Ir al contenido principal

Con la mierda hasta las orejas

Collage años 70



Dice la sabiduría popular que pisar mierda trae suerte ¡Mentira! Una de las muchas mentiras que nos cuentan a lo largo de la vida.
Tengo un amigo que de pequeño se cayó, literalmente, en un enorme charco de mierda. Se rebozó cual croqueta en ella. Se impregnó desde los pies a la cabeza. O mejor dicho, hasta las orejas.
Si se tuviera que cumplir el axioma popular, tendría que ser el hombre más afortunado del mundo. Y os puedo asegurar, sin ningún género de dudas, que el pobre no levanta cabeza. Y mira que el chaval se esfuerza, pero lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Y este puñetero axioma, este, si que se cumple siempre en la vida, os lo garantizo.


A lo largo de los años, nos hemos ido juntado un grupo de amigos. Un grupo bastante heterogéneo, supongo que es por ello que nos lo pasamos tan bien cuando nos encontramos. Por esto y por el hecho que sólo nos encontramos, oficialmente, cada 3 años.
Los habituales del blog sabréis que hace poco he celebrado San Perecoba. Por ello y porque me tocaba, el último encuentro ha sido en mi ciudad. Bueno, realmente el encuentro se hizo en Barcelona, por motivos de espacio. Y de encanto. Y de actividades. Y de todo. Manresa, mi ciudad, no es precisamente un centro turístico de reconocido prestigio internacional. Pero eso si, la “cena oficial” se hizo en mi casa, más o menos.

El abanico de edades es bastante reducido y todos nos movemos entre los 34 y los 45 años. Los orígenes geográficos son mucho más amplios y esto le da más emoción a los encuentros. Primero por no saber nunca quien finalmente podrá venir, y segundo por la gran disparidad de formas de ser, de pensar y de vivir.
Durante cuatro días el anfitrión, en este caso yo, prepara una serie de actividades que nos ocupan los tres primeros días. La noche del tercer día, de forma solemne y suntuosa, celebramos la última cena.
A la mañana siguiente, más tarde que temprano, nos levantamos, nos despejamos, nos abrazamos, y nos despedimos hasta dentro de tres años.
Para los mal pensados deciros que estos encuentros son con nuestras respectivas parejas. Digo parejas ―aunque seamos nueve amigos― y no mujeres, porque sé lo que me digo.

La verdad es que este último encuentro, no me ciega amor de padre, ha salido bastante bien. Mucho mejor que el del año 2002 en Granada, lo siento Pablo, que fue como fue.
Visitamos lugares fantásticos, comimos de lujo y nos divertimos lo que no está en los escritos. Lo que no está escrito, ni pienso escribirlo aquí.
¿Qué más se puede pedir? Quizás, que se oficializara que siempre fueran en Manresa los encuentros y yo el organizador. Pero cuando se hizo la propuesta el vino y demás licores que quedaban en las botellas eran meramente testimoniales. Y yo, aunque felizmente abrazado a Baco, tuve el suficiente buen juicio y sentido común para rechazar la propuesta. Propuesta que sólo se hizo una vez y por cumplir. ¡Que caray! tampoco os tengo que mentir.



De natural no soy nada megalómano, perdón queria decir melancólico, ni soy de los que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor. Tampoco me gusta recrearme en exceso en los recuerdos vividos. Pero, encuentros como este me lo ponen difícil. Es muy difícil empezar a contar historias comunes y detenerse en el momento justo. No pasarse de frenada.
En el ambiente agradable que se crea durante una cena con amigos ―pocos placeres hay en la vida superiores a cenar con unos amigos― las lenguas se desatan y las mentes se despejan.

El efecto no es inmediato, al menos no en mi caso. Me suele aparecer al cabo de unos días. Es entonces cuando asoma ese gusano carroñero, ese ser anodino que sólo sabe vivir de recuerdos, que se mete en la cabeza y empieza lenta pero inexorablemente su ardua labor de barrena.

Tic, tac. Tic, tac ¿Lo oyes? Es el reloj de la vida. El reloj que va marcando el paso de las horas, y de los días. Ese maldito reloj que cuando eres pequeño parece que no avanza nunca, hasta que llega ese día, ese jodido día, en que se lanza en una desatada carrera que ya nunca se detiene.
Y así estoy ahora, el rostro al viento, sin poder aguantar el ritmo veloz que me marca. Medio asfixiado por la falta de oxígeno ―algo tendrá que ver en el ahogo que seas fumador empedernido, meine Frau dixit― pero sin bajar la cabeza. Eso nunca. Antes arrojaré el hígado por la boca que dejar salir de ella una palabra de desaliento, de rendición, o de abandono.

Ciertamente, ningún tiempo pasado fue mejor. Tampoco en ningún tiempo pasado fuimos más felices que ahora.
¡Pero carajo! En cualquier tiempo pasado era más joven, estaba más delgado, tenía más cabello y menos entradas. Y sobre todo, en cualquier tiempo pasado era más ingenuo, mucho más ingenuo, que ahora.
No es que pretenda hacer un canto a la candidez. No, no es este mi deseo. De hecho, la inocencia en la vida es como la virginidad, se debe perder lo antes posible. Pero, se es tan feliz siendo infantil y simple.
¡Que bonito es sentirse la reina del baile! ¡Que bello es vivir en la inopia! ¡Que felicidad cuando siendo teenager lo único que te quita el sueño son esas horribles espinillas y los espantosos puntos negros!


¡Nada hombre, que no decaiga! Después de este pequeño desahogo, me vuelvo a poner el traje de los domingos y demás fiestas de guardar. Y aquí me tenéis, con las pilas cargadas y esperando, rabioso, a que el mundo se me ponga por delante para clavarle un mordisco y comérmelo entero. Enterito, enterito, porque en la vida hasta el rabo todo es toro.

Se me olvidaba, nos llamamos The Freenosam y el próximo encuentro será el año 2008 en la ciudad de Valencia (Venezuela).
Por cierto, el pobre amigo que de pequeño se revolcó por accidente en mierda, no era yo. Afortunado que no es uno.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Primer Círculo del Infierno

D ante y Virgilio llegan al Vestíbulo del Infierno. Allí están las almas de aquellos que en vida no fueron capaces de reunir las suficientes virtudes para ir al Cielo. Junto a ellas están también las almas de los que no pecaron lo suficiente para merecerse el Infierno. Todos ellos tienen en común que no vivieron con, ni contra los demás. Simplemente vivieron para ellos mismos. Dejando el Vestíbulo tras ellos suben a la barca de Caronte y entran en el Limbo, entran en el Primer Círculo del Infierno. En él se encuentran las almas puras que no recibieron el agua del bautismo. Se encuentran aquellas personas que no pecaron en vida. Que fueron capaces de reunir méritos y alabanzas, pero que no recibieron las aguas salvadoras. Aquí se encuentran con Homero, Horacio, Ovidio, Lucano y el propio Virgilio. Entre otras muchas celebridades y personas honradas.

Escritores malditos (IV) Brasillach - Céline - la Rochelle

Robert Brasillach - Louis Ferdinand Céline - Pierre Drieu la Rochelle El 22 de setiembre de 1976 Jorge Luis Borges se entrevista con el dictador Augusto Pinochet. A la salida declara: "Pinochet es una persona excelente. Su cordialidad, su bondad (...) estoy muy satisfecho (...) Aquí, también en mi patria, se están salvando la libertad y el orden" Estas palabras de Borges tuvieron en su época una resonancia enorme en el terreno político y en el campo de la cultura. Prueba de ello son las reacciones de gente como: José Saramago: "Borges es el mejor escritor del siglo junto a Fernando Pessoa y Franz Kafka" Emir Rodríguez Monegal (crítico uruguayano): "A Neruda le perdonaron su abundante pasado estalinista; a Asturias, la servitud bajo los regímenes fuertes de Guatemala; a García Márquez, su servil fascinación por la dictadura de Fidel Castro. Borges en cambio, es imperdonable porque no juega al juego de la hipocresía y sólo quiere ser Borges...

El lobo estepario

Hermann Hesse (1877 - 1962)