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| Donatien-Alphonse-François (1740-1814) |
En esta pequeña relación de Escritores malditos, no podía faltar. Seguro que la mayoría de vosotros habéis oído hablar de él ―quizá tendría que decir hablar mal de él― e incluso habéis utilizado alguna vez los adjetivos derivados de su nombre; esos adjetivos que determinan no sólo al nombre o al pronombre que acompañan sino también a la persona que los utiliza.
No, no me va a ser fácil hablaros de este autor. Pero bueno, si sólo me gustara hacer las cosas fáciles, no habría empezado este blog.
No me va a resultar ni fácil ni agradable esta entrada. Tampoco creo que a muchos de vosotros os apetezca descender a las partes más oscuras del alma humana. A esos apartados centros de placer que sólo en sueños ―o pesadillas― nos es permitido introducirnos.
¿Es correcta su inclusión en la lista de Escritores malditos? ¿No tendría que estar en el apartado del Averno de los gansos?, quizá estaría en este último, si este no estuviera durmiendo el Sueño de los justos.
Sí, es él. Lo habéis acertado. No podía ser otro.
Esperad a la noche para leer esta entrada, en la soledad de vuestras habitaciones, cuando vuestras parejas estén descansando; apagad la luz, dejad que sólo la luna y las estrellas iluminen vuestra estancia, no fuera el caso que una inoportuna claridad perturbara vuestra penumbra; y así, en la confusión y en el silencio de vuestras habitaciones, abrid vuestras mentes al placer, dejaros llevar por el personaje más vilipendiado y desconocido de las letras universales.
“Respetemos eternamente el vicio y no combatamos sino la virtud”
Donatien-Alphonse-François vino al mundo un lejano 2 de junio de 1740 en París, y con este nombre decidió su familia, su noble y antigua familia de origen provenzal, que fuera conocido. No fue hasta mucho tiempo después que la historia ―de la mano de Rubén Darío― pensó que seria mejor que pasase a la posteridad como El Divino Marqués.
Lo que no aprendió de su padre, padre noble y, digamos, de vida disipada, se lo enseñaron en el monasterio benedictino de Saint-Léger d’Ebreuil, donde pasó su primera infancia. Cuando cumplió los 10 años ingresó en el Colegio Jesuita d’Harcourt en París, donde permaneció durante cuatro años.
Durante los primeros años de su vida tuvo de tutor a un tío suyo, para más señas clérigo libertino. En el castillo de su tío, en Saumane, nuestro pequeño héroe aprendió de él filosofía e historia.
Lamentablemente, ya os he contado antes que su tío era un libertino, así pues, también le enseñó al pequeño Donatien todos los placeres que la Francia del siglo XVIII reservaba para los de su clase. Es decir, le dejó participar en todas y cada una de las múltiples orgías que en su castillo, nuestro buen clérigo, realizaba.
La familia de Donatien es noble, pero también es pobre. Evidentemente este concepto de pobreza no tiene ninguna relación con la pobreza generalizada en que vivía Francia bajo el reinado de Luis XV, bisnieto del Rey Sol. No, no es que Donatien pasase necesidades, simplemente es que las propiedades y los rendimientos que estas proporcionaban no eran las esperadas, y con paso del tiempo iban, irremediablemente, menguando.
Al ser pues, Donatien, un noble pobre, tiene que entrar en el ejército. Era o esto o la iglesia, y en la familia las plazas militares estaban más libres que las religiosas.
Ingresa en la escuela de Caballería de la Guardia Real. Lucha en la guerra de los Siete Años y con el grado de capitán abandona el ejército. Tras su vuelta a la vida civil, su familia le prepara una boda de conveniencias con la heredera de una familia nueva rica parisina, Renée Pélagie Cordier de Launay de Montriel.
De esta boda sacó, Donatien, una mujer bella ―pero beata y fría, como no se cansaba de repetir a sus amistades― y joven; dinero para poder mantener una vida de lujos y excentricidades; y finalmente, al enemigo más terrible con quien se tuvo que enfrentar durante el resto de su vida, su suegra.
Sólo pasan cuatro meses de su boda cuando, Donatien, se da a conocer de forma oficial al mundo. Es acusado de cometer delitos sexuales, blasfemia y profanación de la imagen de Cristo. Unas prostitutas le denuncian y es encerrado en la prisión de Vincennes. Según la denuncia, les obligaba a mantener sexo anal y escatológico; todo ello frente a crucifijos invertidos sobre los cuales se orinaba.
Es la primera vez que nuestro héroe conoce por dentro los muros de una prisión y la estrechez de una celda. Afortunadamente, para Donatien, su familia es noble y tiene influencias. Consigue salir de la prisión y se le condena a ser desterrado a las propiedades familiares de Provenza.
De regreso a París se sumerge en una vida frívola y lujuriosa. Su primer paso por prisión, y posterior destierro, no hace sino potenciar su libido, sus deseos de la búsqueda del placer, del placer total y absoluto.
Sus visitas a los prostíbulos parisinos son constantes, y su lista de amantes incontable. En su insaciable carrera no se detiene a distinguir entre nobles o plebeyas, actrices o cantantes, beatas o religiosas.
El año 1765 se traslada con su última amante al castillo familiar de La Coste, donde se dedica a celebrar representaciones teatrales y mantener relaciones sexuales con personas de todo tipo, condición y sexo.
Se suceden los escándalos en la vida del marqués. El castillo de Arcueil, de hecho las fiestas orgiásticas que en este hacía, pasa a formar parte de la tradición libertina francesa más sofisticada. Todo París habla de estas celebraciones. No, no es que el resto de la alta sociedad francesa, o su clero, no cometieran excesos, es que los excesos de Donatien eran más públicos.
Sus excesos llegarán a tal punto de sofisticación, y publicidad, que ni siquiera su origen noble le podía ya proteger. Y por si esto fuera poco, se tuvo que enfrentar a los escándalos de Rose Keller y de Marsella.
Rose era una mendiga de la ciudad que Donatien contrató como sirvienta y con la cual mantuvo diversas prácticas sexuales. Prácticas, digamos, no tradicionales. Una vez curada de las heridas que las fustas del marqués le habían causado, Rose recibió una importante cantidad de dinero y se fue. Cuando esto se supo en la ciudad, Rose ―para mantener su honra intacta― acusó al marqués de violación.
A ello se unió, el año 1772, la denuncia que presentaron contra él una serie de prostitutas marsellesas, con las cuales Donatien había celebrado una de sus fiestas. Durante esta fiesta utilizó con ellas, entre otras muchas cosas, un potente afrodisíaco, afrodisíaco que había puesto de moda quien la historia conoce como Cardenal Richelieu ―no hi ha un pam de net―, que les hizo pensar a las prostitutas que las había querido envenenar. La justicia actúa y Donatien y su lacayo Latour ―lacayo personal, compañero de correrías y amante― son condenados a muerte. La condena lleva como añadidura, por delito de sodomía, que sus cuerpos sean quemados y sus cenizas esparcidas al viento.
Nuestros valientes logran huir a Génova antes que se aplique la condena. En su huida, nuestro siempre necesitado Donatien, se hace acompañar por su cuñada; cuñada, amante y verdadero amor de su vida Mlle. Anne-Prospère de Launay. Por cierto, además de cuñada Anne-Prospère era también abadesa de un convento. Con ello consiguió Donatien que el odio que por él sentía su suegra, y madre de Anne-Prospère, aumentara hasta cuotas inimaginables.
Su influyente suegra presiona al rey de Cerdeña que detiene a los amantes y los encierra en la fortaleza de Miolans. Se logra evadir y acompañado por su siempre fiel lacayo vaga por Francia e Italia utilizando el nombre de conde de Maza. Finalmente se refugia en sus tierras familiares de la Provenza.
Los escándalos se siguen sucediendo y así llegamos al año 1777. Entonces es el propio rey de Francia, Luis XVI, quien decide tomar cartas en el asunto; y olvidándose que se trata de un noble de sangre, ordena personalmente su detención y encarcelamiento.
Detrás de la voluntad del rey podemos encontrar otra vez la larga mano de la suegra de Donatien, la cual consigue que se promulgue contra él una Lettre de cachet; según la cual, una persona podía ser encarcelada de por vida sin ningún tipo de juicio previo.
Donatien consigue volver a escaparse, y como en otras ocasiones busca refugio en su castillo de La Coste. Esta vez, pero, el castillo es sitiado por las tropas del rey. Donatien es detenido y encarcelado de nuevo, y esta vez sus probadas dotes escapistas no le van a evitar permanecer encerrado doce largos años; primero en su conocida prisión de Vicennes y después, desde el año 1784, en la prisión de la Bastilla.
Doce largos e interminables años que le van a conceder la oportunidad de empezar a escribir. A escribir esos libros que han hecho de él la personalidad más conflictiva de la historia de la literatura universal.
“La idea de Dios es el único error por el cual no puedo perdonar a la humanidad”
El 14 de julio de 1789 París hierve. Seguramente ninguno de sus habitantes era entonces consciente de ello, pero estaban participando en una de esas jornadas que terminan cambiando la historia de la humanidad.
El pueblo soberano decide tomar la Bastilla, prisión que representaba la represión de la monarquía borbónica. Con ello no sólo empieza un asalto a una torre, empieza también la Revolución Francesa.
La historia es caprichosa, voluble, ligera, mobile cual mujer ―dirían los compositores― y nuestro buen Donatien es una prueba de ello.
Cuando en este 14 de julio las masas parisinas cercan la Bastilla y piden entrar, una comisión de ellos, para hablar con el Alcaide; Donatien está encerrado en ella.
Donatien que odiaba profundamente al Alcaide de la Bastilla se asoma a la ventana de su celda y empieza a gritar a la multitud que han asesinado a sus emisarios. La gente enfurecida asalta la Bastilla.
Ya veis, gracias a nuestro bueno de Donatien, se originó el asalto a la Bastilla. Gracias a este pobre loco y maldito dio comienzo la época moderna. No voy a ser tan ingenuo como para pensar que de no ser por esta casualidad, la Revolución Francesa no se hubiera iniciado en otro día, en otra fecha, en otra oportunidad. Pero lo que es, es y lo demás un brindis al sol.
Francia se sumerge en una época convulsa. De la Monarquía Borbónica a la Asamblea, de esta al Terror y de él al Directorio, para terminar finalmente en Napoleón. Años que escriben sus actos en sangre. Ilusiones superadas por radicalismos y muertes.
Así son siempre los nacimientos, esperanzas e ilusiones que brotan gracias a los dolores más desgarradores y sangrantes; y no debemos olvidar que estamos ante el alumbramiento, ya os lo he dicho antes, de la época moderna.
“En el amor, todas las cumbres son borrascosas”
Después de su alocada aparición por la ventana, Donatien es mandado por las autoridades al psiquiátrico de Charenton-Saint-Maurice. Ya os he dicho que estuvo preso doce años y el plazo todavía está por cumplir.
Nuestro loco divino ha escrito ya su primer libro, Justine o el infortunio de la virtud y ha escrito también la que él mismo consideraba su obra fundamental, Los ciento veinte días de Sodoma.
Estos cuatro meses en Sodoma fueron escritos en el año 1785, en sólo 37 días; en un rollo de papel de once centímetros de anchura por doce metros de largo. El manuscrito original se perdió durante el traslado de la Bastilla a Charenton; y no fue hasta el año 1904, en que salió a la luz pública en una edición limitada a 180 obras, y en Alemania.
Se volvió a publicar el año 1931, esta vez en Francia. Pero no fue hasta el año 1953, en que se publicó íntegramente y sin censurar.
En el libro, Donatien, relata como cuatro libertinos se reúnen durante ciento veinte días para ocuparlos en inimaginables excesos sexuales; redactando para ello un código de conducta específico, unas normas a seguir por cada uno de los integrantes, voluntarios o forzados, de este festín de la carne. De una forma detallada, pormenorizada, nos sumerge en un universo de placer. De placer desenfrenado, sin límite alguno. El sexo, el dolor, el goce y la humillación dan cuerpo a la novela más transgresora de la historia.
Gracias a la Revolución y a su Asamblea Constituyente, en abril de 1790, es puesto en libertad. Se separa de su esposa, recluida en un convento y que se niega a volverlo a ver, y se junta con la actriz Marie-Constance Quesnet.
Durante el período revolucionario participa activamente a favor del nuevo orden, pero su condición de antiguo aristócrata le hace sospechoso durante la época del Terror y lo vuelven a encerrar en Madelonnettes el año 1793.
Le espera la guillotina, pero gracias a la confusión reinante lo buscan por todas las prisiones excepto en la que se encuentra. Gracias a ello consigue ganar el tiempo suficiente para que se pruebe su condición de buen ciudadano y es puesto en libertad. Está arruinado y no le quedan ya sus propiedades de La Coste.
El año 1791 se había publicado su primera obra, Justine. En el año 1797 sale a la luz su continuación La nueva Justine seguida de la historia de Juliette, su hermana. El año 1801 reniega de ellas pero el escándalo es imparable.
Donatien se justifica: “Necesitaba dinero. Mi editor me la pedía bien picante y se la he hecho capaz de infestar al mismo diablo”
En estas dos obras manifiesta, negro sobre blanco, que la libertad absoluta está en la búsqueda del placer; y sólo en su consecución, al precio que sea, se puede encontrar la felicidad. Reniega de los dogmas establecidos por el cristianismo reinante y su absurda ensalzación de los paraísos celestiales. El verdadero paraíso se debe buscar en este mundo y sólo se consigue mediante la más absoluta entrega al deseo, al placer, al sexo; en todas sus formas y maneras.
Las obras nos relatan, de forma descarnada y ¿abominable? la vida de dos hermanas que se encuentran en la calle, debido a la ruina económica de su padre y a la muerte de su madre.
Ante estos acontecimientos, las dos hermanas toman caminos muy diferentes. Mientras que Justine, de doce años, encarna todas las virtudes que debe de tener una jovencita; Juliette, se toma la ruina del padre y la muerte de la madre como un regalo que le ofrece la vida y gracias a ello goza de su libertad.
Mientras que una se aprovecha de las circunstancias nefastas y es feliz; la otra, Justine, se obstina en ser virtuosa y todas sus virtudes son violadas. Se entrega a quienes abusan de ella y se empecina en mantenerse pura, siendo por ello que sufre todos los males.
Aunque la fama de Donatien descansa en las obras antes citadas, no fueron estas las únicas que vieron la luz gracias a su pluma. Donatien nos dejó también libros como un inicial Diálogo entre un sacerdote y un moribundo, en el cual muestra por boca de un moribundo los argumentos que rigen el más puro ateismo materialista, arremetiendo contra la religión católica como instrumento al servicio de la clase noble.
En el año 1795 escribe también La filosofía en el tocador. En este libro una joven llamada Eugenia, de 15 años, es pervertida sistemáticamente por tres preceptores.
En esta obra insiste en el tema de que el vicio es superior a la virtud porque está sustentado por el placer físico. Si la naturaleza infringe tormentos y males a todas las especies vivas, mostrando su tendencia a la destrucción y al mal. Este mal, presente también en el hombre, es el que rige su conducta y contra la que no se puede luchar. El ser humano, como el resto de la vida, está irremediablemente encaminado a la destrucción. No podemos luchar contra ello.
En la entrada del libro, Donatien, propone que toda madre debe prescribir a su joven hija la lectura de este libro. Yo, hombre decente y cabal, no me atrevo a decir tanto.
Donatien, un superviviente, consigue resistir a la Monarquía, a la Asamblea y al Terror; hasta encontrarse de frente con Napoleón.
En el año 1801 aparece en las calles de París un panfleto llamado Zoloé. En este se critica a Bonaparte y más concretamente a su mujer Josefina. No se puede probar que el autor del escrito sea Donatien, pero todo apunta a ello. Así pues, se le condena por sus dos obras sobre Justine.
Va de una prisión a otra y finalmente termina, de nuevo, en el psiquiátrico de Charenton. Allí se dedica a escribir novelas históricas y su obra perdida Jornadas de Florbelle. También recupera su antigua pasión por el teatro y con el resto de enfermos del psiquiátrico representa obras teatrales.
Es esta última afición suya la que molesta al director del centro, el cual solicita que le sea prohibida esta actividad. En octubre de 1801 y mediante la firma del Ministro de la Policía Montalviet se le condena:
“… Considerando que el Señor de Donatien está poseído por las más peligrosas de las locuras; que sus escritos no son menos insensatos que sus palabras y su conducta personal; … decreta lo siguiente: El Señor de Donatien será alojado en un local completamente aislado, de modo que toda comunicación, con el interior o con el exterior, le sea prohibida, aun contra cualquier pretexto que invocase. Se tendrá especial cuidado de prohibirle todo uso de lápices, tinta, pluma y papel…”
Donatien murió el 2 de diciembre de 1814. En su testamento pidió:
“… Que la fosa sea sembrada de bellotas, para que se confundan mi sepulcro y el bosque. Así, desaparecerán de la superficie de la tierra los rastros de mi tumba, como me precio que mi memoria se borrará del espíritu de los hombres; excepto, pese a todo, del pequeño número de los que han querido amarme hasta el último momento y de quienes llevaré un dulce recuerdo a la tumba”
Nunca se llegó a cumplir su última voluntad. Al morir sus restos terminaron descansando en una anónima fosa común.
“Si no viví más, fue por que no me dio tiempo”
¿Qué nos queda de la obra de este loco divino? Evidentemente, lo más fácil sería negar su influencia en la cultura actual. Desterrar su obra y sus pensamientos a los páramos del olvido. Que nada ni nadie se declarara admirador o seguidor de sus pasos. ¿Es esto así? La verdad es que no.
Son muchos los artistas y las corrientes culturales o filosóficas que han bebido de Donatien. Casos como:
Georges Bataille (1897-1962) escritor francés que sostiene que el ser humano vive atormentado por la naturaleza. Este arraigo a la naturaleza se muestra en dos tótemes vigentes en el ser humano: la muerte y la sexualidad. Estos se convierten en tabúes a lo largo de las diversas épocas del hombre.
Lo que antaño se liberaba mediante orgías, bacanales o sacrificios rituales; actualmente, gracias al catolicismo, son prácticas prohibidas y sólo realizadas en la intimidad.
André Breton (1896-1966) poeta francés líder del movimiento surrealista, el cual ve en Donatien al primer y gran maestro de esta corriente artística, la cual durante el siglo XX nos dio tantos y tan variados artistas. A Breton y a los surrealistas tendríamos que añadir también a sus iniciadores; a los dadaístas con Man Ray (1890-1976) a la cabeza.
Pier Paolo Pasolini (1922-1975) figura máxima del cine neorrealista italiano. El cual rinde culto en su última película Salò o los ciento veinte días de Sodoma a nuestro genial Marqués.
A todos ellos, y a muchos que me dejo por decir, tendríamos que añadir las referencias directas que la vida y la obra de Donatien han motivado. Así tenemos a gente que dijo de él:
Octavio Paz (1914-1998) poeta mexicano: “Donatien proclama una suerte de declaración de derechos de las pasiones”
Roland Barthes (1915-1980) semiólogo francés: “La grandeza de Donatien está en haber inventado un discurso inmenso, fundado sobre sus propias repeticiones (y no sobre las de los otros)”
Michel Foucault (1926-1984) filósofo francés dice que las dos obras de Justine son: “Como el nacimiento de la cultura moderna y ocupan la misma posición que Don Quijote entre el renacimiento y el clasicismo"
Palabras y más palabras. ¿Palabras necesarias para justificar una vida o para justificar esta entrada?
Evidentemente, no para justificar una vida. Una vida, sea de quien sea, se justifica por ella misma; se justifica por sus actos. Y no es a mí a quien corresponde justificar ni los actos ni la vida de Donatien. Ni siquiera justificar su obra.
Tampoco son palabras para justificar esta entrada. No es necesario, en absoluto, justificar su publicación. ¿Qué no tenía cabida Donatien entre los escritores malditos? Pues si él, el maldito entre los malditos, no tenía cabida en ellos ya me diréis quien tendría cabida.
Donatien ha estado prohibido y perseguido. Su obra ha sido escondida y hostigada. Su pensamiento vilipendiado y desacreditado. ¿Sólo por el contenido sexual de su obra?
No, no seamos ingenuos. Donatien no era un simple pornógrafo, que lo era. Donatien desnudó y dejo en cueros ―o en pelotas, que a estas alturas no debemos de ser pedantes― a su sociedad; y también a nuestra sociedad. A toda una clase social que desde su cumbre se permitía, y permite, celebrar todos los actos que Donatien contaba.
Donatien desprecia la doble moral, esa moralina que se escandaliza cuando el escándalo es público y que lo disfruta en la privacidad de sus aposentos.
No critiquemos a Donatien, critiquemos a la sociedad que crea los espacios y las personas que Donatien nos muestra. O por decirlo de otra forma, cuando alguien nos señale algo con el dedo; miremos lo que nos señala, no nos quedemos embobados mirando la punta del dedo con el que señala.
No, no es tiempo de justificaciones. Que cada cual, en el uso de su libre albedrío, lea o no a Donatien. Que cada cual, en el uso de su potestad, siga los caminos siempre dificultosos de la búsqueda del placer. Por lo que a mí respecta, me podréis encontrar siempre, medio desorientado, refugiado en las vaguadas que anuncian la pronta subida a los frondosos montes venusianos.
Por cierto, aquel a quien su familia llamó Donatien-Alphonse-François; y Rubén Darío bautizó como El Divino Marqués; responde también, ante la historia, al nombre de Marqués de Sade.

Muy buen post..
ResponderEliminarMuy completo, un placer leerte!
Un beso :)
Pd. no puedo ver tu blog correctamente , no se que se puede deber..pero me sale toda la página montada :s
buscando obra de el Divino Marques en internet, me encontre con tu blog.
ResponderEliminarno sabia la anecdota de la bastilla, es realmente cierta?
molaria que asi fuera.
un saludo.
“Respetemos eternamente el vicio y no combatamos sino la virtud”
¿Realmente importa que la historia sea cierta? Ay, querida Justine ¿Merece la pena querer conocer siempre la verdad?
ResponderEliminarVeamos, el 2 de julio de de 1789 Sade se encontraba preso en la Bastilla. Desde su celda, gritó a la muchedumbre que estaban matando a los presos. Al escuchar sus palabras se originaron una serie de disturbios.
El 4 de julio Sade fue sacado de la Bastilla y encerrado en un asilo cercano a la capital.
El 14 de julio el pueblo soberano tomó la Bastilla.
Esta es la Historia cierta de lo que ocurrió en esos días, lo que conté en su día en la entrada era, sólo, una cierta historia.
Saludos.