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Homo sum...


... humani nihil a me alienum puto

¿Tenía razón Terencio al afirmar que como hombre nada humano le era ajeno? Quizá el Africano sabía de lo que hablaba, no olvidemos que antes de ser conocido y reconocido como autor de comedias, fue esclavo.

La vida de Terencio —Publius Terentius Afer, si queremos hablar con propiedad carotiana— es sin duda apasionante. De él nos han quedado sus obras, parece ser que todas; y algunas de sus frases lapidarias, como la que ha dado origen a esta entrada.



Nada humano nos es ajeno, magnífico aforismo que pocas, muy pocas veces, se consigue. Terencio lo dejó escrito en su obra Heautontimoroumenos, o lo que es lo mismo el verdugo de si mismo. Pasaron los siglos y Charles Baudelaire —otro escritor maldito del que se ha olvidado el tiempo y mi extinta relación— nos golpeó a todos con su interpretación que de la frase de Terencio nos dejó en Las flores del mal, y la cual, este que escribe os ofreció en Auchwitz, hace ya la friolera de tres años; allá, casi al inicio del blog, que incluso este modesto espacio empieza a tener ya su solera.

Y hablando de golpes esta entrada tiene su origen, o razón de ser, en las imágenes que durante unos instantes —esos famosos cinco minutos de gloria mediática— tanto nos han impactado y que consisten en la agresión de un imbécil sobre una chica sudamericana, todo ello ante la mirada impávida de un testigo y la cámara de seguridad de un tren.
Si obviamos a la cámara, que ciertamente poca humanidad tiene y lo que se dice cumplir, cumplió su función, nos quedan tres protagonistas. Tres personajes que cual obra terenciana nos acercan a la humanidad del ser humano.

¿Qué nos acerca más a esta denominada condición humana? Se nos ofrecen tres opciones, a saber: en primer lugar la víctima de una agresión, aquella persona que indefensa se ofrece en sacrificio para saciar nuestra sensibilidad, nada más humano que el cordero degollado; en segundo lugar tenemos al agresor, al personaje que con total impunidad se impone sobre la víctima, le demuestra quien controla la situación y quien ostenta el poder, ¿hay cosa más humana que la sensación de poder absoluto sobre otra persona?; finalmente tenemos al observador, al personaje que presente en la escena se abstrae de la misma, se limita a prestar atención a la agresión sin implicarse.

Tres opciones, tres, que se nos muestran para definir a la perfección el carácter del ser humano. Sí, claro, aquí y ahora todos nos rasgamos las vestiduras y condenamos al agresor, nos solidarizamos con la víctima y ante la falta de acción del espectador nos sentimos escandalizados. Es tan fácil la vida cuando nos pasa de lado…
Si nada humano nos es ajeno, ¿dónde reside nuestra humanidad? ¿Crees acaso que a la obra con tres personajes se le tendría que añadir un cuarto?

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