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Comercio triangular



Desde tiempos de Perséfone —reina del inframundo en la mitología griega o, por decirlo de otra forma, era quien llevaba la muerte. Con esta carta de presentación no era de extrañar que su nombre no fuera pronunciado con agrado, es por ello que para referirse a ella se usaran nombres como La Doncella; dando lugar esta práctica a la aparición de los eufemismos, expresiones que substituían aquellas otras de carácter religioso que no debían ser dichas en voz alta. Llegaron los romanos y continuaron la costumbre con, por ejemplo, el verdadero nombre de Roma; y quien lo ponga en duda que piense en el pobre Tribuno de la plebe Quintus Valerius Soranus— los eufemismos se han ido adueñando del lenguaje diario.

Palabras que por conveniencia substituyen a otras palabras, a saber: miembro viril por polla; daños colaterales por asesinatos; delito económico por ladrón; inodoro por meadero; intervención militar por guerra; material para adultos por pornografía; y así tantos y tantos otros eufemismos que nos permiten hacer del día a día un remanso de paz, amor, cursilería, tedio y hastío.

Pero si algún eufemismo es especialmente despreciable este no es otro que el que da título a esta entrada. Cuando comercio triangular oculta el período más oscuro de la historia de Europa, el más oscuro y el más productivo. El comercio negrero.



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