
Hace casi 80 años que Avida Dollars pintó este cuadro, en concreto fue en el año 1929. André Breton, no conformándose con expulsar a Salvador Dalí del grupo surrealista, fue quien ideó para él este anagrama. A Dalí, que era muy suyo, le encantó el nombre y lo utilizó el resto de su vida.
Ávido de dólares, Dalí, siguió pintando y actuando hasta que le llegó el título de Marqués de Púbol y la muerte; engrandeciendo así su mito hasta cuotas inimaginables.
Inimaginables para cualquiera excepto, quizás, para ese niño conocido como Salvador Domingo Felipe Jacinto Dalí i Domènech que durante las tardes de verano se paseaba por las solitarias playas del Cadaqués de principios del siglo pasado. Y, entre paseo y paseo, soñaba con el niño que llegaría a ser el día de mañana. Ese día en que Dalí reinaría en el mundo, y sentaría a su diestra una gigantesca garoina.
Uno, que ni está ávido de dólares ni le gustan demasiado los erizos de mar, toma sin permiso el título de la obra daliniana para reanudar la publicación de entradas. Y lo toma con plena conciencia de que quien publica un blog no es otra cosa que un gran masturbador; alguien que decide exhibirse públicamente y sin el menor rubor.
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