
Ciertamente, este no ha sido un invierno especialmente severo. Cierto también que, aunque ya lleve unos días asomando la patita, todavía falta un poco para la llegada de la primavera; pero ni lo primero ha evitado que durante un tiempo el blog haya entrado en un preocupante estado de letargo, ni lo segundo será óbice para que a día de hoy dé por finalizado mi particular estado de hibernación.
Y aquí estamos de nuevo, dispuestos para comentar un artículo que salía ayer en la edición digital de El País.
La noticia viene de Corea del Sur, uno de los países tecnológicamente más avanzados del mundo, y trata de la redacción por parte de su gobierno de una Carta de Ética para Robots. Este código ético pretende regular la relación entre humanos y robots.
La importancia del código queda reflejada en hechos como que en el 2018, sólo faltan 11 años, los robots sustituirán a los cirujanos en las operaciones y, en que antes del 2020, en todos los hogares coreanos habrá un robot que asistirá a sus propietarios en las tareas domésticas.
Para la redacción del código se han basado en las célebres tres leyes de la robótica ideadas por Isaac Asimov —en realidad el origen de las leyes se debe a una colaboración entre Asimov y su maestro y precursor John W. Campbell— en un ya lejano 1942, cuando la robótica era sólo un recurso literario en las novelas de ciencia ficción.
Según estas leyes, y resumiendo, un robot no puede agredir ni por acción ni por omisión a un ser humano; un robot debe obedecer a los seres humanos, excepto si ello implica incumplir la primera ley; y finalmente un robot debe proteger su propia vida si ello no implica incumplir las dos primeras leyes.
Digo que se basa en las tres leyes, y no que las copia, puesto que mientras estas están pensadas desde una óptica humana, la voluntad de los legisladores coreanos es compensar la relación de sumisión del robot frente al hombre. Lo cual tiene unos sólidos fundamentos si pensamos que el término robot proviene de la palabra checa robota, y significa trabajo forzado o esclavitud.
En ello debió pensar también el gobierno británico cuando el año pasado pronosticó que, antes de 50 años, los robots terminarían pidiendo los mismos derechos de los que actualmente disponemos los seres humanos.
Sí, quizás a alguno de vosotros os parezca que la noticia tiene más de ficción que de ciencia. Que no deja de ser una serpiente de verano venida antes de tiempo. Que ese simpático, y a veces desquiciante, ordenador por el que me estás leyendo no deja de ser un conjunto de chips de silicio sin alma ni sentimientos.
Si tú, amable lector, eres una de estas personas que piensa así. Si en estos precisos instantes tienes una sonrisa burlona en el rostro, te diré sólo una cosa, piensa en estas dos palabras: Punto Omega.
¿No sabes de qué te estoy hablando? Bueno, te daré una pista. Tipler, Frank Tipler, físico norteamericano.
¿Continúas sin saber de lo que te hablo? ¿No te apetece buscar la información? Tranquilo, no desesperes, algún día de estos hablaremos del Punto Omega.
Hola, Pere, y un saludo de primera visita. Me quedo pensando en la obsolescencia de nuestra propia especie, que tantos vaticinan; creo que, como se dice a veces, seremos de quienes se enterarán de qué va a pasar, lo queramos o no. No corre prisa. Suerte y por acá nos leemos.
ResponderEliminarHola Alberto
ResponderEliminarNo, no corre prisa. Bienvenido y vuelve cuando quieras.