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KV 2/41


Robert Capa




I.
Juan. Así decidieron llamarme mis padres al nacer, en un lejano 1912, en la ciudad de Barcelona (España). Pero no ha sido este el único nombre que he usado en mi vida. A lo largo de los años vividos he tenido la oportunidad, o quizás debería decir la necesidad, de tener que utilizar otros nombres.

¿Qué motivos he tenido para verme obligado a esconder mi nombre? La respuesta no es fácil. Recuerdo la recepción del año 1984 en la que el Príncipe de Edimburgo me hizo una pregunta similar:

- ¿Por qué un español como usted arriesgó su vida para ayudar a Inglaterra?
- Por defender mis ideales.



Por defender mis ideales. Aún hoy a las puertas del último viaje, aquí en Venezuela, cuatro años después del encuentro, la frase se repite en mi cabeza. Por defender mis ideales. Esta sería sin duda la frase que definiría mi vida. Toda mi vida la he vivido defendiendo mis ideales.

Sentado en mi despacho, meciéndome en los recuerdos, vuelvo a coger la medalla que me acredita como Miembro del Imperio Británico. Recuerdo el día en que me fue otorgada, el día que me convertí en Sir. Recuerdo a los compañeros. Tantos recuerdos lejanos.
Devuelvo la medalla a su caja y cojo la que está a su lado. La abro. De su interior saco una cruz. Envuelta en su cinta de colores rojo, blanco y negro. Aún brillante, con su acabado pulido y laqueado. Una cruz que se entrega por valor en combate. Una cruz que se entrega por un acto de valor frente al enemigo o por una acción más allá de la llamada del deber. Paso el dedo por la esvástica del centro y luego por la fecha de la parte inferior, el uno, el nueve… 1939. Es la Cruz de Hierro de 2ª clase. Concedida por el Tercer Reich.

¿Por qué tengo estas dos distinciones? Ahora sí, ahora la respuesta me resulta más fácil. Por defender mis ideales.

Mi nombre es Pujol, Juan Pujol García. Durante la 2ª Guerra Mundial fui espía. De hecho, fui espía doble. Trabajé para el Imperio Británico y engañé al Tercer Reich. Me convertí en la mejor arma de la que dispuso Gran Bretaña para vencer a Hitler. Nunca tuve que disparar una arma, pero mi trabajo resultó devastador para el Reich alemán.

Terminada la guerra decidí pasar al olvido y retirarme a vivir tranquilo a Sudamérica. Temía que la Abwehr quisiera pasar cuentas conmigo. No tenía nada claro que los grupos Odessa no fueran a la caza de Rufus. Así era conocido por ellos, Rufus.
Para el MI5 británico mi nombre era Garbo. Me lo pusieron como un homenaje a La Divina, a la gran Greta Garbo y por mis magníficas dotes de actor. De actor del engaño.

Engañar para vivir y vivir para engañar ¿Motivo? Defender mis ideales.



II.
Terminada la Guerra Civil Española, con la victoria del bando golpista, el general Francisco Franco subió al poder. A la Europa fascista de Hitler y Mussolini se les unió una tercera comparsa. En teoría España se convirtió en neutral pero la verdad es que su alineación con los gobiernos del Eje era más que teórica.

Juan Pujol era hijo de un industrial catalán que había luchado junto al bando franquista durante la guerra. Pero él no era como su padre, él odiaba a Alemania y era conciente que sólo la victoria aliada podía liberar a España del régimen franquista.
Se fue a Madrid y ofreció sus servicios al espionaje británico. Los británicos declinaron la oferta inicial. Pujol no se desanimó y siguiendo con su plan inicial se ofreció como agente a la Abwehr alemana. Esta más necesitada de agentes en países neutrales aceptó su oferta.

El año 1941 Pujol sale de Madrid y se va a Lisboa. Una vez allí se comunica con los servicios secretos alemanes y les dice que se encuentra ya en Londres. En su habitación del hotel sin saber hablar inglés y sólo con un mapa de Inglaterra, un diccionario de términos navales, la Guía Azul de navegación y un revista portuguesa atrasada llamada “Flota Británica” empieza a mandar informes a los alemanes sobre la flota naval británica. Informes que desde un principio son tenidos como ciertos y de gran valor. Evidentemente son inventados y lo único que interviene en su confección es la imaginación de Pujol.

Aún en Lisboa, el año 1942, logra que el MI5 británico le tenga en consideración y pasa a engrosar sus filas de agentes dobles. Es enviado a Londres donde estará hasta el final de la guerra. A Londres fueron también su mujer y su hijo. Y fue allí donde después de tener el primer nombre en clave de Bovril se lo cambiaron a Garbo.

Ya en Londres empezó a crearse su propia red de informadores ficticios. En total la Abwehr pensaba que Rufus controlaba a 14 agentes directos y 11 contactos importantes. Junto a todos ellos llegó a tener también un lugarteniente, un operador de radio que le suplía en determinadas ocasiones y una serie de ayudantes por toda Gran Bretaña.
Entre las invenciones de Rufus encontramos desde un piloto alcohólico de la RAF hasta un lingüista del servicio secreto con un odio profundo a los comunistas, pasando por un camarero gibraltareño. Pero sin lugar a dudas el más interesante era Wren.
Wren se suponía que era una miembro del servicio naval británico. Con el tiempo fue enviada a Ceilán, Cuartel General del Suroeste Asiático, de donde le mandaba los informes que a su vez Rufus enviaba a la Abwehr y esta a su vez los mandaba a la embajada japonesa de Berlín. De la embajada eran enviados a Tokio y allí gracias a ellos se diseñaba la estrategia a seguir en el frente de guerra oriental.

Los alemanes estaban cada vez más impresionados por los informes que Rufus les mandaba. Era el momento pues de tensar más la cuerda. Los británicos utilizaron a Garbo para avisar a los alemanes del desembarco de las tropas aliadas en África.
Desgraciadamente, debido al sistema que usaba Rufus para mandar los informes a la Abwehr, estos llegaron tarde a manos alemanas y la invasión se produjo con éxito. No obstante, este hecho aún hizo acrecentar más el valor de Rufus para los alemanes. No sólo no desconfiaron de él sino que le proporcionaron un sistema de comunicación más directo con ellos.
Antes los informes eran mandados por correo de Londres a Lisboa, donde mediante un piloto colaborador de la línea aérea KLM llegaban a Berlín. Ahora, la Abwehr le proporciona una emisora de radio y todas las claves secretas de transmisión. El pez había picado el anzuelo. Todo esta listo para encubrir el Desembarco de Normandía.



III.
Amt Auslands und Abwehr o como era conocida más popularmente Abwehr se creó en Prusia el año 1866. Su papel determinante durante la guerra franco-prusiana le concedió una aureola de prestigio. Así llegó a la Primera Guerra Mundial durante la cual creó una basta red de espionaje dentro de los países aliados. Y así se conservó hasta la subida al poder de Adolf Hitler.

Heinrich Himmler cabeza visible de la Sicherheitsdients o SD, Policía del Estado, intentó en múltiples ocasiones tener también el control sobre la Abwehr, pero no lo consiguió. Esta se puso bajo la dirección del Almirante Wilhelm Canaris.
Estamos pues frente a una lucha de poderes dentro del Reich. Por un lado Himmler un fanático seguidor de Hitler y por otro Canaris un claro ejemplo de militar prusiano, más fiel a la Wehrmacht y a la tradición militar que al nacionalsocialismo y a Hitler.
No es de extrañar pues que las actuaciones de la Abwehr dejaran mucho que desear durante el curso de la guerra ¿Mala gestión de Canaris? No, más bien traición de Canaris.
Este junto a otros mandos militares prusianos de la Wehrmacht, alejados y contrarios al nacionalsocialismo, conspiraron de forma continuada para derrocar a Hitler y continuar un Tercer Reich sin este en el poder. Evidentemente fracasaron y todos ellos terminaron siendo descubiertos y ajusticiados.
La caída en desgracia definitiva de Canaris se produjo al descubrirse sus conversaciones con el General Amé, Jefe del Servicio Secreto Italiano, para facilitar la salida de Italia de la guerra, pactando una no represalia alemana. Estas conversaciones estuvieron en poder de Himmler hasta junio de 1944. Curiosamente, fiel a sus métodos conspirativos este no las utilizó hasta mucho después. Canaris fue ejecutado el marzo de 1945.
De no haber sido descubierto, al terminar la guerra, los aliados tendrían que haberle agradecido muchos favores a Canaris y sus hombres. Quizás tantos como a Rufus.


Inglaterra era la cabeza de puente del asalto aliado a Europa, esto lo tenían muy claro Hitler y el alto mando alemán. Así que decidieron crear la Muralla del Atlántico, una línea de fortalezas, puestos para la artillería, búnkeres y obstáculos que iban desde la frontera de España hasta Noruega.
En plena campaña rusa las tropas que eran relevadas del frente de guerra, las mandaban a Francia a descansar y construir las defensas.
Y de todo el frente el punto más débil, a criterio alemán, era el Paso de Calais. Era el lugar más cercano a la costa británica y estaba en las inmediaciones de los centros de las lanzaderas de las temibles V-1 y V-2 que no dejaban de caer sobre Londres. Así pues fueron sus costas las que más protección recibieron.

Bajo la dirección de las obras defensivas se puso al Mariscal Berd von Rundstedt. Pero a finales de 1943 Hitler comisionó al también Mariscal Edwin Rommel, héroe de la batalla de El-Alamein y conocido como el Zorro del Desierto, para controlar las labores defensivas. Poniéndolo bajo las órdenes de von Rundstedt.
Las ideas estratégicas de los dos Mariscales chocaron frontalmente. Von Rundstedt era partidario de alejar las divisiones blindadas tierra adentro, para así poderlas movilizar hacia cualquier parte de la costa que fuera atacada. Rommel, contrariamente, era partidario de no tener a las divisiones alejadas más de cinco millas de la costa; evitando así las incursiones de la aviación aliada y poder arrojar rápidamente al mar, antes de 24 horas, a los asaltantes.
Finalmente fue Hitler quien tuvo que elegir entre las dos opciones y afortunadamente erró. Decidió elegir la peor parte de cada opción. Decidió ceder las divisiones blindadas a Rommel, pero no en suficiente número como para que pudiera aplicar su plan. Y von Rundstedt se quedó con el grueso de las tropas de reserva, pero tierra a dentro. Así pues, el día de la invasión las tropas de la costa eran insuficientes para hacer frente al ataque inicial, mientras que las tropas de reserva alejadas del frente nunca llegaron a tiempo; quedando las líneas de suministro alemanas incomunicadas.


Concentrados los alemanes en el Paso de Calais, los aliados decidieron entrar por Normandía. Las costas normandas con sus extensas playas resguardadas de las olas, eran el lugar ideal para el desembarco más importante de la historia. El Día-D, el 6 de junio de 1944, pasó a conocerse como Operación Overlord.
La noche anterior tres divisiones paracaidistas fueron lanzadas en la retaguardia alemana. Después del amanecer y precedidas de un intenso bombardeo aéreo y naval dos divisiones americanas y tres de británicas atacan simultáneamente cinco playas normandas: Utah y Ohama los primeros; Gold, Juno y Sword los segundos.
Los número de Overlord son mareantes: 3 millones de soldados aliados fueron desembarcados; más de 13.000 aviones; 1.000 buques de guerra: 7 acorazados, 27 cruceros, 156 destructores…; 10.000 vehículos blindados; 20 millones de toneladas de material bélico; 7.000 transportes de desembarco… Todos los hombres y materiales disponibles en el bando aliado se pusieron en juego para la Operación Overlord.
Por el bando alemán sólo 1 millón de hombres, la mayoría en descanso del frente ruso; 2.000 vehículos blindados; sin fuerza naval y una aviación muy debilitada que no llegaba al millar de aviones.

Al finalizar el Día-D, sobre las playas se habían asentado 160.000 soldados aliados, junto a 2.000 vehículos blindados y 4.000 toneladas de material. Hubo 3.000 soldados muertos y unos 10.000 de heridos.
Los alemanes perdieron durante la batalla a 300.000 hombres y 200.000 más fueron hechos prisioneros. Perdieron también 3.000 piezas de artillería; 1.500 carros de combate; 20.000 vehículos y cantidades incalculables de material y suministros.

El día 9 de junio, los alemanes habían perdido toda iniciativa en la batalla y con ello acabarían perdiendo la guerra.
La madrugada del 30 de abril de 1945, hoy hace 60 años, Hitler se suicidó.



IV.
El año 1999 el gobierno británico desclasificó el expediente KV 2/41. En él y bajo el nombre en clave de Garbo aparece por primera vez la historia de Juan Pujol García. Por primera vez podemos conocer el papel que jugó Garbo en la preparación del Día-D.

En primer lugar Garbo convenció a los alemanes que las fuerzas aliadas tenían el doble de efectivos de los que realmente disponían. Después les aseguró que la invasión por Normandía sólo sería una maniobra de distracción para encubrir la verdadera invasión que se produciría por Calais.
Garbo acababa de recibir de forma clandestina la Cruz de Hierro en agradecimiento por los servicios prestados al Reich ¿Había pues motivo para dudar de sus informes? Evidentemente no, los alemanes creyeron en todo momento que los datos transmitidos por su agente eran ciertos. Y fue con estos datos con los que se elaboraron los planes defensivos.
Mientras las fuerzas aliadas se asentaban en Normandía, los alemanes todavía esperaban a que diera inicio la verdadera invasión. Y así esperaron, hasta que les llegó la derrota.


Juan Pujol García, alias Garbo, alias Rufus. Una de esas personas anónimas que en un lugar y tiempo preciso salen del anonimato y entran a formar parte de la historia, de la Historia con mayúsculas. Una de esas personas desconocidas que se merecen, por méritos propios, dejar de serlo.
Una de esas personas que hacen las cosas, así de simple, por defender sus ideales.

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