
"Soldados del Quinto, ustedes me reconocen. Si algún hombre quiere disparar sobre su emperador, puede hacerlo ahora"
Quien así hablaba a las tropas que le aguardaban en Grenoble para detenerle, en nombre del rey y de la nación, era consciente que la historia le estaba observando. También eran conscientes de ello todos los hombres del Quinto Regimiento que con una sola voz gritaron: ¡Viva el Emperador!
Y cruzando su particular Rubicón, con ellos se dirigió, el pequeño cabo, hacia la capital de la nación; cien días que iban a cambiar el futuro de Europa habían dado comienzo.
Solo, en su cámara del Palais des Tuileries, el Ogro de Ajaccio duda. La última vez que le ocurrió tal cosa aún respondía al nombre de Nabolione. Era cuando todavía no había ingresado, lo haría un tiempo después a la edad de 10 años, en la escuela militar. Era cuando leía con fruición La Expedición de Alejandro escrita por Arriano de Nicomedia. Era cuando su Ajaccio natal se iba quedando cada vez más pequeña para el niño corso que de mayor sería conocido como Napoleón Bonaparte.
En la soledad de la sala sólo el enigmático rostro de La Gioconda se cruza con la mirada perdida de Bonaparte. Del hombre que ha podido convertir todos sus sueños en realidad. Del hombre que ha conseguido amedrentar a todas las potencias europeas. Del hombre que en la soledad de la habitación medita sobre cuales han de ser sus próximos movimientos. Del hombre que a los 35 años ha vivido lo suficiente como para enfrentarse a su pasado, sin sentir temor alguno por su futuro.
PRÓXIMAMENTE...
Quien así hablaba a las tropas que le aguardaban en Grenoble para detenerle, en nombre del rey y de la nación, era consciente que la historia le estaba observando. También eran conscientes de ello todos los hombres del Quinto Regimiento que con una sola voz gritaron: ¡Viva el Emperador!
Y cruzando su particular Rubicón, con ellos se dirigió, el pequeño cabo, hacia la capital de la nación; cien días que iban a cambiar el futuro de Europa habían dado comienzo.
Solo, en su cámara del Palais des Tuileries, el Ogro de Ajaccio duda. La última vez que le ocurrió tal cosa aún respondía al nombre de Nabolione. Era cuando todavía no había ingresado, lo haría un tiempo después a la edad de 10 años, en la escuela militar. Era cuando leía con fruición La Expedición de Alejandro escrita por Arriano de Nicomedia. Era cuando su Ajaccio natal se iba quedando cada vez más pequeña para el niño corso que de mayor sería conocido como Napoleón Bonaparte.
En la soledad de la sala sólo el enigmático rostro de La Gioconda se cruza con la mirada perdida de Bonaparte. Del hombre que ha podido convertir todos sus sueños en realidad. Del hombre que ha conseguido amedrentar a todas las potencias europeas. Del hombre que en la soledad de la habitación medita sobre cuales han de ser sus próximos movimientos. Del hombre que a los 35 años ha vivido lo suficiente como para enfrentarse a su pasado, sin sentir temor alguno por su futuro.
PRÓXIMAMENTE...
Ey, gracias por enlazarme!!!
ResponderEliminarEcharé un vistazo por tu paraiso ;)
Hola Elizabeth
ResponderEliminarEnlazar tu blog no tiene mérito, es sólo una cuestión de justicia.
me gustó tu blog, tenia razón stella maris
ResponderEliminarGracias anónimo sois, Stella y tú, muy amables.
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