La primera vez, tenía ella sólo tres años, que llevé a mi hija al circo (sabedor que el tiempo pasa, pude verme en su cara a mí, con varios años menos.
― ¿Quieres decir?
― Joder si quiero decir, no tengo la más mínima duda.
Aunque nos parezca que seguimos siendo los mismos soñadores de hace, en el mejor de los casos, veinte o treinta años; la verdad es que la prueba del espejo no engaña.
¿Qué es la prueba del espejo?, se puede preguntar alguien. Es ese día en que no sólo nos vemos reflejados en el espejo por la mañana, sino que llegamos a mirarnos; sí, ese día en que nos atrevemos a no vernos de soslayo y nos encaramos, con un enorme valor, a esa absurda cara que lleva tantos años escrutándonos con total impunidad.
Parece una tarea fácil, pueden decir los más jóvenes. Pero no, no es cierto. El rostro, que invertido te observa, es siempre el rostro de alguien que ha renunciado a demasiadas cosas en la vida.
― ¡Conozco a gente que tiene todo lo que siempre ha deseado, que en absoluto ha tenido que renunciar a nada!
― Pues felices ellos por no haber tenido, todavía, que renunciar a nada, ni a nadie. Y feliz tú por conocerlos. Yo no conozco a nadie.
La renuncia, en singular o en plural, sólo es cuestión de tiempo. Conocí a una persona que afirmaba, normalmente en estado sobrio, que la vida es aquello que nos queda una vez que se ha renunciado a todo. Que no somos lo que queremos ser, sino que somos aquello que no hemos perdido, que nuestras vidas son retazos. Que terminamos formados por los retales nacidos de las tijeras de un sastre infame.
Y una vez deconstruidos, como las tortillas del gran Adrià, nos convencemos que somos felices, que el rictus es contenido, que al igual que en la Mona Lisa nos hace interesantes) me preguntó, después de secarse las lágrimas, quién era esa persona con la cara pintada que aullaba constantemente y siempre se reía. Yo le respondí que aquella persona era un payaso, y que los payasos nunca estaban tristes.
Hoy mi hija es mayor y no me preguntaría tal cosa. Ya conoce la respuesta. Y sabe, también, que a los niños siempre les engañamos.

Pere, he badat un ratet pel teu blog i m'he quedat sorprés, Manresa encara es pot salvar. M'alegra saber que la generació beat no va passar desapercevuda i que hi ha un interés per les coses que valen la pena: beguda, literatura, poesia i dones... Salut company. El meu blog: www.manres.blogspot.com
ResponderEliminarsi pots fes-hi una visita.
Hola anònim manresà.
ResponderEliminarL’he visitat de cap a peus, el teu espai, i m’ha agradat: el més que merescut recordatori que li fas a l’Albà i un parell de reconets manresans que recomanes. El cas de la Tanja es mereix un estudi més dedicat.
En quan a salvar Manresa, que vols que et digui, jo abans salvaria a les balenes blaves o al calotriton arnoldo, també conegut com a Tritó del Montseny. Ho trobo una tasca molt més lloable.
Salut.
que blog tão puedre
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