¿Reconocéis a todos los integrantes de la foto? Sí, claro que los reconocéis. A estas alturas de la película no voy a dudar de vuestra perspicacia, ni de vuestro amor al cine.
Aunque, es un suponer, podría haber alguno de los visitantes accidentales que dudaran sobre su identidad. A ellos, y sólo para ellos, decirles que de izquierda a derecha tenemos a Lauren Bacall, Humphrey Bogart y Marilyn Monroe.
Aunque, es un suponer, podría haber alguno de los visitantes accidentales que dudaran sobre su identidad. A ellos, y sólo para ellos, decirles que de izquierda a derecha tenemos a Lauren Bacall, Humphrey Bogart y Marilyn Monroe.
La primera vez que fui consciente de ver a Bogart en una película fue en El halcón maltés; grandiosa película de los años 40, concretamente de 1941, dirigida por el boxeador, periodista, militar, coleccionista, guionista, actor, realizador, criador de caballos,…, y magnífico director de cine John Huston.
La época que le tocó vivir a Huston fue apasionante, como apasionante fue su vida; es por ello que, ahora que se acercan las vacaciones de verano, os propongo que leáis sus Memorias, editadas en España por Espasa Hoy. Os garantizo que no os van a defraudar.
Bien, como os estaba contando, El halcón maltés fue la primera de las películas que vi de Bogart; después siguieron otras muchas: Tener y no tener, El sueño eterno, Cayo largo, El motín del Caine, La reina de África,… y, como no, Casablanca. Bogart ha sido para mí un referente, el referente del perdedor atormentado.
Pero no, no os voy a hablar hoy ni de referentes ni de perdedores; como queda bien claro en el título de la entrada.
Volvamos a la fotografía y fijémonos en la mujer que está a la izquierda de Bogart. Sí, en Lauren Bacall ―por favor, pronúnciese "bacol"― que una vez terminada la ficticia historia de amor que vivió con Bogart, en Tener y no tener, le acompañó hasta que el cáncer se lo llevó una fría madrugada del mes de enero de 1957.
Entre las dos fechas tuvieron tiempo, más que suficiente, para amarse y mentirse, como cualquier pareja que se precie. Fue también entre las dos fechas que junto a otras estrellas del séptimo arte ―hay días en que parece que me la agarre con papel de fumar― formaron el selecto grupo de las Rat Pack
¿Quién eran esos? Venga, seguro que lo sabéis ¿No? ¿Nunca habéis oído hablar de las Rat Pack? No me lo puedo creer.
Originalmente el grupo se fundó alrededor de Bogart con Judy Garland y su marido Sid Luft; Spencer Tracy y Katherine Hepburn; George Cukor; David Niven; Swifty Lazar; Michael Romanoff; James van Heusen; Lauren Bacall en el papel de Den Mother y un joven Frank Sinatra.
Con el tiempo el grupo fue cambiando hasta que finalmente, en los años 60, quedó formado definitivamente por Frank Sinatra; Dean Martin; Sammy Davis, Jr; Joel Bishop y Peter Lawford.
Se dedicaron estos últimos, principalmente, a vivir las noches de Las Vegas. A vivirlas acompañados de mujeres, alcohol, drogas y sexo, mucho sexo. Cuando todo lo anterior les dejaba tiempo también se dedicaban a actuar en espectáculos, siguiendo la tradición del mejor Show Business americano. Siempre, nobleza obliga, acompañados por lo más selecto de la Mafia y las cariñosas Rat Pack Mascots.
Hollywood, siempre con un fino olfato para el negocio, les reunió a todos ellos en una película llamada aquí La cuadrilla de los once; aunque quizá os suene más un remake que se ha hecho hace unos años llamada Ocean’s Eleven. En ella aparecen, imitando a los originales, George Clooney, Andy Garcia, Bratt Pitt y Julia Roberts. Tiempo después, los mismos, se han reunido en Ocean's Twelve; ya veis, la máquina de hacer dinero funcionando a pleno ritmo.
Volvamos, otra vez, a la fotografía inicial y fijémonos en el último personaje que la compone.
A la mayoría nos puede resultar extraña la repercusión que tuvo Marilyn en varias generaciones de personas ―aprovechando que el verano es largo, también tenéis tiempo para leer El día que murió Marilyn de Terenci Moix―. Es bonita, cierto; es sexy, cierto; es tremendamente atractiva, cierto también. Pero, como ella, ha habido muchas actrices bonitas, sexys, atractivas e incluso mucho mejores que ella actuando. ¿Qué tenía Marilyn que no tuvieran las otras? ¿Qué la hizo especial? ¿Su vida? ¿Su muerte?
No es motivo de esta entrada valorar a Marilyn. Así pues, pasemos a otra cosa.
Bogart tiene la mirada perdida en el escote de Marilyn. Mirar su escote es lo que haría cualquier hombre cabal cuando frente a él tiene a una mujer como Marilyn. Así pues, mirar, el escote y de Marilyn son términos redundantes ―pleonoasmo― ¿O acaso alguno tendría las santas narices de decir que le miraría a los ojos?
Marilyn se da cuenta de la mirada y con una abierta sonrisa se acerca a Bogart, facilitándole la labor; mientras, coqueta, cierra los ojos y disfruta de la situación.
Bacall capta a la perfección lo que está ocurriendo; sonríe, los maldice en silencio y el instante se le hace eterno ―oxímoron―
La época que le tocó vivir a Huston fue apasionante, como apasionante fue su vida; es por ello que, ahora que se acercan las vacaciones de verano, os propongo que leáis sus Memorias, editadas en España por Espasa Hoy. Os garantizo que no os van a defraudar.
Bien, como os estaba contando, El halcón maltés fue la primera de las películas que vi de Bogart; después siguieron otras muchas: Tener y no tener, El sueño eterno, Cayo largo, El motín del Caine, La reina de África,… y, como no, Casablanca. Bogart ha sido para mí un referente, el referente del perdedor atormentado.
Pero no, no os voy a hablar hoy ni de referentes ni de perdedores; como queda bien claro en el título de la entrada.
Volvamos a la fotografía y fijémonos en la mujer que está a la izquierda de Bogart. Sí, en Lauren Bacall ―por favor, pronúnciese "bacol"― que una vez terminada la ficticia historia de amor que vivió con Bogart, en Tener y no tener, le acompañó hasta que el cáncer se lo llevó una fría madrugada del mes de enero de 1957.
Entre las dos fechas tuvieron tiempo, más que suficiente, para amarse y mentirse, como cualquier pareja que se precie. Fue también entre las dos fechas que junto a otras estrellas del séptimo arte ―hay días en que parece que me la agarre con papel de fumar― formaron el selecto grupo de las Rat Pack
¿Quién eran esos? Venga, seguro que lo sabéis ¿No? ¿Nunca habéis oído hablar de las Rat Pack? No me lo puedo creer.
Originalmente el grupo se fundó alrededor de Bogart con Judy Garland y su marido Sid Luft; Spencer Tracy y Katherine Hepburn; George Cukor; David Niven; Swifty Lazar; Michael Romanoff; James van Heusen; Lauren Bacall en el papel de Den Mother y un joven Frank Sinatra.
Con el tiempo el grupo fue cambiando hasta que finalmente, en los años 60, quedó formado definitivamente por Frank Sinatra; Dean Martin; Sammy Davis, Jr; Joel Bishop y Peter Lawford.
Se dedicaron estos últimos, principalmente, a vivir las noches de Las Vegas. A vivirlas acompañados de mujeres, alcohol, drogas y sexo, mucho sexo. Cuando todo lo anterior les dejaba tiempo también se dedicaban a actuar en espectáculos, siguiendo la tradición del mejor Show Business americano. Siempre, nobleza obliga, acompañados por lo más selecto de la Mafia y las cariñosas Rat Pack Mascots.
Hollywood, siempre con un fino olfato para el negocio, les reunió a todos ellos en una película llamada aquí La cuadrilla de los once; aunque quizá os suene más un remake que se ha hecho hace unos años llamada Ocean’s Eleven. En ella aparecen, imitando a los originales, George Clooney, Andy Garcia, Bratt Pitt y Julia Roberts. Tiempo después, los mismos, se han reunido en Ocean's Twelve; ya veis, la máquina de hacer dinero funcionando a pleno ritmo.
Volvamos, otra vez, a la fotografía inicial y fijémonos en el último personaje que la compone.
A la mayoría nos puede resultar extraña la repercusión que tuvo Marilyn en varias generaciones de personas ―aprovechando que el verano es largo, también tenéis tiempo para leer El día que murió Marilyn de Terenci Moix―. Es bonita, cierto; es sexy, cierto; es tremendamente atractiva, cierto también. Pero, como ella, ha habido muchas actrices bonitas, sexys, atractivas e incluso mucho mejores que ella actuando. ¿Qué tenía Marilyn que no tuvieran las otras? ¿Qué la hizo especial? ¿Su vida? ¿Su muerte?
No es motivo de esta entrada valorar a Marilyn. Así pues, pasemos a otra cosa.
Bogart tiene la mirada perdida en el escote de Marilyn. Mirar su escote es lo que haría cualquier hombre cabal cuando frente a él tiene a una mujer como Marilyn. Así pues, mirar, el escote y de Marilyn son términos redundantes ―pleonoasmo― ¿O acaso alguno tendría las santas narices de decir que le miraría a los ojos?
Marilyn se da cuenta de la mirada y con una abierta sonrisa se acerca a Bogart, facilitándole la labor; mientras, coqueta, cierra los ojos y disfruta de la situación.
Bacall capta a la perfección lo que está ocurriendo; sonríe, los maldice en silencio y el instante se le hace eterno ―oxímoron―

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