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Tener un bonito cadáver



¿Cuándo nos informarán de la muerte de Fidel Castro?

Creo que fue Truman Capote quien inmortalizó esta frase: “vivir deprisa, morir joven, tener un bonito cadáver”


Muchos han sido los personajes que, principalmente, durante los años 70 y 80 se dedicaron a seguir al pie de la letra esta máxima de Capote. Actores, músicos, artistas diversos e incluso anónimos seguidores de Capote hicieron a tiempo los deberes y se convirtieron en bonitos cadáveres.


Lamentablemente, han sido pocos los dictadores que se han esforzado lo suficiente en la tarea. Demasiados gobernantes se han resistido heroicamente, hasta su último suspiro, a la perniciosa tentación de dejar el poder a tiempo.
Ejemplos tenemos de dictadores que se han eternizado en el poder a petición, no suele ser de otra forma, de sus pueblos soberanos; pueblos a los que, desagradecidos, les ha faltado tiempo para enterrar a sus homéricos líderes, y con su cadáver todavía caliente mandar a la porra sus logros, sus épicas, y sus historias, para avanzar sin ataduras hacia la siempre compleja libertad.


Hace más de 30 años que en España enterramos a nuestro Caudillo. Ese que lo era por la gracia de Dios. Interminables filas de millares de devotos seguidores desfilaron ante el cuerpo del Generalísimo. Caras desfiguradas por el dolor, lágrimas que inundaban afligidos rostros, rictus de patriotismo desencajado, dieron paso a los pocos días al más terrible de los olvidos. Ese pequeño gran hombre que durante casi 40 años gobernó España cayó en el olvido y el pueblo español, ese por el que el dictador se desvivía, empezó a caminar por si mismo.


Ahora, que Castro ha sido declarado política y oficialmente cadáver en vida, se abren nuevos horizontes para Cuba. Ese país que durante 50 años ha sufrido los desvelos del viejo dictador tendrá también la oportunidad de equivocarse, ¡magnífica oportunidad!
Su, ya no bonito cadáver, será expuesto al cariño más sincero del pueblo soberano de Cuba; que lo velará, lo llorará, lo ensalzará y rápidamente lo olvidará. El viejo Camarada, el héroe de Sierra Maestra, aquel que un día exclamó: “la historia me absolverá”, ha muerto. Y a su muerte no nos ha dejado un bonito cadáver, nos ha dejado un error, un error inmenso. Y el error, Comandante Fidel Castro, es que la historia no absuelve a los dictadores muertos, los olvida.

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