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| "Mañana cuando muera no me vengáis a llorar, no estaré bajo tierra... ¡Soy viento en libertad!" |
Hoy 9 de octubre se cumplen 38 años de la muerte de Ernesto Rafael Guevara de la Serna. Para todos aquellos que en algún momento de nuestras vidas hemos leído a Karl Marx y nos hemos acercado, veleidades de juventud dirían algunos, a las teorías de la internacionalización del marxismo, hoy es un día especial.
Para algunos, Che Guevara, se ha terminado convirtiendo en uno de los iconos Pop del siglo XX; al igual que Marilyn Monroe, John Lennon, James Dean, o la lata de sopa Campbell obra de Andy Warhol. Para otros, comunistas de antaño que ahora viven en los complacientes pesebres de la más rancia derecha, es el Rambo de izquierdas. Hay otros que ven en él al Cristo de los marxistas. Quizá es por ello que en Bolivia, lugar donde cayó muerto, veneran su santuario como San Ernesto de La Higuera.
Para mí, el Che, es lo único que me queda de mi pasado de izquierdas. Después de haber renunciado y renegado, como San Pedro por tres veces antes del canto del gallo, de mi pasado y de mis ingenuidades; me quedan sólo sus palabras.
Yo, revolucionario de salón, me enfrento a mis demonios personales como quien lucha contra molinos de viento; lucho contra el sistema establecido, negociando con el banco el mejor tipo de interés para mi hipoteca; pienso, ahora, lo que nunca habría pensado de joven, que todos los partidos son iguales, que han desaparecido las ideologías, que las injusticias sociales son inevitables. Sufro cuando veo, sentado cómodo en mi salón, cómo los negros africanos saltan las vallas que protegen a la bella Europa. Negros que al igual que Zeus son tentados por la belleza de la hija de Agenor; pero que a diferencia del dios griego no consiguen que la esquiva Europa caiga prendada por su lomo castaño y se deje raptar, como nos enseña el gran Tiziano.
No mueren las ideas. ¿No mueren las ideas? Y es aquí cuando me siento cual Juana la Loca observando el cuerpo difunto de su Felipe el Hermoso y digo:
― Silencio, silencio. No despertéis a las ideas que no están muertas, sólo duermen, sólo están descansando.

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