¡Menuda mierda!
¡Tenía que ser hoy, precisamente hoy!
¡Tenía que ser hoy, precisamente hoy!
Hoy que tenía previsto publicar la continuación a la entrada de Ausiàs March. Hoy que os tenía que hablar de este maravilloso poeta valenciano. Hoy, precisamente hoy, voy y me caigo del caballo. Al igual que Pablo de Tarso camino de Damasco, me he pegado la gran leche.
¡A la mierda! ¡Todo a la mierda!
Hoy en la India unos imbéciles, en nombre de un Dios que ni existe ni existirá, han vuelto a matar. En nombre de uno de los miles ―miles, sí, miles. Echad cuentas si no os lo creéis― de dioses verdaderos que desde que el hombre es hombre ni han existido, ni existirán.
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¡A la mierda! ¡Todo a la mierda!
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Pasan los años, pasan los muertos y todavía no hemos aprendido nada, nada. Nos seguimos matando sin que importe la causa. En nombre de un trapo de colores, de un pedazo de roca, de un país de mierda, o de cualquier otra estupidez que nos sirva de pretexto.
Nosotros, los mismos que creamos la belleza y el amor, lo sublime y lo prodigioso; no dudamos ni por un instante en revolcarnos como cerdos en las pocilgas de este mundo.
¡A la mierda! ¡A la mierda! ¡A la mierda, joder!
¡A la mierda! ¡Todo a la mierda!
Hoy en la India unos imbéciles, en nombre de un Dios que ni existe ni existirá, han vuelto a matar. En nombre de uno de los miles ―miles, sí, miles. Echad cuentas si no os lo creéis― de dioses verdaderos que desde que el hombre es hombre ni han existido, ni existirán.
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¡A la mierda! ¡Todo a la mierda!
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Pasan los años, pasan los muertos y todavía no hemos aprendido nada, nada. Nos seguimos matando sin que importe la causa. En nombre de un trapo de colores, de un pedazo de roca, de un país de mierda, o de cualquier otra estupidez que nos sirva de pretexto.
Nosotros, los mismos que creamos la belleza y el amor, lo sublime y lo prodigioso; no dudamos ni por un instante en revolcarnos como cerdos en las pocilgas de este mundo.
¡A la mierda! ¡A la mierda! ¡A la mierda, joder!

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