Buscando una imagen con la que ilustrar esta entrada, he encontrado la que podéis ver arriba. La imagen estaba bajo el título de republicanos derrotados camino del exilio.
Es evidente que los rostros de estas personas, que hace 67 años abandonaban este país para dirigirse a Francia, no reflejan precisamente la ilusión de quien confía en su futuro. Tampoco se ve en el rostro de la madre, que encabeza la marcha, ningún tipo de esperanza; ni para ella, ni para sus hijas que la siguen detrás.
El hecho de encontrarme con esta fotografía, y con el título que le daba nombre, me ha hecho cambiar completamente la entrada que, hoy 18 de julio, quería dedicar en recuerdo a los que lucharon en favor de la II República Española.
Es evidente que los rostros de estas personas, que hace 67 años abandonaban este país para dirigirse a Francia, no reflejan precisamente la ilusión de quien confía en su futuro. Tampoco se ve en el rostro de la madre, que encabeza la marcha, ningún tipo de esperanza; ni para ella, ni para sus hijas que la siguen detrás.
El hecho de encontrarme con esta fotografía, y con el título que le daba nombre, me ha hecho cambiar completamente la entrada que, hoy 18 de julio, quería dedicar en recuerdo a los que lucharon en favor de la II República Española.
Los años no pasan en vano y pocas de aquellas gentes están vivas hoy, setenta años son muchos años.
De la fotografía que ha dado origen a esta entrada, quizá sólo alguna de las hijas pequeñas de la mujer esté todavía viva. Evidentemente, la madre y los hombres que se ven en segundo plano han muerto ―las fotografías antiguas, las propias o las de extraños, siempre me han producido una sensación de desazón, de sinsabor. ¿Qué pensaban esas gentes en el preciso instante en que el fotógrafo les capturaba? ¿Qué fue de sus vidas unos segundos después de la profanación? La mayoría de pueblos indígenas, con su sabiduría natural, no permitían que los exploradores les hicieran fotografías, algunos todavía no lo permiten hoy; piensan que les capturan el espíritu. Yo, hombre racional, pienso lo mismo. Lo mismo que piensan los salvajes, que el Mago de la Minolta me quiere poseer el alma― Quién sabe si las niñas se quedaron en Francia y nunca más han vuelto a España. Tal vez, en algún pequeño pueblo francés, en alguna de sus calles o plazas, en estos precisos instantes, estén jugando unos niños, hijos de los hijos de las hijas de esta mujer.
Si miramos la fotografía veremos que se trata de republicanos, veremos también que van camino del exilio. Hasta aquí, pues, el nombre que le han puesto a la imagen es del todo correcto; republicanos camino del exilio.
Pero también hablan de gente derrotada. Hablan de todos aquellos que después de una guerra terrible, la perdieron; de los que fueron vencidos y tuvieron que abandonar sus vidas. ¿Fueron realmente ellos los perdedores? Hace casi 70 años, sí. Hoy, no.
Se pierden las batallas pero se ganan las guerras. Y su guerra, la que ellos perdieron entonces, la hemos ganado hoy nosotros. Se la hemos ganado en su nombre. El tiempo, que a todos pone en su sitio, los pone hoy, a ellos, en el bando vencedor. La España que estamos viviendo nosotros es la España de ellos, no es la España de los vencedores de entonces. No es, si alguna vez lo fue realmente, la España de esos que expulsaron de sus casas a tanta gente.
La mujer de la fotografía murió sin saberlo. Como tantos otros. Sin saber que esta no es la España de Franco, esta es la España de la República.
De la fotografía que ha dado origen a esta entrada, quizá sólo alguna de las hijas pequeñas de la mujer esté todavía viva. Evidentemente, la madre y los hombres que se ven en segundo plano han muerto ―las fotografías antiguas, las propias o las de extraños, siempre me han producido una sensación de desazón, de sinsabor. ¿Qué pensaban esas gentes en el preciso instante en que el fotógrafo les capturaba? ¿Qué fue de sus vidas unos segundos después de la profanación? La mayoría de pueblos indígenas, con su sabiduría natural, no permitían que los exploradores les hicieran fotografías, algunos todavía no lo permiten hoy; piensan que les capturan el espíritu. Yo, hombre racional, pienso lo mismo. Lo mismo que piensan los salvajes, que el Mago de la Minolta me quiere poseer el alma― Quién sabe si las niñas se quedaron en Francia y nunca más han vuelto a España. Tal vez, en algún pequeño pueblo francés, en alguna de sus calles o plazas, en estos precisos instantes, estén jugando unos niños, hijos de los hijos de las hijas de esta mujer.
Si miramos la fotografía veremos que se trata de republicanos, veremos también que van camino del exilio. Hasta aquí, pues, el nombre que le han puesto a la imagen es del todo correcto; republicanos camino del exilio.
Pero también hablan de gente derrotada. Hablan de todos aquellos que después de una guerra terrible, la perdieron; de los que fueron vencidos y tuvieron que abandonar sus vidas. ¿Fueron realmente ellos los perdedores? Hace casi 70 años, sí. Hoy, no.
Se pierden las batallas pero se ganan las guerras. Y su guerra, la que ellos perdieron entonces, la hemos ganado hoy nosotros. Se la hemos ganado en su nombre. El tiempo, que a todos pone en su sitio, los pone hoy, a ellos, en el bando vencedor. La España que estamos viviendo nosotros es la España de ellos, no es la España de los vencedores de entonces. No es, si alguna vez lo fue realmente, la España de esos que expulsaron de sus casas a tanta gente.
La mujer de la fotografía murió sin saberlo. Como tantos otros. Sin saber que esta no es la España de Franco, esta es la España de la República.

Comentarios
Publicar un comentario