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| Joseph Roth (1894 - 1939) |
Llega la hora de una nueva incorporación a la lista de los diez malditos, sólo faltarán cuatro, y dudo. Dudo entre dos escritores. ¡Puedes poner los dos! ―puede pensar alguien― primero uno y después el otro.
No, no puedo poner los dos. Será uno o el otro. ¿Qué me hace dudar en la elección? No os lo sabría decir. La verdad es que creo que ni yo mismo sé el motivo, pero son excluyentes.
Uno de ellos tuvo una vida terrible, hijo de la Europa Central de finales del siglo XIX, vivió todos lo dramas que en ella se gestaron. Nunca se reconoció su valía en vida y ahora le pasa más o menos lo mismo. Ciertamente, no tuvo una vida fácil, tampoco fue fácil su muerte, y eso se reflejó en su obra.
El otro también nació en la Europa Central a finales del siglo XIX, de hecho un poco antes, y tuvo seguidores y reconocimientos. Sus obras marcaron a más de una generación; anunció nuevas vanguardias y a su muerte su figura se transformó en un icono occidental. Se le podría definir como al gran místico.
Los dos murieron lejos de sus países de nacimiento; uno de ellos demasiado joven y casi forzado u obligado a morirse, el otro por ley de vida y después de haber ganado el Nobel.
Y una vez presentados ―seguro que más de uno de vosotros sería capaz de ponerles ya nombre― sigo dudando en la elección.
Los dos merecen ser sacados del olvido mediático. Los dos se merecen un pequeño homenaje. Y es esta duda, que me atormenta, la que me acerca a ambos.
- ¡Elige, cara o cruz!
- ¿Tengo que elegir yo?
- ¡Mujer! te lo agradecería, sólo estamos nosotros.
- Vale, elijo cruz.
- Pues a ver que sale
- ¡Espera, espera! ¿Quién tiene cara y quién cruz?
- Ha salido cara.
- ¿Y eso que significa? ¿Hablarás de Hermann Hesse?
- No, no hablaré de él.
- ¡Eres un tramposo!
- En absoluto, no puedo ser un tramposo, si soy yo quien pone las normas. Es imposible hacerse trampas a uno mismo, o casi imposible.
- ¡Eres un puñetero tramposo!
- Sr. Puñetero si no te importa.
Dado que la diosa Fortuna ha decidido, no seré yo quien no le haga caso; así pues, os hablaré de Joseph Roth.
Hablar de Joseph Roth, significa hablar del final del Imperio Austro-Húngaro; hablar de la República de Weimar; hablar de la época de entreguerras; hablar de la decadencia de los Imperios Centrales y del alumbramiento del Tercer Reich. Hablar de todo ello y, evidentemente, hablar de literatura; hablar de un magnífico escritor.
VEREMOS...
No, no puedo poner los dos. Será uno o el otro. ¿Qué me hace dudar en la elección? No os lo sabría decir. La verdad es que creo que ni yo mismo sé el motivo, pero son excluyentes.
Uno de ellos tuvo una vida terrible, hijo de la Europa Central de finales del siglo XIX, vivió todos lo dramas que en ella se gestaron. Nunca se reconoció su valía en vida y ahora le pasa más o menos lo mismo. Ciertamente, no tuvo una vida fácil, tampoco fue fácil su muerte, y eso se reflejó en su obra.
El otro también nació en la Europa Central a finales del siglo XIX, de hecho un poco antes, y tuvo seguidores y reconocimientos. Sus obras marcaron a más de una generación; anunció nuevas vanguardias y a su muerte su figura se transformó en un icono occidental. Se le podría definir como al gran místico.
Los dos murieron lejos de sus países de nacimiento; uno de ellos demasiado joven y casi forzado u obligado a morirse, el otro por ley de vida y después de haber ganado el Nobel.
Y una vez presentados ―seguro que más de uno de vosotros sería capaz de ponerles ya nombre― sigo dudando en la elección.
Los dos merecen ser sacados del olvido mediático. Los dos se merecen un pequeño homenaje. Y es esta duda, que me atormenta, la que me acerca a ambos.
- ¡Elige, cara o cruz!
- ¿Tengo que elegir yo?
- ¡Mujer! te lo agradecería, sólo estamos nosotros.
- Vale, elijo cruz.
- Pues a ver que sale
- ¡Espera, espera! ¿Quién tiene cara y quién cruz?
- Ha salido cara.
- ¿Y eso que significa? ¿Hablarás de Hermann Hesse?
- No, no hablaré de él.
- ¡Eres un tramposo!
- En absoluto, no puedo ser un tramposo, si soy yo quien pone las normas. Es imposible hacerse trampas a uno mismo, o casi imposible.
- ¡Eres un puñetero tramposo!
- Sr. Puñetero si no te importa.
Dado que la diosa Fortuna ha decidido, no seré yo quien no le haga caso; así pues, os hablaré de Joseph Roth.
Hablar de Joseph Roth, significa hablar del final del Imperio Austro-Húngaro; hablar de la República de Weimar; hablar de la época de entreguerras; hablar de la decadencia de los Imperios Centrales y del alumbramiento del Tercer Reich. Hablar de todo ello y, evidentemente, hablar de literatura; hablar de un magnífico escritor.
VEREMOS...

Espero no hayas olvidado a Rimbaud :)
ResponderEliminar¿Olvidar a Rimbaud?
ResponderEliminar"Antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín en el que todos los corazones se abrían, en el que todos los vinos se escanciaban.
Una tarde, me senté a la Belleza en las rodillas. - Y la encontré amarga. - Y la cubrí de insultos.
Me armé contra la justicia."
¡Imposible!
Otra cosa es que tenga sitio en una de la cuatro plazas que quedan.
Doime por pagado por el billete que sobre mi maestro a seguir, usted me ha dejado. Gracias, muchas gracias.
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