El Haiku es un poema breve japonés que tradicionalmente suele estar formado de 17 sílabas, organizadas en tres versos de 5, 7 y 5 respectivamente. No obstante, esto es sólo indicativo. Lo importante de un Haiku no es su construcción interna, no tienen tampoco ni título ni rima.
En un Haiku se habla de lo que está ocurriendo en un instante único, en un determinado lugar. El Haiku clásico se inspiraba en la naturaleza y en como era esta percibida por los sentidos. Cada Haiku empieza y termina en si mismo, no tiene continuidad.
Aquí os dejo una pequeña selección de Haiku. Si os gustan no os olvidéis de visitar El rincón del Haiku, es un lugar excelente para iniciarse en este bello arte japonés.
En un Haiku se habla de lo que está ocurriendo en un instante único, en un determinado lugar. El Haiku clásico se inspiraba en la naturaleza y en como era esta percibida por los sentidos. Cada Haiku empieza y termina en si mismo, no tiene continuidad.
Aquí os dejo una pequeña selección de Haiku. Si os gustan no os olvidéis de visitar El rincón del Haiku, es un lugar excelente para iniciarse en este bello arte japonés.
Un viejo estanque;
se zambulle una rana,
ruido de agua.
A la intemperie,
se va infiltrando el viento
hasta mi alma.
Este camino
nadie ya lo recorre
salvo el crepúsculo.
Se va la primavera.
Lloran las aves, son lágrimas
los ojos de los peces.
Llora
la sombra sola de la anciana.
Compañera de la luna.
A una amapola
deja sus alas una mariposa
como recuerdo.
Pasajeros de las edades,
siendo también viajeros los años
que van y vienen.
¿Quieres ver la soledad?
sólo una hoja al árbol
le queda ya.
Habiendo enfermado en el camino
mis sueños merodean
por páramos yermos.

Blanco rocío.
Cada púa en la zarza
tiene una gota.
Acá y allá
escuchan la cascada
jóvenes hierbas.
Los días lentos
se apilan, evocando
un viejo antaño.
Sopla el poniente,
y al oriente se apilan
las hojas secas.
Cada mañana
¿dónde va pensativa
la primavera?
Te marchas tú;
verdes son los sauces,
largo el camino.
Un aguacero.
Se agarran a las yerbas
los gorriones.

Donde hay hombres,
habrá moscas, y habrá
Budas también.
En este mundo,
encima del infierno
viendo las flores.
Sólo rocío
es el mundo, rocío,
y sin embargo…
El rocío se va,
este mundo es rocío,
fresco y fugaz.
Amamantando al niño en la cama,
la madre cuenta
las mordeduras de las pulgas.
El ciruelo florece,
el ruiseñor canta;
pero yo estoy solo.
No tengo nada,
¡salvo esta quietud,
esta frescura!
Viento otoñal.
Y yo no tengo dioses
ni tengo Budas.
Yo que me voy,
y tú que te quedas,
son dos otoños.
Acá y allá
arrastrada del viento,
la mariposa.
Viento de primavera:
con todo mi coraje,
erguido en la colina.
Viento otoñal:
dentro del corazón,
montes y ríos.
Viento invernal:
me siento belicoso,
de pie en el cerro.
Senda del monte:
hay de pronto en invierno
sitios templados.
Está el Haiku
en el viento de otoño,
pero está en todo.

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