El 22 de setiembre de 1976 Jorge Luis Borges se entrevista con el dictador Augusto Pinochet. A la salida declara:
"Pinochet es una persona excelente. Su cordialidad, su bondad (...) estoy muy satisfecho (...) Aquí, también en mi patria, se están salvando la libertad y el orden"
Estas palabras de Borges tuvieron en su época una resonancia enorme en el terreno político y en el campo de la cultura. Prueba de ello son las reacciones de gente como:
José Saramago:
"Borges es el mejor escritor del siglo junto a Fernando Pessoa y Franz Kafka"
Emir Rodríguez Monegal (crítico uruguayano):
"A Neruda le perdonaron su abundante pasado estalinista; a Asturias, la servitud bajo los regímenes fuertes de Guatemala; a García Márquez, su servil fascinación por la dictadura de Fidel Castro. Borges en cambio, es imperdonable porque no juega al juego de la hipocresía y sólo quiere ser Borges"
Artur Lundkvist (poeta sueco, miembro del jurado del Premio Nobel en 1979):
"Soy y seré un tenaz opositor a la concesión del Nobel a Borges por su apoyo a la dictadura de Pinochet"
No, no voy a hablaros de Borges, al menos no hoy. Tampoco os hablaré de Pinochet, no me apetece en absoluto. Hablaremos de cultura y hablaremos de compromisos. Hablaremos del valor de las opiniones frente al valor de una obra literaria. ¿Es factible admirar una obra artística y odiar a su creador? ¿Nos pueden emocionar las palabras de un escritor y abominar de sus tendencias políticas o morales? ¿Tienen que ir de la mano, necesariamente, la creación literaria y el compromiso moral?
Algunos de vosotros reconoceréis alguna o todas las caras que aparecen en la imagen que inicia esta entrada. Otros no las reconoceréis, puede que a ninguna.
No os preocupéis. Pensad que esta es la cuarta entrada de escritores malditos, y si en alguna ocasión han existido escritores malditos, estos, no han sido nunca tan malditos como los tres de la imagen. Odiados entre los odiados. Olvidados entre los olvidados. Malditos entre los malditos.
“No pierdas la sonrisa ni siquiera cuando te vayan a ejecutar. La vida es una broma de mal gusto; en vez de centrarte en el mal gusto, céntrate en la broma. Si buscas justicia en vez de tranquilidad en este mundo democrático, suicídate. Para vivir hoy hay que saber reírse de la estúpida realidad”
Robert Brasillach
Robert Brasillach nació el año 1909 en Perpignan, en el seno de una familia acomodada de origen catalán. A los ocho años de edad su madre, viuda, se volvió a casar con un médico de prestigio y toda la familia partió para el pueblo de Sens, cerca de París.
De los tres malditos Brasillach es el menos capacitado para la creación literaria. Así pues, se dedica al periodismo.
En la Francia de los años 30 el fascismo tiene una creciente aceptación entre la clase burguesa −siempre temerosa de los efectos de la Revolución Bolchevique− y parte de los trabajadores −la crisis económica es muy importante y las salidas laborales pocas−. Como abanderado del fascismo francés está el periódico Action Française mantenido por Charles Maurras, monárquico ultracatólico. Y como editor del periódico encontramos a un joven Brasillach.
Con el tiempo Brasillach encabeza la nueva publicación fascista Je suis Partout donde se encuentra con, unos también jóvenes, Céline y la Rochelle. Los tres nacionalsocialistas, los tres antisemitas y los dos últimos veteranos héroes de la Gran Guerra.
Es en este periódico donde las teorías fascistas de los Camisas Negras italianos, los Falangistas españoles y la Guardia de Hierro rumana tienen su puerta de acceso a Francia. Con Brasillach al frente arrecian las proclamas anticomunistas, contra la iglesia católica, la masonería, los poderes económicos internacionales y los judíos.
Empieza la Segunda Guerra Mundial y Brasillach, fascista convencido, se alista en el ejército francés. Es hecho prisionero y encerrado en un campo de concentración. Liberado en el año 1941 vuelve a Francia donde retoma la dirección de Je suis Partout. Es entonces, durante la ocupación, que el periódico tiene sus mayores ventas.
Al entrar los aliados en París prohíben la publicación del periódico y encarcelan o ajustician a sus redactores. Brasillach intenta huir pero la Resistencia Francesa arresta a su madre y a su hermana. Brasillach se entrega y en enero de 1945 empieza su juicio.
Este consistió en presentar como pruebas en contra sus artículos en el periódico. La condena fue a muerte.
Durante la ocupación alemana, Francia perdió su alma. El gobierno de Vichy en la Francia supuestamente libre y el gobierno en el exilio con Charles de Gaulle a la cabeza, ejemplifican la realidad de un país partido en dos.
El llamado colaboracionismo se convierte en una forma de vida para muchos franceses. Es mejor continuar viviendo, aunque sea bajo dominación alemana, que morir. La vida no se detiene, ni durante las guerras, y de ello saben mucho los miles de franceses que bajo el yugo alemán tuvieron que continuar trabajando, comiendo, yendo a las escuelas, enfermando, amando y muriendo.
Por otro lado está la Resistencia. Gente que también bajo el yugo alemán deciden enfrentarse a él. Deciden matar y morir en nombre de la libertad de su país, en nombre de Francia. Al igual que los colaboracionistas, los resistentes tienen familias, tienen trabajos, comen, van a las escuelas, enferman, aman y mueren.
¿Qué principio moral separa a unos de los otros? No lo sé, he tenido la fortuna de no verme en tal situación y tener que escoger el bando.
Intelectuales franceses, tan poco sospechosos, como Jean Cocteau, Albert Camus, André Malrau o Paul Valéry pidieron por carta, a Charles de Gaulle, la no aplicación de la pena de muerte contra Brasillach. No tuvieron éxito.
Robert Brasillach fue fusilado el 6 de febrero de 1945, la orden directa provino de Charles de Gaulle. La sentencia de su juicio dejaba claro el motivo: colaboracionismo con los ocupantes alemanes.
¿En qué consistió el colaboracionismo? En sus escritos, en su palabra. Brasillach jamás delató a nadie; durante la guerra defendió a su país con las armas; durante la ocupación nunca utilizó otra cosa que su pluma. Su perversa pluma dirán algunos, pero su pluma al fin y al cabo.
¿Merece alguien la muerte por defender con la palabra unos principios o unas ideas? ¿Justifica su muerte el hecho que los principios y las ideas defendidas fueran las contrarias al bando vencedor? ¿Qué sutil línea separa a un traidor de un héroe?
Antes de morir Robert Brasillach escribió, entre otras obras:
- Presencia de Virgilio (1931)
- El proceso a Juana de Arco (1932)
- Poemas (1944)
- Carta a un soldado de la clase 60 (1946) publicación póstuma
- El París de Balzac (1984) publicación póstuma

“En este mundo vil, nada es gratuito. Todo se expía: el bien, como el mal, se paga tarde o temprano. El bien mucho más caro, lógicamente”
Louis-Ferdinand Céline
Nacido con el apellido de Destouches en el año 1894, hoy nadie lo conoce así. Hoy, Céline, está considerado el escritor francés más brillante del siglo XX.
Hay escritores de carrera prolífica, escriben infinidad de libros y alguno o algunos de ellos pasan a la historia, que dejan su impronta en la cultura de su país y con un poco de suerte en la cultura universal.
Hay otros escritores que no tienen necesidad de una larga carrera literaria, escriben un libro y es con este que su nombre pasa a la posteridad. Uno de estos es Céline. Con Viaje al fin de la noche (1932), Céline, jamás morirá del todo.
Céline era un escritor genial, el mejor de su generación. Llamado a ser un genio de las letras francesas, sólo tenía una tara, un defecto de principio, un pecado original. Era fascista, un fascista furibundo. Tan fascista furibundo como furibundo antisemita.
Céline se alista voluntario durante la Primera Guerra Mundial, para defender a Francia. Una vez terminada la guerra él y su cuerpo mutilado vuelven a casa. Empieza a estudiar medicina y una vez terminada la carrera se alista en la marina francesa. Durante 4 años trabaja en misiones de la entonces Sociedad de Naciones −actual Organización de Naciones Unidas− en Estados Unidos y África. El año 1928 visita la Unión Soviética para conocer de primera mano la realidad bolchevique. Regresa a Francia y trabaja como médico en una clínica suburbial de París donde sólo se visita gente pobre.
Con la publicación de Viaje al fin de la noche escribe con letras de oro su nombre en la literatura francesa. El país se conmociona con la novela, y no sólo la gente de la calle. El resto de escritores ven en la obra una nueva senda literaria en la que aventurarse y en Céline, su autor, un nuevo guía.
Bardamu, el protagonista del libro, es un reflejo de las experiencias del propio autor durante la Gran Guerra. Herido durante la batalla, el héroe literario se convierte en un personaje castigado y torturado por la vida. Se enamora de una prostituta con la que cualquier plan de futuro es inútil. Se va a trabajar a las colonias francesas de África donde la vida no es algo precisamente fácil, y ya de vuelta a Francia trabaja como médico en el campo. Todo ello queda claro en pasajes tan terribles como este:
“Los hombres se aferran a sus cochinos recuerdos, a todas sus desgracias, y no se les puede sacar de ahí. Con eso ocupan el alma. Se vengan de la injusticia de su presente revolviendo en su interior la mierda del porvenir”
En el año 1937 publica Bagatelles pour un massacre; posteriormente publica, en el año 1938, el libro L’École des cadavres; tres años después, en el 1941, sale a la luz Les Beaux Draps.
Estas tres obras encierran el pensamiento fascista de Céline. De forma sistemática retrata ante si mismo y ante el mundo su ideario, su fascinación por Hitler y el nacionalsocialismo.
Frases como:
“Francia es una colonia del poder internacional judío”
“Hitler no ha dicho nada contra los bretones o los flamencos. Nada de nada. Sólo se ha referido a los judíos, porque no le gustan los judíos. Tampoco a mí”
“Encuentro a Hitler y a Mussolini, admirablemente magnánimos, infinitamente más a mi gusto, destacados pacifistas, en una palabra, dignos de 250 premios Nobel”
“Quien ha hecho más a favor de los obreros no ha sido Stalin, ha sido Hitler”
encierran todo su pensamiento político y moral. A ellas añade, en la trilogía, críticas radicales a la clase burguesa. Culpa a esta clase aborregada de todos los males que afectan al país y a los trabajadores. Propone salarios únicos y medidas sociales compensatorias. Propone también nacionalizar una serie de servicios básicos como los bancos, las minas, los seguros, las grandes industrias, etc. El propio gobierno colaboracionista de Vichy decide prohibir los libros, teme la reacción de las masas.
Con la caída del gobierno de Vichy y la liberación de Francia, Céline huye a Alemania. De allá se desplaza hasta la neutral Dinamarca. En Francia se publica una lista de escritores que han colaborado con los alemanes, el nombre de Céline la encabeza.
Se le juzga y es acusado de traición a la patria. Es detenido en Dinamarca y encerrado en prisión. Devuelto a París le condenan a un año de prisión y sus libros son destruidos. Durante el encierro en Dinamarca ha perdido 40 kilos.
Al salir de prisión reemprende su carrera de médico y lo hace atendiendo de nuevo a los pobres. Odiado por la mayoría y defendido por muy pocos, en sus tarjetas de visita se hace poner: Louis-Ferdinand Céline – Ave del paraíso.
Céline murió recluido en su cárcel de Meudon el año 1961. Su trilogía maldita, rematada por Mea Culpa (1936) fue prohibida en Francia. Nunca se le perdonó ni su pasado ni su pensamiento político.
Cuando se hacen nuevas ediciones de sus obras, Viaje al fin de la noche en especial, las primeras páginas del libro están dedicadas a justificar su publicación y a justificar como un genio pudo llegar a abrazar el lado oscuro.
Céline nunca se preocupó de justificarse. ¿Debió hacerlo? ¿Sintió remordimiento o culpa por lo que dejó escrito? Quizá nos quede más claro con estas palabras suyas:
“Sufro mi destino. No sé de qué crímenes soy culpable. Pero esta incertidumbre puede durar −me temo− años”
Otras obras de Louis-Ferdinand Céline:
- De un castillo a otro (1957)
- Norte (1960)
- Rigodón (1969) publicación póstuma
- Cartas de la cárcel (2002) publicación póstuma

“Yo era débil, profundamente débil. Hijo de pequeños burgueses atemorizados, pusilánimes. En mi infancia soñaba con una vida sosegada, confiada. He tenido siempre miedo de todo”
Pierre Drieu la Rochelle
Este niño miedoso nació en el año 1893. Al igual que sus compañeros la Rochelle luchó en la Primer Guerra Mundial. Esa terrible guerra de desgaste en las trincheras. Esa guerra que dio inicio al siglo XX y consiguió cercenar de raíz toda una generación de europeos.
No sólo terminó con sus vidas, terminó también con sus ilusiones, con sus anhelos frente a la vida. Los largos años agazapados en las ciénagas atrincheradas fueron marcando a fuego sus mentes y sus almas.
La Rochelle volvió a casa con todo ello y con su cuerpo herido y lleno de medallas. Otro patriota francés, otro héroe condecorado, otro ángel caído.
Todo y ser profundamente fascista y unirse, al igual que otros intelectuales, a la Action Française de Charles Maurras, prefiere potenciar el contacto con intelectuales comunistas y surrealistas. Racista declarado, no le importa proteger a sus amigos judíos.
Empieza a publicar ensayos políticos y a hacerse un nombre dentro de la intelectualidad fascista europea. En el año 1933 visita Argentina donde da conferencias y conoce a Jorge Luis Borges −quien crea que la vida es una línea recta, se equivoca. La vida es circular, angulosa, casi hiperbólica ¿Cómo si no explicar que aparezca aquí Borges, cuando estamos llegando al final de la entrada, si lo habíamos dejado en el año 1976 hablando con Augusto Pinochet?−, un joven Borges del que la Rochelle destaca su talento.
Después de pasar un año en tierras argentinas la Rochelle vuelve a Francia. El país vive una etapa de terribles convulsiones políticas. El descrédito del gobierno y la clase política es enorme. Sólo hacia falta un último escándalo para que el sistema cayera.
La oportunidad vino con el supuesto suicidio del financiero judío Alexander Stavisky. Este, acusado de sobornar a políticos y funcionarios es encerrado en la cárcel, donde aparece muerto. El descrédito de los políticos es imparable y la Rochelle ve en ello la oportunidad de crear un movimiento nuevo y vigoroso. Se apropia de idearios socialistas y nacionalistas y publica Socialismo Fascista (1934).
Con el inicio de la ocupación alemana la contradicción de la Rochelle alcanza tintes casi sicóticos. Es antijudío pero protege a amigos judíos. Pretende publicar artículos que las fuerzas de ocupación prohíben por ser subversivos. Dando bandazos de un extremo a otro consigue despistar a amigos y a enemigos. Una frase suya nos puede aportar algo de luz a su personalidad:
“Se es humano en la medida en que le hacemos trampas a nuestros dogmas”
Y en la vida se pueden hacer trampas siempre y a todo el mundo, excepto a la muerte. Nuestro niño miedoso se intenta suicidar en dos ocasiones durante el año 1944. La guerra se tiñe de negro para los fascistas. Enfrentado a sus últimos días de vida, escribe que prefiere morir a manos de los comunistas antes que de los gaullistas. Renuncia a las limitaciones del fascismo al que sólo reconoce valor como camino para llegar al comunismo, al que él no puede llegar dada su naturaleza burguesa.
Es marzo de 1945 y la Rochelle consigue suicidarse, se entera que han dictado una orden de detención contra él. Antes deja escrito:
“Cuando uno inicia una aventura es necesario llegar hasta el final y sufrir todas sus consecuencias. No se es víctima cuando se es héroe”
Algunas obras de Pierre Drieu la Rochelle:
- El joven europeo (1927)
- Europa contra las patrias (1931)
- Diarios (19xx) obra incompleta
Tres escritores malditos, tres. ¿Podrían ser más? Evidentemente, sí. El camino de la traición, aunque tortuoso, es ancho, extremadamente ancho.
Todos y cada uno de los escritores que preceden estas palabras traicionaron a su país. Hay incluso quien diría que traicionaron a la humanidad. No seré yo quien ponga o quite etiquetas de traidores en grado sumo.
No lo haré, no por no tenerlo claro. Es que no me apetece hacerlo.
Traidores a la patria y a la humanidad, palabras pomposas y rimbombantes. Son acusaciones graves, ciertamente. Pero hay una cosa de la que no pueden ser acusados ninguno de los tres. Ninguno de ellos puede ser acusado de traicionarse a ellos mismos.
¿Cuál es la escala correcta de las traiciones y los traidores? ¿Es peor traicionar a un país o es peor traicionarse a uno mismo?
¿Se salva de la traición quien se traiciona a si mismo? ¡Cuanta gente ha sobrevivido después de traicionarse! ¿Han sido felices? ¿Se lo han tenido en cuenta?
¿Qué nos queda de Brasillach, de Céline y de la Rochelle? ¿Sus obras? ¿Sus ideas?
Hubo una época en que la belleza estaba unida a la verdad, a Dios. Lo bello era cierto y lo cierto era bello. Por antagonismo, entonces, la fealdad era falsedad y marca del Diablo. Lo feo era falso y lo falso era feo. Con el tiempo han aparecido las sutilezas, los claroscuros. La vida, que entonces era tan fácil, se nos ha complicado.
La vida se nos ha hecho difícil. Pero, ¿quién coño quiere vivir una vida fácil?
"Pinochet es una persona excelente. Su cordialidad, su bondad (...) estoy muy satisfecho (...) Aquí, también en mi patria, se están salvando la libertad y el orden"
Estas palabras de Borges tuvieron en su época una resonancia enorme en el terreno político y en el campo de la cultura. Prueba de ello son las reacciones de gente como:
José Saramago:
"Borges es el mejor escritor del siglo junto a Fernando Pessoa y Franz Kafka"
Emir Rodríguez Monegal (crítico uruguayano):
"A Neruda le perdonaron su abundante pasado estalinista; a Asturias, la servitud bajo los regímenes fuertes de Guatemala; a García Márquez, su servil fascinación por la dictadura de Fidel Castro. Borges en cambio, es imperdonable porque no juega al juego de la hipocresía y sólo quiere ser Borges"
Artur Lundkvist (poeta sueco, miembro del jurado del Premio Nobel en 1979):
"Soy y seré un tenaz opositor a la concesión del Nobel a Borges por su apoyo a la dictadura de Pinochet"
No, no voy a hablaros de Borges, al menos no hoy. Tampoco os hablaré de Pinochet, no me apetece en absoluto. Hablaremos de cultura y hablaremos de compromisos. Hablaremos del valor de las opiniones frente al valor de una obra literaria. ¿Es factible admirar una obra artística y odiar a su creador? ¿Nos pueden emocionar las palabras de un escritor y abominar de sus tendencias políticas o morales? ¿Tienen que ir de la mano, necesariamente, la creación literaria y el compromiso moral?
Algunos de vosotros reconoceréis alguna o todas las caras que aparecen en la imagen que inicia esta entrada. Otros no las reconoceréis, puede que a ninguna.
No os preocupéis. Pensad que esta es la cuarta entrada de escritores malditos, y si en alguna ocasión han existido escritores malditos, estos, no han sido nunca tan malditos como los tres de la imagen. Odiados entre los odiados. Olvidados entre los olvidados. Malditos entre los malditos.
“No pierdas la sonrisa ni siquiera cuando te vayan a ejecutar. La vida es una broma de mal gusto; en vez de centrarte en el mal gusto, céntrate en la broma. Si buscas justicia en vez de tranquilidad en este mundo democrático, suicídate. Para vivir hoy hay que saber reírse de la estúpida realidad”Robert Brasillach
Robert Brasillach nació el año 1909 en Perpignan, en el seno de una familia acomodada de origen catalán. A los ocho años de edad su madre, viuda, se volvió a casar con un médico de prestigio y toda la familia partió para el pueblo de Sens, cerca de París.
De los tres malditos Brasillach es el menos capacitado para la creación literaria. Así pues, se dedica al periodismo.
En la Francia de los años 30 el fascismo tiene una creciente aceptación entre la clase burguesa −siempre temerosa de los efectos de la Revolución Bolchevique− y parte de los trabajadores −la crisis económica es muy importante y las salidas laborales pocas−. Como abanderado del fascismo francés está el periódico Action Française mantenido por Charles Maurras, monárquico ultracatólico. Y como editor del periódico encontramos a un joven Brasillach.
Con el tiempo Brasillach encabeza la nueva publicación fascista Je suis Partout donde se encuentra con, unos también jóvenes, Céline y la Rochelle. Los tres nacionalsocialistas, los tres antisemitas y los dos últimos veteranos héroes de la Gran Guerra.
Es en este periódico donde las teorías fascistas de los Camisas Negras italianos, los Falangistas españoles y la Guardia de Hierro rumana tienen su puerta de acceso a Francia. Con Brasillach al frente arrecian las proclamas anticomunistas, contra la iglesia católica, la masonería, los poderes económicos internacionales y los judíos.
Empieza la Segunda Guerra Mundial y Brasillach, fascista convencido, se alista en el ejército francés. Es hecho prisionero y encerrado en un campo de concentración. Liberado en el año 1941 vuelve a Francia donde retoma la dirección de Je suis Partout. Es entonces, durante la ocupación, que el periódico tiene sus mayores ventas.
Al entrar los aliados en París prohíben la publicación del periódico y encarcelan o ajustician a sus redactores. Brasillach intenta huir pero la Resistencia Francesa arresta a su madre y a su hermana. Brasillach se entrega y en enero de 1945 empieza su juicio.
Este consistió en presentar como pruebas en contra sus artículos en el periódico. La condena fue a muerte.
Durante la ocupación alemana, Francia perdió su alma. El gobierno de Vichy en la Francia supuestamente libre y el gobierno en el exilio con Charles de Gaulle a la cabeza, ejemplifican la realidad de un país partido en dos.
El llamado colaboracionismo se convierte en una forma de vida para muchos franceses. Es mejor continuar viviendo, aunque sea bajo dominación alemana, que morir. La vida no se detiene, ni durante las guerras, y de ello saben mucho los miles de franceses que bajo el yugo alemán tuvieron que continuar trabajando, comiendo, yendo a las escuelas, enfermando, amando y muriendo.
Por otro lado está la Resistencia. Gente que también bajo el yugo alemán deciden enfrentarse a él. Deciden matar y morir en nombre de la libertad de su país, en nombre de Francia. Al igual que los colaboracionistas, los resistentes tienen familias, tienen trabajos, comen, van a las escuelas, enferman, aman y mueren.
¿Qué principio moral separa a unos de los otros? No lo sé, he tenido la fortuna de no verme en tal situación y tener que escoger el bando.
Intelectuales franceses, tan poco sospechosos, como Jean Cocteau, Albert Camus, André Malrau o Paul Valéry pidieron por carta, a Charles de Gaulle, la no aplicación de la pena de muerte contra Brasillach. No tuvieron éxito.
Robert Brasillach fue fusilado el 6 de febrero de 1945, la orden directa provino de Charles de Gaulle. La sentencia de su juicio dejaba claro el motivo: colaboracionismo con los ocupantes alemanes.
¿En qué consistió el colaboracionismo? En sus escritos, en su palabra. Brasillach jamás delató a nadie; durante la guerra defendió a su país con las armas; durante la ocupación nunca utilizó otra cosa que su pluma. Su perversa pluma dirán algunos, pero su pluma al fin y al cabo.
¿Merece alguien la muerte por defender con la palabra unos principios o unas ideas? ¿Justifica su muerte el hecho que los principios y las ideas defendidas fueran las contrarias al bando vencedor? ¿Qué sutil línea separa a un traidor de un héroe?
Antes de morir Robert Brasillach escribió, entre otras obras:
- Presencia de Virgilio (1931)
- El proceso a Juana de Arco (1932)
- Poemas (1944)
- Carta a un soldado de la clase 60 (1946) publicación póstuma
- El París de Balzac (1984) publicación póstuma

“En este mundo vil, nada es gratuito. Todo se expía: el bien, como el mal, se paga tarde o temprano. El bien mucho más caro, lógicamente”
Louis-Ferdinand Céline
Nacido con el apellido de Destouches en el año 1894, hoy nadie lo conoce así. Hoy, Céline, está considerado el escritor francés más brillante del siglo XX.
Hay escritores de carrera prolífica, escriben infinidad de libros y alguno o algunos de ellos pasan a la historia, que dejan su impronta en la cultura de su país y con un poco de suerte en la cultura universal.
Hay otros escritores que no tienen necesidad de una larga carrera literaria, escriben un libro y es con este que su nombre pasa a la posteridad. Uno de estos es Céline. Con Viaje al fin de la noche (1932), Céline, jamás morirá del todo.
Céline era un escritor genial, el mejor de su generación. Llamado a ser un genio de las letras francesas, sólo tenía una tara, un defecto de principio, un pecado original. Era fascista, un fascista furibundo. Tan fascista furibundo como furibundo antisemita.
Céline se alista voluntario durante la Primera Guerra Mundial, para defender a Francia. Una vez terminada la guerra él y su cuerpo mutilado vuelven a casa. Empieza a estudiar medicina y una vez terminada la carrera se alista en la marina francesa. Durante 4 años trabaja en misiones de la entonces Sociedad de Naciones −actual Organización de Naciones Unidas− en Estados Unidos y África. El año 1928 visita la Unión Soviética para conocer de primera mano la realidad bolchevique. Regresa a Francia y trabaja como médico en una clínica suburbial de París donde sólo se visita gente pobre.
Con la publicación de Viaje al fin de la noche escribe con letras de oro su nombre en la literatura francesa. El país se conmociona con la novela, y no sólo la gente de la calle. El resto de escritores ven en la obra una nueva senda literaria en la que aventurarse y en Céline, su autor, un nuevo guía.
Bardamu, el protagonista del libro, es un reflejo de las experiencias del propio autor durante la Gran Guerra. Herido durante la batalla, el héroe literario se convierte en un personaje castigado y torturado por la vida. Se enamora de una prostituta con la que cualquier plan de futuro es inútil. Se va a trabajar a las colonias francesas de África donde la vida no es algo precisamente fácil, y ya de vuelta a Francia trabaja como médico en el campo. Todo ello queda claro en pasajes tan terribles como este:
“Los hombres se aferran a sus cochinos recuerdos, a todas sus desgracias, y no se les puede sacar de ahí. Con eso ocupan el alma. Se vengan de la injusticia de su presente revolviendo en su interior la mierda del porvenir”
En el año 1937 publica Bagatelles pour un massacre; posteriormente publica, en el año 1938, el libro L’École des cadavres; tres años después, en el 1941, sale a la luz Les Beaux Draps.
Estas tres obras encierran el pensamiento fascista de Céline. De forma sistemática retrata ante si mismo y ante el mundo su ideario, su fascinación por Hitler y el nacionalsocialismo.
Frases como:
“Francia es una colonia del poder internacional judío”
“Hitler no ha dicho nada contra los bretones o los flamencos. Nada de nada. Sólo se ha referido a los judíos, porque no le gustan los judíos. Tampoco a mí”
“Encuentro a Hitler y a Mussolini, admirablemente magnánimos, infinitamente más a mi gusto, destacados pacifistas, en una palabra, dignos de 250 premios Nobel”
“Quien ha hecho más a favor de los obreros no ha sido Stalin, ha sido Hitler”
encierran todo su pensamiento político y moral. A ellas añade, en la trilogía, críticas radicales a la clase burguesa. Culpa a esta clase aborregada de todos los males que afectan al país y a los trabajadores. Propone salarios únicos y medidas sociales compensatorias. Propone también nacionalizar una serie de servicios básicos como los bancos, las minas, los seguros, las grandes industrias, etc. El propio gobierno colaboracionista de Vichy decide prohibir los libros, teme la reacción de las masas.
Con la caída del gobierno de Vichy y la liberación de Francia, Céline huye a Alemania. De allá se desplaza hasta la neutral Dinamarca. En Francia se publica una lista de escritores que han colaborado con los alemanes, el nombre de Céline la encabeza.
Se le juzga y es acusado de traición a la patria. Es detenido en Dinamarca y encerrado en prisión. Devuelto a París le condenan a un año de prisión y sus libros son destruidos. Durante el encierro en Dinamarca ha perdido 40 kilos.
Al salir de prisión reemprende su carrera de médico y lo hace atendiendo de nuevo a los pobres. Odiado por la mayoría y defendido por muy pocos, en sus tarjetas de visita se hace poner: Louis-Ferdinand Céline – Ave del paraíso.
Céline murió recluido en su cárcel de Meudon el año 1961. Su trilogía maldita, rematada por Mea Culpa (1936) fue prohibida en Francia. Nunca se le perdonó ni su pasado ni su pensamiento político.
Cuando se hacen nuevas ediciones de sus obras, Viaje al fin de la noche en especial, las primeras páginas del libro están dedicadas a justificar su publicación y a justificar como un genio pudo llegar a abrazar el lado oscuro.
Céline nunca se preocupó de justificarse. ¿Debió hacerlo? ¿Sintió remordimiento o culpa por lo que dejó escrito? Quizá nos quede más claro con estas palabras suyas:
“Sufro mi destino. No sé de qué crímenes soy culpable. Pero esta incertidumbre puede durar −me temo− años”
Otras obras de Louis-Ferdinand Céline:
- De un castillo a otro (1957)
- Norte (1960)
- Rigodón (1969) publicación póstuma
- Cartas de la cárcel (2002) publicación póstuma

“Yo era débil, profundamente débil. Hijo de pequeños burgueses atemorizados, pusilánimes. En mi infancia soñaba con una vida sosegada, confiada. He tenido siempre miedo de todo”
Pierre Drieu la Rochelle
Este niño miedoso nació en el año 1893. Al igual que sus compañeros la Rochelle luchó en la Primer Guerra Mundial. Esa terrible guerra de desgaste en las trincheras. Esa guerra que dio inicio al siglo XX y consiguió cercenar de raíz toda una generación de europeos.
No sólo terminó con sus vidas, terminó también con sus ilusiones, con sus anhelos frente a la vida. Los largos años agazapados en las ciénagas atrincheradas fueron marcando a fuego sus mentes y sus almas.
La Rochelle volvió a casa con todo ello y con su cuerpo herido y lleno de medallas. Otro patriota francés, otro héroe condecorado, otro ángel caído.
Todo y ser profundamente fascista y unirse, al igual que otros intelectuales, a la Action Française de Charles Maurras, prefiere potenciar el contacto con intelectuales comunistas y surrealistas. Racista declarado, no le importa proteger a sus amigos judíos.
Empieza a publicar ensayos políticos y a hacerse un nombre dentro de la intelectualidad fascista europea. En el año 1933 visita Argentina donde da conferencias y conoce a Jorge Luis Borges −quien crea que la vida es una línea recta, se equivoca. La vida es circular, angulosa, casi hiperbólica ¿Cómo si no explicar que aparezca aquí Borges, cuando estamos llegando al final de la entrada, si lo habíamos dejado en el año 1976 hablando con Augusto Pinochet?−, un joven Borges del que la Rochelle destaca su talento.
Después de pasar un año en tierras argentinas la Rochelle vuelve a Francia. El país vive una etapa de terribles convulsiones políticas. El descrédito del gobierno y la clase política es enorme. Sólo hacia falta un último escándalo para que el sistema cayera.
La oportunidad vino con el supuesto suicidio del financiero judío Alexander Stavisky. Este, acusado de sobornar a políticos y funcionarios es encerrado en la cárcel, donde aparece muerto. El descrédito de los políticos es imparable y la Rochelle ve en ello la oportunidad de crear un movimiento nuevo y vigoroso. Se apropia de idearios socialistas y nacionalistas y publica Socialismo Fascista (1934).
Con el inicio de la ocupación alemana la contradicción de la Rochelle alcanza tintes casi sicóticos. Es antijudío pero protege a amigos judíos. Pretende publicar artículos que las fuerzas de ocupación prohíben por ser subversivos. Dando bandazos de un extremo a otro consigue despistar a amigos y a enemigos. Una frase suya nos puede aportar algo de luz a su personalidad:
“Se es humano en la medida en que le hacemos trampas a nuestros dogmas”
Y en la vida se pueden hacer trampas siempre y a todo el mundo, excepto a la muerte. Nuestro niño miedoso se intenta suicidar en dos ocasiones durante el año 1944. La guerra se tiñe de negro para los fascistas. Enfrentado a sus últimos días de vida, escribe que prefiere morir a manos de los comunistas antes que de los gaullistas. Renuncia a las limitaciones del fascismo al que sólo reconoce valor como camino para llegar al comunismo, al que él no puede llegar dada su naturaleza burguesa.
Es marzo de 1945 y la Rochelle consigue suicidarse, se entera que han dictado una orden de detención contra él. Antes deja escrito:
“Cuando uno inicia una aventura es necesario llegar hasta el final y sufrir todas sus consecuencias. No se es víctima cuando se es héroe”
Algunas obras de Pierre Drieu la Rochelle:
- El joven europeo (1927)
- Europa contra las patrias (1931)
- Diarios (19xx) obra incompleta
Tres escritores malditos, tres. ¿Podrían ser más? Evidentemente, sí. El camino de la traición, aunque tortuoso, es ancho, extremadamente ancho.
Todos y cada uno de los escritores que preceden estas palabras traicionaron a su país. Hay incluso quien diría que traicionaron a la humanidad. No seré yo quien ponga o quite etiquetas de traidores en grado sumo.
No lo haré, no por no tenerlo claro. Es que no me apetece hacerlo.
Traidores a la patria y a la humanidad, palabras pomposas y rimbombantes. Son acusaciones graves, ciertamente. Pero hay una cosa de la que no pueden ser acusados ninguno de los tres. Ninguno de ellos puede ser acusado de traicionarse a ellos mismos.
¿Cuál es la escala correcta de las traiciones y los traidores? ¿Es peor traicionar a un país o es peor traicionarse a uno mismo?
¿Se salva de la traición quien se traiciona a si mismo? ¡Cuanta gente ha sobrevivido después de traicionarse! ¿Han sido felices? ¿Se lo han tenido en cuenta?
¿Qué nos queda de Brasillach, de Céline y de la Rochelle? ¿Sus obras? ¿Sus ideas?
Hubo una época en que la belleza estaba unida a la verdad, a Dios. Lo bello era cierto y lo cierto era bello. Por antagonismo, entonces, la fealdad era falsedad y marca del Diablo. Lo feo era falso y lo falso era feo. Con el tiempo han aparecido las sutilezas, los claroscuros. La vida, que entonces era tan fácil, se nos ha complicado.
La vida se nos ha hecho difícil. Pero, ¿quién coño quiere vivir una vida fácil?

muy bueno tu texto, a mi encanta Celine, te acabo de encontrar, te seguire leyendo, te agreguè a mi blog, espero no te moleste... pasa y visita, si gustas. :)
ResponderEliminarHola Laetitia Me he dejado llevar por tu invitación y he visitado tu blog Una muerte negada y creo que he acertado. Tu espacio no deja indiferente, lo cual, si tenemos en cuenta los tiempos uniformes que nos está tocando vivir, es mucho decir.
ResponderEliminarDe hecho, me ha interesado lo suficiente como para seguir visitándolo; respecto al mio, vuelve siempre que quieras.
ME ENCANTÓ !! MUCHAS GRACIAS
ResponderEliminarCeline es un genio...su viaje es de lo mejor...muchos otros escritores son fascistas, comunistas.....y no pasa nada...pero a el no se le perdona...que todos los males sean las palabras escritas...
ResponderEliminar...que principio moral separa a unos de otros?. No lo sé, he tenido la fortuna de no verme en tal situación y tener que escoger el vando.????? Estás eligiendo aún sin escoger!!!!.El principio moral que los separa es la dignidad, el valor de la vida aún con la muerte, expreción extrema de la política. Que sirve , en algunos casos , cuando no es dominación o sometimiento por la fuerza, para combatir la impunidad y en defensa de la libertad. El no tomar partido es aceptar lo que hay(status quo). Avalando la situación existente.
ResponderEliminar...solo defendio sus ideales con su pluma. Avalando la muerte y el exterminio!!!!. Cual es la diferencia. Las grandes masacres de la humanidad necesitan de la propaganda, de la complicidad. No son menos culpables. Argentina 1976-1983, etc, etc, etc, para atrás y para adelante.Por favor!!!!.
Hola Anónimo.
ResponderEliminarCuando todavía escribía en este blog, lo que más me gustaba era que alguien, que se había tomado la molestia de leer una entrada, publicaba un comentario. Es por ello que todavía hoy, después de tanto tiempo sin escribir en él, procuro responder los que se van produciendo.
Eres injusto anónimo, injusto en la forma y injusto en el fondo. En la forma porque entresacas una oración y sobre ella edificas una teoría. Teoría que no tiene nada que ver con el conjunto de la entrada. Y eres injusto con el fondo porque...
¿Has olido el miedo, te ha salpicado la cara sangre de tus amigos, has visto el terror en los ojos de un vecino, has vivido lo suficiente para dogmatizar sobre los valores morales del ser humano, sus miserias y sus vergüenzas?
Que fácil resulta hablar de dignidad, de libertades, tras el anonimato de un teclado de ordenador; rodeado por las cálidas y acogedoras paredes de una habitación conocida.
Pero, amigo, esta entrada no habla de ello. Esta entrada habla de una época de barbarie. Esta entrada habla de una época de ocupación. De una época en que Francia estaba invadida por los alemanes. De una época en que la mayoría de la población no era ni quería ser héroe. Sólo quería sobrevivir. Y cuando te encuentras en una situación parecida los dogmas y los grandes valores dejan paso al miedo, al sometimiento y a la cobardía. Sí, amigo, a la cobardía, y a la ruindad.
Que felices seríamos si tus ideas tan claras fueran mayoritarias. Cuantas injusticias, dolor y muertes, nos habríamos evitado. Lamentablemente nunca ha sido así. El ser humano, con sus grandezas y sus miserias, sus virtudes y sus carencias, ha ido y va transitando por un camino mucho más tortuoso del que tu nos muestras.
Y, finalmente, no olvidemos que el más vil de los hombres, el más ruin y rastrero forma parte también de esa especie conocida como ser humano.
Nota: Cuanto daño han hecho las palabras del bueno de Edward Bulwer-Lytton. Lo siento, amigo, pero discrepo de ti y de él y no creo en el poder de la pluma sobre la espada.
De hecho, si me has de golpear, prefiero, que uses sobre mí la más vil de las plumas antes que la más noble de las espadas.