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| Foto de familia ante un futuro imposible |
A Marta
morena andaluza,
coleccionista de huesitos
1.
A cada paso que da la punta de sílex se le va introduciendo más profundamente en el costado. Al borde del colapso sus pasos se hacen cada vez más lentos y precarios. Sólo su férrea voluntad de supervivencia le permite aplazar el desenlace final.
Un oscuro concepto de muerte se apodera de su mente. Imágenes borrosas del entorno se mezclan con recuerdos recurrentes de su vida. Su gente, esa que hace no sabe cuanto tiempo desapareció, se agolpa ante sus ojos y parece que le anima para llegar a la cueva.
La primera vez que vio la luz fue junto a una hoguera en mitad de la pradera. Para su grupo fue todo un acontecimiento. Era un macho. Un macho hijo del macho dominante. El futuro que se abría ante sus ojos era inmejorable. Si hubiese tenido una percepción desarrollada se habría dado cuenta de su fortuna. Ha conseguido sobrevivir 35 años. Toda una eternidad.
Precediendo a un rastro de sangre consigue llegar a la cueva y con un último esfuerzo deja caer el cuerpo sobre el frío suelo calizo. El sol, ese ser increíble que logra vencer a las furiosas aguas, empieza a ponerse en el horizonte.
Le falta el aire. Aunque intente forzar la respiración, esta se hace cada vez más pesada, más violenta. A cada bocanada de desesperación nota como esa terrible sensación de dolor se apodera de su pecho. Si pudiera saber lo que le ocurre se daría cuenta que se está muriendo.
Con el aturdimiento propio de su estado observa como el gran disco rojo se hunde en el agua. Esta será la última imagen que se va a llevar de este mundo. Una bellísima puesta de sol sobre las aguas que rompen en la costa de lo que en un futuro lejano se conocerá como Gibraltar.
El agua se va tragando la bola de fuego. En un último esfuerzo para conseguir aire, abre la boca. Pero en ella ya no entra aire, de ella sólo sale un grito. Un grito grave, hondo, desgarrador. Un grito que sólo puede anunciar la muerte.
Así desaparece el último Neandertal que habita la Tierra. Con el crepúsculo del día se produce también el ocaso de una especie.
2.
Hace hoy exactamente 250.000 años, siglo más o siglo menos, apareció en la Tierra el primer antepasado directo del ser humano actual. Descendientes del Homo eructus -más cerca de los primates que de los humanos- en regiones dispares del mundo aparecen los Homo sapiens neanderthalensis -ya prácticamente humanos- comúnmente conocidos como Neandertales.
Su aparición es prácticamente simultánea en diversas áreas tan dispares como Europa, Próximo Oriente y Asia.
Su constitución física era muy parecida a la que actualmente tenemos nosotros. Muy parecida pero no igual, existían algunas diferencias importantes.
Las primeras diferencias las encontraríamos en su rostro. Sus rasgos faciales eran mucho más pronunciados que los nuestros. Su cráneo tenía un volumen superior, al igual que su cerebro. Mayor volumen que no implicaba mayor inteligencia sino mayor capacidad de gestión; la cual era necesaria para poder controlar su enorme masa muscular.
Su frente estaba hundida y de ella sobresalían la nariz, enorme para poder calentar el frío aire que le rodeaba; y los dientes, propios de un carnívoro.
Sus extremidades eran arqueadas y con un volumen muscular realmente enorme. A su lado cualquier culturista actual parecería un niño esmirriado. Finalmente, el conjunto estaba encerrado en un cuerpo que oscilaba entre los 1.50 a 1.70 de altura.
Todo ello preparado para vivir una media de 30 años y en ningún caso, por los restos encontrados, superar los 45 años de vida.
Europa era muy diferente al continente que conocemos actualmente. Víctima de largos períodos de glaciaciones, la vida era extremadamente dura. Y ciertamente los Neandertales estaban perfectamente adaptados a esta dureza. No sólo físicamente sino también social y estructuralmente.
Vivían en grupos formados por no más de 30 individuos. Eran cazadores de grandes presas como alces, bisontes, uros (especie de bóvidos gigantes) y mamuts. Ello unido al hecho que también eran recolectores de plantas y hierbas hacía que no tuvieran un hábitat fijo, se desplazaban en función de adonde iban los recursos alimenticios y de la benevolencia del clima.
No sabían construir estructuras físicas para poder vivir, así pues, utilizaban para ello las grutas y cuevas naturales que se encontraban en su camino.
Durante muchos años se creyó que la capacidad mental y social de los Neandertales era muy limitada. Actualmente gracias a los registros fósiles encontrados, esta opinión ha variado espectacularmente. No eran animales que se podían parecer remotamente a los humanos, sino que eran humanos con ciertos rasgos animales. En ellos encontramos los primeros indicios claros e irreversibles de evolución.
Abandonado pues el tópico de individuos poco socializados, nos encontramos que tenían una estructura social perfectamente establecida. Ello les permitía poder cazar a los grandes animales que habitaban Europa. Sólo con unas funciones perfectamente repartidas, estos primitivos humanos podían matarlos utilizando sus lanzas de madera con punta de sílex. Lanzas que eran clavadas a sus presas, no lanzadas. El concepto de lanzar surgió en el hombre mucho después.
Pero aún tenemos una muestra mucho más interesante de sociabilidad. En una época en que sobrevivir suponía una extraordinaria prueba diaria de resistencia, sólo los individuos mejor adaptados al entorno tenían posibilidades reales de vivir. Así pues, los elementos no adaptados, por enfermedades o lesiones, estaban condenados a morir. Un grupo no superior a 30 personas no se podía permitir el lujo de arrastrar con ellos a seres no productivos ¿Es esto cierto? El sentido común parecería indicar que esto era así, pero la realidad nos muestra lo contrario.
Se han encontrado cráneos con heridas graves que habían sanado, es decir, alguien les cuidó durante mucho tiempo mientras estuvieron heridos. Otros restos tienen los huesos afectados por la artritis o bien por fracturas o amputaciones que no fueron el motivo de su muerte, la cual se produjo mucho tiempo después y por otras causas.
Estos primitivos seres humanos, cuidaban de sus semejantes cuando estos estaban enfermos o impedidos. Esto que en la actualidad puede parecer una obviedad, en la época que vivieron ellos tenía un valor extraordinario.
Otra muestra de sociabilidad es el hecho de que tuvieran incipientes ritos funerarios. Los muertos no eran abandonados a la intemperie sino que eran depositados en las simas de las cuevas donde vivían. Y no sólo eran colocados en ellas sino que junto a los cuerpos depositaban flores y plantas. Un sentimiento de afecto y de pérdida estaba ya presente en estos humanos.
Este paisaje idílico tiene alguna laguna. Practicaban el canibalismo. No se sabe si para poder sobrevivir en épocas donde no tenían alimento, o como parte de un rito religioso o funerario. Por necesidad o por placer, lo cierto es que se comían a sus semejantes.
¿Podían hablar? ¿Tenían un lenguaje propio? Evidentemente esto no se puede saber a ciencia cierta. Lo que si sabemos, estudiando sus restos, es que morfológicamente su laringe era idéntica a la nuestra. Y que por tanto, estaban capacitados para poder hablar. Otra cosa es que tuvieran la suficiente capacidad mental para hacerlo.
En definitiva, se cree que no tenían un lenguaje complejo, pero que utilizaban un lenguaje simple y arcaico para poderse comunicar.
De lo que si carecían era de sentido artístico, este no se desarrolló en el hombre hasta muchos siglos después y significó de hecho el punto final de su humanización.
3.
Hacía muchos miles de años que sus antepasados habían abandonado las cálidas tierras africanas. Tras una larga travesía por el norte y el centro de Europa tiene frente a la vista extensas llanuras y mesetas peninsulares.
No ha tenido una vida fácil pero tampoco la tuvo su padre, ni el padre de su padre. Ya tiene 20 años y tres hijos. El resto de la tribu depende de él. De igual manera que sus padres dependieron de su padre, cuando este era el cabeza de la tribu. Si este supo guiar a su pueblo, él también lo sabrá hacer. Para ello fue educado desde el momento en que nació.
Es en momentos como este que recuerda como le retenía el brazo su padre. Como le decía al oído la mejor forma de tensar el arco, de sentir la flecha. De ver el lugar exacto en que esta tenía que atravesar la dura piel de la bestia. Recuerda la forma en que esta caía al suelo herida de muerte antes incluso que la punta hiciera impacto en su cuerpo.
Acaricia la cabeza del lobo domesticado que le ha acompañado desde que era niño y sonríe. Su pueblo ha llegado a la tierra prometida. Aquí se quedará y aquí crecerán sus hijos y los hijos de sus hijos. Su pueblo no seguirá viajando. Esta será su tierra.
Vuelve al lado del fuego con el resto de su gente, se sienta junto a su hijo mayor y lo abraza con fuerza. Mientras, su hija pequeña juega junto a su madre con su muñeca de nefrita. Algunos de los hombres jóvenes bailan convulsivamente siguiendo el ritmo marcado por las mujeres que tocan sus instrumentos de viento y cantan canciones. La cálida noche les arropa y bajo el brillo de la luna y las estrellas nada les debe causar temor.
A la mañana siguiente guiados por el sol que se alza en el horizonte, el nutrido grupo de cazadores prepara sus armas. Salen del poblado y se dirigen a las planicies donde pacen los animales. A mitad de camino, antes de cruzar el río donde están pescando algunas de las mujeres, se les acerca uno de los exploradores. Le avisa que ha encontrado un grupo de salvajes.
Esta noticia no tiene nada de especial para él. A los 10 años mató a su primer salvaje. Aún hoy recuerda ese día. Había salido a acompañar a su padre y al resto de los cazadores. De pronto, un grupo de cinco salvajes les rodeó. Su aspecto era realmente amedrentador; sus caras desfiguradas, sus pieles desaliñadas, su olor, sus largas lanzas de madera.
Recuerda como su padre mandó al grupo ponerse en círculo, dejándolo a él y al resto de jóvenes dentro de este, protegiéndolos. Los mayores se enfrentaron a los salvajes. La lucha fue corta pero intensa, evitando ser ensartados por las lanzas su gente fue acabando uno por uno con los salvajes. Ese día se dio cuenta que eran fuertes pero estúpidos, mucho más estúpidos que su gente.
Acabada la lucha sólo uno de los salvajes estaba vivo. Tirado en el suelo gritaba y se revolvía de dolor. Su padre le llamó y le mandó sacar la piedra de sílex. Antes que le dijera nada más el sabía, o intuía, perfectamente lo que su padre quería. Se acercó al salvaje y le cortó el cuello. Al instante dejó de gritar, pero esto no evitó que un chorro de sangre le saltara a la cara.
Durante un instante se asustó, pero sólo fue un instante, su padre le pasó la mano por la cara y le extendió toda la sangre por ella. El resto de hombres izo igual con los otros jóvenes del grupo.
Antes le habían esparcido sangre de animales, pero esta era la primera vez que se lo hacían con sangre de salvaje. Ese día aprendió de que forma se tenía que enfrentar a los salvajes. Y esa lección le sería muy útil durante el resto de su vida.
Hoy el grupo que ha encontrado el explorador está cerca de ellos, en una cueva sobre el recodo del río. Según les cuenta en la cueva sólo hay hembras y niños al cuidado de viejos. Los hombres han salido de caza y han dejado a sus hembras solas en la cueva.
Es una oportunidad demasiado buena para dejarla de lado. Actualmente su grupo es numeroso y consolidado, pero siempre va bien tener más mujeres, aunque sean salvajes. Una hembra siempre es una hembra y puede aportar niños y trabajo. Además, las hembras salvajes son especialmente trabajadoras y nunca se quejan tanto como las suyas. Sí, esta tierra es una tierra llena de oportunidades.
Se acercan a la cueva y sin demasiados problemas matan a los cinco salvajes viejos que poco pueden hacer ante sus hombres. Quedan doce mujeres, ocho demasiado viejas para serles útiles que también matan, y seis niños que corren la misma suerte. A las otras cuatro mujeres se las llevan a su campamento, junto a trozos de carne macerada que guardaban en la cueva.
Cuando los salvajes vuelvan de cacería se llevaran una buena sorpresa y será mejor para ellos que no intenten saber lo que ha pasado.
Amanece un nuevo día en el campamento y el sol, majestuoso, ilumina su cara. Está solo, siempre le ha gustado salir solo a ver el nacimiento del sol después de una noche de sexo.
La salvaje más joven ha sido especialmente cariñosa esta noche. No sabe el motivo pero los cuerpos musculosos de estas salvajes siempre le han excitado más que los cuerpos esbeltos de las mujeres de su tribu. No puede evitarlo, ni quiere. Le gustan sus pequeños y trabajados cuerpos, le gustan sus pechos duros, le gustan esas caderas que siempre están dispuestas a recibir sus caricias.
Sí, la salvaje ha sido una buena adquisición. Es joven y será una perfecta hembra. Le va a dar más niños. A cambio, le tendrá que conseguir algún abalorio, algún diente de alce o quizás incluso de lobo.
Sí, será su próxima hembra. Una nueva hembra, para una nueva tierra. El sol, esplendoroso, ilumina el nuevo día.
4.
El Homo sapiens sapiens, o hombre moderno, también llamado de Cro-Magnon aparece en África hace unos 100.000 años. De allí se expande al resto del mundo.
Su llegada a Europa se produjo hace 40.000 años. En la misma época en que llegaron a Australia. Fue este hombre el que descubrió y conquistó realmente América y en épocas más recientes llegó a alcanzar todas las islas del Pacífico.
En su expansión por el mundo fueron dando lugar a las diferentes razas que existen actualmente: Caucásicas, Africanas, Mongoloides, etc.
Su volumen craneal disminuyó considerablemente. Su cuerpo se estilizó y desapareció la enorme masa muscular de sus antecesores, los Neandertales. No necesitaban tener músculos, tenían cerebro.
No sólo se dedicaban a cazar y sobrevivir, sino que empezaron a vivir. Fueron los primeros que realizaron creaciones artísticas. Utilizaron para ello tanto madera como diversos tipos de piedras talladas y finalmente pintaron en las paredes. Pintaron el mundo en el que vivían y las inquietudes que les afectaban.
Debido al período glacial, Oriente Medio quedó aislado del resto del mundo. En un territorio generoso en alimentos y clima el desarrollo del hombre fue espectacular. No tenían que luchar tanto contra los elementos como los Neandertales y esto les permitió evolucionar. Pudieron tener una alimentación más estable y variada y esto les permitió cambiar físicamente. Y este cambio físico originó un cambio mental. Un cerebro mejor alimentado permite mayores logros.
Cuando los hielos se retiraron eran un pueblo preparado para conquistar el mundo y eso hicieron, empezaron una diáspora en todas direcciones.
Al llegar a Europa se encontraron con que en esta tierra habitaba ya un pueblo. Un pueblo que había conseguido sobrevivir en condiciones terribles. Condiciones que sólo les permitieron sobrevivir, pero no mejorar la especie.
Los Neandertales estaban estancados. Eran una especie en recesión que no se podía adaptar al nuevo mundo que estaba naciendo. Quizás, si no se hubiera producido la invasión de los Cro-Magnon podrían haber evolucionado, pero la naturaleza es feroz y no da segundas oportunidades.
Mucho se ha especulado sobre el motivo de la desaparición de los Neandertales. Son muchas las teorías que el tiempo, y la ciencia, han terminado por desestimar.
Primero se dijo que fueron asimilados por los Cro-Magnon. Falso, nada en nuestros genes queda de los Neandertales.
Después se dijo que al venir de otras tierras los Cro-Magnon trajeron enfermedades que afectaron a los Neandertales hasta provocar su extinción. Falso, en una época donde las distancias eran insalvables ningún tipo de enfermedad podía acabar con una especie entera.
Después de tantos descartes sólo nos queda la verdad. Los Neandertales fueron exterminados sistemáticamente por los Cro-Magnon. Su genocidio fue el primero, de una larga lista que le siguió después, en la historia de la humanidad.
Hemos dicho que los Cro-Magnon fueron los primeros humanos y si alguna cosa caracteriza a los humanos es la intransigencia con otras especies, y con la suya propia.
¿Qué rasgo hay más humano que el homicidio sistemático? ¿Qué podían hacer para sobrevivir esos prehumanos al encontrarse con humanos verdaderos? Efectivamente, el genocidio de los Neandertales fue el precio que tuvieron que pagar los Cro-Magnon para ser humanos, para ser nuestros padres.
Su crimen los humanizó. Y con el tiempo este crimen fue pasando de generación en generación y se trasmitió primero de forma verbal y luego de forma escrita, hasta llegar a nuestros días, hasta llegar a nuestras religiones.
Y el asesinato de los Neandertales a manos de los Cro-Magnon terminó convirtiéndose en el asesinato de Abel a manos de Caín.
Un oscuro concepto de muerte se apodera de su mente. Imágenes borrosas del entorno se mezclan con recuerdos recurrentes de su vida. Su gente, esa que hace no sabe cuanto tiempo desapareció, se agolpa ante sus ojos y parece que le anima para llegar a la cueva.
La primera vez que vio la luz fue junto a una hoguera en mitad de la pradera. Para su grupo fue todo un acontecimiento. Era un macho. Un macho hijo del macho dominante. El futuro que se abría ante sus ojos era inmejorable. Si hubiese tenido una percepción desarrollada se habría dado cuenta de su fortuna. Ha conseguido sobrevivir 35 años. Toda una eternidad.
Precediendo a un rastro de sangre consigue llegar a la cueva y con un último esfuerzo deja caer el cuerpo sobre el frío suelo calizo. El sol, ese ser increíble que logra vencer a las furiosas aguas, empieza a ponerse en el horizonte.
Le falta el aire. Aunque intente forzar la respiración, esta se hace cada vez más pesada, más violenta. A cada bocanada de desesperación nota como esa terrible sensación de dolor se apodera de su pecho. Si pudiera saber lo que le ocurre se daría cuenta que se está muriendo.
Con el aturdimiento propio de su estado observa como el gran disco rojo se hunde en el agua. Esta será la última imagen que se va a llevar de este mundo. Una bellísima puesta de sol sobre las aguas que rompen en la costa de lo que en un futuro lejano se conocerá como Gibraltar.
El agua se va tragando la bola de fuego. En un último esfuerzo para conseguir aire, abre la boca. Pero en ella ya no entra aire, de ella sólo sale un grito. Un grito grave, hondo, desgarrador. Un grito que sólo puede anunciar la muerte.
Así desaparece el último Neandertal que habita la Tierra. Con el crepúsculo del día se produce también el ocaso de una especie.
2.
Hace hoy exactamente 250.000 años, siglo más o siglo menos, apareció en la Tierra el primer antepasado directo del ser humano actual. Descendientes del Homo eructus -más cerca de los primates que de los humanos- en regiones dispares del mundo aparecen los Homo sapiens neanderthalensis -ya prácticamente humanos- comúnmente conocidos como Neandertales.
Su aparición es prácticamente simultánea en diversas áreas tan dispares como Europa, Próximo Oriente y Asia.
Su constitución física era muy parecida a la que actualmente tenemos nosotros. Muy parecida pero no igual, existían algunas diferencias importantes.
Las primeras diferencias las encontraríamos en su rostro. Sus rasgos faciales eran mucho más pronunciados que los nuestros. Su cráneo tenía un volumen superior, al igual que su cerebro. Mayor volumen que no implicaba mayor inteligencia sino mayor capacidad de gestión; la cual era necesaria para poder controlar su enorme masa muscular.
Su frente estaba hundida y de ella sobresalían la nariz, enorme para poder calentar el frío aire que le rodeaba; y los dientes, propios de un carnívoro.
Sus extremidades eran arqueadas y con un volumen muscular realmente enorme. A su lado cualquier culturista actual parecería un niño esmirriado. Finalmente, el conjunto estaba encerrado en un cuerpo que oscilaba entre los 1.50 a 1.70 de altura.
Todo ello preparado para vivir una media de 30 años y en ningún caso, por los restos encontrados, superar los 45 años de vida.
Europa era muy diferente al continente que conocemos actualmente. Víctima de largos períodos de glaciaciones, la vida era extremadamente dura. Y ciertamente los Neandertales estaban perfectamente adaptados a esta dureza. No sólo físicamente sino también social y estructuralmente.
Vivían en grupos formados por no más de 30 individuos. Eran cazadores de grandes presas como alces, bisontes, uros (especie de bóvidos gigantes) y mamuts. Ello unido al hecho que también eran recolectores de plantas y hierbas hacía que no tuvieran un hábitat fijo, se desplazaban en función de adonde iban los recursos alimenticios y de la benevolencia del clima.
No sabían construir estructuras físicas para poder vivir, así pues, utilizaban para ello las grutas y cuevas naturales que se encontraban en su camino.
Durante muchos años se creyó que la capacidad mental y social de los Neandertales era muy limitada. Actualmente gracias a los registros fósiles encontrados, esta opinión ha variado espectacularmente. No eran animales que se podían parecer remotamente a los humanos, sino que eran humanos con ciertos rasgos animales. En ellos encontramos los primeros indicios claros e irreversibles de evolución.
Abandonado pues el tópico de individuos poco socializados, nos encontramos que tenían una estructura social perfectamente establecida. Ello les permitía poder cazar a los grandes animales que habitaban Europa. Sólo con unas funciones perfectamente repartidas, estos primitivos humanos podían matarlos utilizando sus lanzas de madera con punta de sílex. Lanzas que eran clavadas a sus presas, no lanzadas. El concepto de lanzar surgió en el hombre mucho después.
Pero aún tenemos una muestra mucho más interesante de sociabilidad. En una época en que sobrevivir suponía una extraordinaria prueba diaria de resistencia, sólo los individuos mejor adaptados al entorno tenían posibilidades reales de vivir. Así pues, los elementos no adaptados, por enfermedades o lesiones, estaban condenados a morir. Un grupo no superior a 30 personas no se podía permitir el lujo de arrastrar con ellos a seres no productivos ¿Es esto cierto? El sentido común parecería indicar que esto era así, pero la realidad nos muestra lo contrario.
Se han encontrado cráneos con heridas graves que habían sanado, es decir, alguien les cuidó durante mucho tiempo mientras estuvieron heridos. Otros restos tienen los huesos afectados por la artritis o bien por fracturas o amputaciones que no fueron el motivo de su muerte, la cual se produjo mucho tiempo después y por otras causas.
Estos primitivos seres humanos, cuidaban de sus semejantes cuando estos estaban enfermos o impedidos. Esto que en la actualidad puede parecer una obviedad, en la época que vivieron ellos tenía un valor extraordinario.
Otra muestra de sociabilidad es el hecho de que tuvieran incipientes ritos funerarios. Los muertos no eran abandonados a la intemperie sino que eran depositados en las simas de las cuevas donde vivían. Y no sólo eran colocados en ellas sino que junto a los cuerpos depositaban flores y plantas. Un sentimiento de afecto y de pérdida estaba ya presente en estos humanos.
Este paisaje idílico tiene alguna laguna. Practicaban el canibalismo. No se sabe si para poder sobrevivir en épocas donde no tenían alimento, o como parte de un rito religioso o funerario. Por necesidad o por placer, lo cierto es que se comían a sus semejantes.
¿Podían hablar? ¿Tenían un lenguaje propio? Evidentemente esto no se puede saber a ciencia cierta. Lo que si sabemos, estudiando sus restos, es que morfológicamente su laringe era idéntica a la nuestra. Y que por tanto, estaban capacitados para poder hablar. Otra cosa es que tuvieran la suficiente capacidad mental para hacerlo.
En definitiva, se cree que no tenían un lenguaje complejo, pero que utilizaban un lenguaje simple y arcaico para poderse comunicar.
De lo que si carecían era de sentido artístico, este no se desarrolló en el hombre hasta muchos siglos después y significó de hecho el punto final de su humanización.
3.
Hacía muchos miles de años que sus antepasados habían abandonado las cálidas tierras africanas. Tras una larga travesía por el norte y el centro de Europa tiene frente a la vista extensas llanuras y mesetas peninsulares.
No ha tenido una vida fácil pero tampoco la tuvo su padre, ni el padre de su padre. Ya tiene 20 años y tres hijos. El resto de la tribu depende de él. De igual manera que sus padres dependieron de su padre, cuando este era el cabeza de la tribu. Si este supo guiar a su pueblo, él también lo sabrá hacer. Para ello fue educado desde el momento en que nació.
Es en momentos como este que recuerda como le retenía el brazo su padre. Como le decía al oído la mejor forma de tensar el arco, de sentir la flecha. De ver el lugar exacto en que esta tenía que atravesar la dura piel de la bestia. Recuerda la forma en que esta caía al suelo herida de muerte antes incluso que la punta hiciera impacto en su cuerpo.
Acaricia la cabeza del lobo domesticado que le ha acompañado desde que era niño y sonríe. Su pueblo ha llegado a la tierra prometida. Aquí se quedará y aquí crecerán sus hijos y los hijos de sus hijos. Su pueblo no seguirá viajando. Esta será su tierra.
Vuelve al lado del fuego con el resto de su gente, se sienta junto a su hijo mayor y lo abraza con fuerza. Mientras, su hija pequeña juega junto a su madre con su muñeca de nefrita. Algunos de los hombres jóvenes bailan convulsivamente siguiendo el ritmo marcado por las mujeres que tocan sus instrumentos de viento y cantan canciones. La cálida noche les arropa y bajo el brillo de la luna y las estrellas nada les debe causar temor.
A la mañana siguiente guiados por el sol que se alza en el horizonte, el nutrido grupo de cazadores prepara sus armas. Salen del poblado y se dirigen a las planicies donde pacen los animales. A mitad de camino, antes de cruzar el río donde están pescando algunas de las mujeres, se les acerca uno de los exploradores. Le avisa que ha encontrado un grupo de salvajes.
Esta noticia no tiene nada de especial para él. A los 10 años mató a su primer salvaje. Aún hoy recuerda ese día. Había salido a acompañar a su padre y al resto de los cazadores. De pronto, un grupo de cinco salvajes les rodeó. Su aspecto era realmente amedrentador; sus caras desfiguradas, sus pieles desaliñadas, su olor, sus largas lanzas de madera.
Recuerda como su padre mandó al grupo ponerse en círculo, dejándolo a él y al resto de jóvenes dentro de este, protegiéndolos. Los mayores se enfrentaron a los salvajes. La lucha fue corta pero intensa, evitando ser ensartados por las lanzas su gente fue acabando uno por uno con los salvajes. Ese día se dio cuenta que eran fuertes pero estúpidos, mucho más estúpidos que su gente.
Acabada la lucha sólo uno de los salvajes estaba vivo. Tirado en el suelo gritaba y se revolvía de dolor. Su padre le llamó y le mandó sacar la piedra de sílex. Antes que le dijera nada más el sabía, o intuía, perfectamente lo que su padre quería. Se acercó al salvaje y le cortó el cuello. Al instante dejó de gritar, pero esto no evitó que un chorro de sangre le saltara a la cara.
Durante un instante se asustó, pero sólo fue un instante, su padre le pasó la mano por la cara y le extendió toda la sangre por ella. El resto de hombres izo igual con los otros jóvenes del grupo.
Antes le habían esparcido sangre de animales, pero esta era la primera vez que se lo hacían con sangre de salvaje. Ese día aprendió de que forma se tenía que enfrentar a los salvajes. Y esa lección le sería muy útil durante el resto de su vida.
Hoy el grupo que ha encontrado el explorador está cerca de ellos, en una cueva sobre el recodo del río. Según les cuenta en la cueva sólo hay hembras y niños al cuidado de viejos. Los hombres han salido de caza y han dejado a sus hembras solas en la cueva.
Es una oportunidad demasiado buena para dejarla de lado. Actualmente su grupo es numeroso y consolidado, pero siempre va bien tener más mujeres, aunque sean salvajes. Una hembra siempre es una hembra y puede aportar niños y trabajo. Además, las hembras salvajes son especialmente trabajadoras y nunca se quejan tanto como las suyas. Sí, esta tierra es una tierra llena de oportunidades.
Se acercan a la cueva y sin demasiados problemas matan a los cinco salvajes viejos que poco pueden hacer ante sus hombres. Quedan doce mujeres, ocho demasiado viejas para serles útiles que también matan, y seis niños que corren la misma suerte. A las otras cuatro mujeres se las llevan a su campamento, junto a trozos de carne macerada que guardaban en la cueva.
Cuando los salvajes vuelvan de cacería se llevaran una buena sorpresa y será mejor para ellos que no intenten saber lo que ha pasado.
Amanece un nuevo día en el campamento y el sol, majestuoso, ilumina su cara. Está solo, siempre le ha gustado salir solo a ver el nacimiento del sol después de una noche de sexo.
La salvaje más joven ha sido especialmente cariñosa esta noche. No sabe el motivo pero los cuerpos musculosos de estas salvajes siempre le han excitado más que los cuerpos esbeltos de las mujeres de su tribu. No puede evitarlo, ni quiere. Le gustan sus pequeños y trabajados cuerpos, le gustan sus pechos duros, le gustan esas caderas que siempre están dispuestas a recibir sus caricias.
Sí, la salvaje ha sido una buena adquisición. Es joven y será una perfecta hembra. Le va a dar más niños. A cambio, le tendrá que conseguir algún abalorio, algún diente de alce o quizás incluso de lobo.
Sí, será su próxima hembra. Una nueva hembra, para una nueva tierra. El sol, esplendoroso, ilumina el nuevo día.
4.
El Homo sapiens sapiens, o hombre moderno, también llamado de Cro-Magnon aparece en África hace unos 100.000 años. De allí se expande al resto del mundo.
Su llegada a Europa se produjo hace 40.000 años. En la misma época en que llegaron a Australia. Fue este hombre el que descubrió y conquistó realmente América y en épocas más recientes llegó a alcanzar todas las islas del Pacífico.
En su expansión por el mundo fueron dando lugar a las diferentes razas que existen actualmente: Caucásicas, Africanas, Mongoloides, etc.
Su volumen craneal disminuyó considerablemente. Su cuerpo se estilizó y desapareció la enorme masa muscular de sus antecesores, los Neandertales. No necesitaban tener músculos, tenían cerebro.
No sólo se dedicaban a cazar y sobrevivir, sino que empezaron a vivir. Fueron los primeros que realizaron creaciones artísticas. Utilizaron para ello tanto madera como diversos tipos de piedras talladas y finalmente pintaron en las paredes. Pintaron el mundo en el que vivían y las inquietudes que les afectaban.
Debido al período glacial, Oriente Medio quedó aislado del resto del mundo. En un territorio generoso en alimentos y clima el desarrollo del hombre fue espectacular. No tenían que luchar tanto contra los elementos como los Neandertales y esto les permitió evolucionar. Pudieron tener una alimentación más estable y variada y esto les permitió cambiar físicamente. Y este cambio físico originó un cambio mental. Un cerebro mejor alimentado permite mayores logros.
Cuando los hielos se retiraron eran un pueblo preparado para conquistar el mundo y eso hicieron, empezaron una diáspora en todas direcciones.
Al llegar a Europa se encontraron con que en esta tierra habitaba ya un pueblo. Un pueblo que había conseguido sobrevivir en condiciones terribles. Condiciones que sólo les permitieron sobrevivir, pero no mejorar la especie.
Los Neandertales estaban estancados. Eran una especie en recesión que no se podía adaptar al nuevo mundo que estaba naciendo. Quizás, si no se hubiera producido la invasión de los Cro-Magnon podrían haber evolucionado, pero la naturaleza es feroz y no da segundas oportunidades.
Mucho se ha especulado sobre el motivo de la desaparición de los Neandertales. Son muchas las teorías que el tiempo, y la ciencia, han terminado por desestimar.
Primero se dijo que fueron asimilados por los Cro-Magnon. Falso, nada en nuestros genes queda de los Neandertales.
Después se dijo que al venir de otras tierras los Cro-Magnon trajeron enfermedades que afectaron a los Neandertales hasta provocar su extinción. Falso, en una época donde las distancias eran insalvables ningún tipo de enfermedad podía acabar con una especie entera.
Después de tantos descartes sólo nos queda la verdad. Los Neandertales fueron exterminados sistemáticamente por los Cro-Magnon. Su genocidio fue el primero, de una larga lista que le siguió después, en la historia de la humanidad.
Hemos dicho que los Cro-Magnon fueron los primeros humanos y si alguna cosa caracteriza a los humanos es la intransigencia con otras especies, y con la suya propia.
¿Qué rasgo hay más humano que el homicidio sistemático? ¿Qué podían hacer para sobrevivir esos prehumanos al encontrarse con humanos verdaderos? Efectivamente, el genocidio de los Neandertales fue el precio que tuvieron que pagar los Cro-Magnon para ser humanos, para ser nuestros padres.
Su crimen los humanizó. Y con el tiempo este crimen fue pasando de generación en generación y se trasmitió primero de forma verbal y luego de forma escrita, hasta llegar a nuestros días, hasta llegar a nuestras religiones.
Y el asesinato de los Neandertales a manos de los Cro-Magnon terminó convirtiéndose en el asesinato de Abel a manos de Caín.

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