Si este fuese un blog de noticias de actualidad, a este titular le llamaríamos última hora. Por suerte o por desgracia este blog no es de actualidad, ni de noticias. Así pues, el titular será simplemente, esperemos, irrepetible.
Hace muchos años, en una civilización muy, muy lejana; cuando los seres humanos eran libres o tiranizados; de izquierdas o de derechas; libertarios o fascistas; troskistas o stalinistas. Un escritor comprometido dejó dicha una frase lapidaria:
Este ácrata de la palabra, este agitador revolucionario, este visionario; no era otro que George Orwell ―algún día, con más tiempo, tenemos que hablar largo y tendido del bueno de George―.
Hoy, el periódico izquierdista inglés The Independent ha publicado la noticia de que un peligroso terrorista se paseaba por las calles londinenses con un cartel en el que estaba escrita esta concisa frase; criticando la política "Gran Hermano" de Tony Blair.
La policía, estos eficientes perros guardianes de nuestro jardín público, lo ha arrestado en base a la nueva Ley sobre el Crimen Grave y Organizado. Según su prodigioso articulado nadie puede, entre otras cosas, protestar a menos de un kilómetro de la Plaza del Parlamento; si antes no ha recibido permiso, por escrito, de la Policía Metropolitana.
Así pues, Steve Jago ha violado la ley al mostrar su pancarta. Y, como no podía ser de otra forma, ha sido arrestado.
Hay que joderse. En nuestro oasis occidental se nos ha colado el Diablo. No, no ha tomado la forma del Leviatán. Ojalá fuera así, a nadie le sorprendería y sería por todos reconocido.
Satán, nuestro moderno Satanás, no es una bestia marina. Es un hombre con americana y corbata, un prócer de la Patria, alguien a quien se ha elegido para que nos gobierne; para que, en nombre nuestro, nos administre nuestra libertad. Administrar la liberad, menudo antagonismo.
Si nuestra época fuera, como antaño, la era de las luces; todos tendríamos claro si salíamos a la calle para portar más pancartas, o salíamos a la calle para aporrear a los pancarteros. Nadie tendría dudas sobre cual es su lado en la barricada.
Lamentablemente, nuestra época es la era de los claroscuros. La noticia, que da pié a esta entrada, será devorada por la de una perra que ha dado a luz quince lindos perritos de diferentes colores; o por la del niño de cuatro años que recita de memoria la lista completa de todas las selecciones participantes en el Mundial de Fútbol, mientras que con pedorretas reproduce sus respectivos himnos nacionales.
Tristes tiempos nos aguardan cuando, bajo libertad vigilada, decir la verdad constituye un acto revolucionario.
Hace muchos años, en una civilización muy, muy lejana; cuando los seres humanos eran libres o tiranizados; de izquierdas o de derechas; libertarios o fascistas; troskistas o stalinistas. Un escritor comprometido dejó dicha una frase lapidaria:
"En una época de universal engaño, decir la verdad constituye un acto revolucionario."
Este ácrata de la palabra, este agitador revolucionario, este visionario; no era otro que George Orwell ―algún día, con más tiempo, tenemos que hablar largo y tendido del bueno de George―.
Hoy, el periódico izquierdista inglés The Independent ha publicado la noticia de que un peligroso terrorista se paseaba por las calles londinenses con un cartel en el que estaba escrita esta concisa frase; criticando la política "Gran Hermano" de Tony Blair.
La policía, estos eficientes perros guardianes de nuestro jardín público, lo ha arrestado en base a la nueva Ley sobre el Crimen Grave y Organizado. Según su prodigioso articulado nadie puede, entre otras cosas, protestar a menos de un kilómetro de la Plaza del Parlamento; si antes no ha recibido permiso, por escrito, de la Policía Metropolitana.
Así pues, Steve Jago ha violado la ley al mostrar su pancarta. Y, como no podía ser de otra forma, ha sido arrestado.
Hay que joderse. En nuestro oasis occidental se nos ha colado el Diablo. No, no ha tomado la forma del Leviatán. Ojalá fuera así, a nadie le sorprendería y sería por todos reconocido.
Satán, nuestro moderno Satanás, no es una bestia marina. Es un hombre con americana y corbata, un prócer de la Patria, alguien a quien se ha elegido para que nos gobierne; para que, en nombre nuestro, nos administre nuestra libertad. Administrar la liberad, menudo antagonismo.
Si nuestra época fuera, como antaño, la era de las luces; todos tendríamos claro si salíamos a la calle para portar más pancartas, o salíamos a la calle para aporrear a los pancarteros. Nadie tendría dudas sobre cual es su lado en la barricada.
Lamentablemente, nuestra época es la era de los claroscuros. La noticia, que da pié a esta entrada, será devorada por la de una perra que ha dado a luz quince lindos perritos de diferentes colores; o por la del niño de cuatro años que recita de memoria la lista completa de todas las selecciones participantes en el Mundial de Fútbol, mientras que con pedorretas reproduce sus respectivos himnos nacionales.
Tristes tiempos nos aguardan cuando, bajo libertad vigilada, decir la verdad constituye un acto revolucionario.

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