sólo consiguen que las propias reservas de estos países desaparezcan.
Con la desaparición de los fondos estatales y los países en bancarrota, empresas y particulares se encuentran que de la noche a la mañana el dinero que tenían invertido o ahorrado no existe; y tienen que salir a la compra diaria con unos pocos papeles en los bolsillos que no valen ni la tinta con los que han sido impresos.
Sin trabajo, ayudas públicas, ni asistencia gubernamental, y con ingentes cantidades de trabajadores sin expectativas; los países europeos impulsan políticas de retorno de inmigrantes, ilegales y legales, a sus respectivos países. Empezando, dado que hoy nos quedan pocos judíos en Europa, con los de los países árabes.
Este retorno no es aceptado ni por los países de origen, que no los pueden absorber; ni por los propios afectados, que no quieren abandonar el supuesto paraíso occidental.
La xenofobia, por ambas partes, se desborda. Los extremistas, de ambos bandos, llaman a la Yihad y a una nueva Cruzada. La Tercera Guerra Mundial está servida.
Después de, pongamos, unos siete años de guerra y penurias; terminan ganando los buenos, terminamos ganando nosotros.
Durante estos años, y gracias a los esfuerzos de guerra, la ciencia, las tecnologías y la medicina han avanzado enormemente; la población ha sido diezmada y una nueva sociedad surge de sus cenizas; la economía entra en un imparable proceso de reactivación; nuestro futuro distópico goza de una excelente salud.
Imaginarnos, es un decir, que a falta de escasos 15 días para la celebración de elecciones en los EE. UU., y ante la casi irremediable victoria de Barack Obama; alguien, sin ningún tipo de conexión externa y a ser posible negro, asesina al senador por Illinois.
Podemos continuar imaginándonos que ante la desolación que sufrirá el país ante este magnicidio, su presidente actual, George Bush, suspende el proceso electoral; permaneciendo en el poder hasta que la Corte Suprema de los Estados Unidos, de amplia mayoría republicana, decida la próxima cita electoral.
Evidentemente esto no ayuda a recuperar la confianza de los mercados financieros; que ya tocados de un ala, caen definitivamente en una profunda recesión. Recesión que se expande exponencialmente por todo el mundo.
Las enormes ayudas que los gobiernos occidentales han invertido en la banca internacional se muestran insuficientes y sólo consiguen que las propias reservas de estos países desaparezcan.
Con la desaparición de los fondos estatales y los países en bancarrota, empresas y particulares se encuentran que de la noche a la mañana el dinero que tenían invertido o ahorrado no existe; y tienen que salir a la compra diaria con unos pocos papeles en los bolsillos que no valen ni la tinta con los que han sido impresos.
Sin trabajo, ayudas públicas, ni asistencia gubernamental, y con ingentes cantidades de trabajadores sin expectativas; los países europeos impulsan políticas de retorno de inmigrantes, ilegales y legales, a sus respectivos países. Empezando, dado que hoy nos quedan pocos judíos en Europa, con los de los países árabes.
Este retorno no es aceptado ni por los países de origen, que no los pueden absorber; ni por los propios afectados, que no quieren abandonar el supuesto paraíso occidental.
La xenofobia, por ambas partes, se desborda. Los extremistas, de ambos bandos, llaman a la Yihad y a una nueva Cruzada. La Tercera Guerra Mundial está servida.
Después de, pongamos, unos siete años de guerra y penurias; terminan ganando los buenos, terminamos ganando nosotros.
Durante estos años, y gracias a los esfuerzos de guerra, la ciencia, las tecnologías y la medicina han avanzado enormemente; la población ha sido diezmada y una nueva sociedad surge de sus cenizas; la economía entra en un imparable proceso de reactivación; nuestro futuro distópico goza de una excelente salud.
Per sort la distopia que descrius només és això, un antònim d’utopia, a mi m’agrada’n més aquestes, em permeten una visió més optimista del futur proper. A estonetes, m’agrada enganyar-me amb una falsa realitat.
ResponderEliminarHola Rosalia. Realment, no em sap gens de greu que la meva distopia no es compleixi, gens ni mica.
ResponderEliminarNo obstant, sempre he pensat que la línia que separa, diguem-ne moralment, l'utopia de la distopia és molt feble i sovint s'esvaeix.
També penso que, narrativament, la distopia és molt superior, dona molt més suc, que l'utopia; encara que només sigui pel fet que l'utopia perfecta ja ha estat inventada per les religions.