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| Alejandra Pizarnik (1936 - 1972) |
Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
¡Qué magnífica frase para empezar esta entrada! ¿No os lo parece? Me gustaría poder decir que la frase es mía pero si hiciera esto os mentiría, y hoy, hoy, no me apetece mentiros.
¿Alguien reconoce al autor de la frase? Supongo que antes que la dijera ella ―sí, el autor es autora― alguien más la debió decir, en algún lugar, en alguna lengua; quien no se crea que todo está ya dicho, se engaña.
Quizás alguno de vosotros conozca la frase por otras fuentes pero yo la descubrí leyendo a Alejandra Pizarnik ―que grandiosa entrada para escritores malditos, si a estos no se los hubiera llevado el tiempo― y más concretamente en su poema El despertar.
Alejandra era una gran poeta, ¿o debería decir poetisa?, que murió con 36 años. Alejandra no era delgada, y fue su adicción a los parabones la que le condujo a las anfetaminas. Llegó a tomarse tantas pastillas que sus amigos le llamaban La Farmacia. Antes de morir estaba encerrada en una clínica siquiátrica, y fue aprovechando una salida del centro donde estaba recluida que se citó con la muerte; y este es un tipo de cita a la que nunca se llega demasiado tarde, en este caso le bastó el tiempo necesario para tomarse demasiado seconal.
Antes de acudir a su cita, Alejandra se dedicó a escribir poemas. Para ello se dejó influenciar por gentes como Novalis, poeta alemán muerto a los 29 años por tuberculosis y que antes decía, entre otras cosas, que la noche al igual que la muerte era el paso previo a la vida verdadera; Hölderlin, otro poeta alemán que se pasó los últimos 40 años de su vida afectado por la locura, dicen algunos que las crisis le empezaron por casualidad, otros afirman que coincidieron con la muerte de Susette, esposa de un amigo y amante y amor de su vida; Baudelaire, poeta francés y rey de los malditos; Rimbaud, poeta francés muerto a los 37 años, después de ser un niño genial y perverso; y el Conde de Lautréamont, poeta francés de origen uruguayo que tanto amó el culto al mal que los surrealistas que le siguieron le adoraron con devoción.
Si las personas somos lo que leemos, y si sólo leemos aquello que amamos, no es de extrañar que la pobre Alejandra terminara como terminó. Y sin más dilaciones aquí os dejo su poema El despertar, no sin antes advertiros que su lectura puede afectar vuestra salud mental, para bien o para mal.
¿Alguien reconoce al autor de la frase? Supongo que antes que la dijera ella ―sí, el autor es autora― alguien más la debió decir, en algún lugar, en alguna lengua; quien no se crea que todo está ya dicho, se engaña.
Quizás alguno de vosotros conozca la frase por otras fuentes pero yo la descubrí leyendo a Alejandra Pizarnik ―que grandiosa entrada para escritores malditos, si a estos no se los hubiera llevado el tiempo― y más concretamente en su poema El despertar.
Alejandra era una gran poeta, ¿o debería decir poetisa?, que murió con 36 años. Alejandra no era delgada, y fue su adicción a los parabones la que le condujo a las anfetaminas. Llegó a tomarse tantas pastillas que sus amigos le llamaban La Farmacia. Antes de morir estaba encerrada en una clínica siquiátrica, y fue aprovechando una salida del centro donde estaba recluida que se citó con la muerte; y este es un tipo de cita a la que nunca se llega demasiado tarde, en este caso le bastó el tiempo necesario para tomarse demasiado seconal.
Antes de acudir a su cita, Alejandra se dedicó a escribir poemas. Para ello se dejó influenciar por gentes como Novalis, poeta alemán muerto a los 29 años por tuberculosis y que antes decía, entre otras cosas, que la noche al igual que la muerte era el paso previo a la vida verdadera; Hölderlin, otro poeta alemán que se pasó los últimos 40 años de su vida afectado por la locura, dicen algunos que las crisis le empezaron por casualidad, otros afirman que coincidieron con la muerte de Susette, esposa de un amigo y amante y amor de su vida; Baudelaire, poeta francés y rey de los malditos; Rimbaud, poeta francés muerto a los 37 años, después de ser un niño genial y perverso; y el Conde de Lautréamont, poeta francés de origen uruguayo que tanto amó el culto al mal que los surrealistas que le siguieron le adoraron con devoción.
Si las personas somos lo que leemos, y si sólo leemos aquello que amamos, no es de extrañar que la pobre Alejandra terminara como terminó. Y sin más dilaciones aquí os dejo su poema El despertar, no sin antes advertiros que su lectura puede afectar vuestra salud mental, para bien o para mal.
A León Ostrov
Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios
Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo
Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos
Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay monstruos
que beben de mi sangre
Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.
Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada
Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue
¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?
¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?
El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual
Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde
Señor
Arroja los féretros de mi sangre
Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón
Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos
Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas
Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo
El despertar pertenece a Las aventuras perdidas (1958)

*haré con el miedo lo que la jaula llena de flores
ResponderEliminargimió llantos peregrinos.
y fructificó locura