
Llorad, hijos de la luz;
llorad, niños de Neftalí;
llorad, hermanos míos.
En esta funesta noche de tormentos,
el rayo ha caído.
El Maestro fue inmolado en la hoguera del celo.
Su genio consumido en las llamas de la envidia.
llorad, niños de Neftalí;
llorad, hermanos míos.
En esta funesta noche de tormentos,
el rayo ha caído.
El Maestro fue inmolado en la hoguera del celo.
Su genio consumido en las llamas de la envidia.
Erasmo
Si Jiram Abif no hubiese sido asesinado, o si antes de morir hubiese revelado sus secretos; ni Felipe V, ni el Zar Alejandro I, ni Francisco Franco, les habrían tenido por enemigos. Tampoco la iglesia católica ni el integrismo islámico, liderado por el Ayatolá Jomeini, se habrían unido en íntima comunión. Muy diferentes habrían sido también las vidas de Wolfgang Amadeus Mozart, Federico II el Grande, Giuseppe Garibaldi, Jonathan Swift, Harry S. Truman, Oscar Wilde o el mismísimo Voltaire.
¿Qué relación puede haber entre todos ellos, se puede preguntar alguien? ¿Qué sutil línea enlaza los diferentes siglos por ellos vividos? ¿Quién era Jiram Abif? ¿Existe la verdad universal?
A todo ello encontraremos respuesta un día de estos en esta entrada, un día de estos…
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