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El Faraón hereje


Busto de Ajenatón




En Ajetatón, en este lugar, construiré la Casa del Atón para el Atón, mi padre.
En Ajetatón, en este lugar, construiré la Mansión del Atón para el Atón, mi padre.
En Ajetatón, en este lugar, construiré el Toldo de la Gran Esposa Real Neferneferuatón para el Atón, mi padre.
En la Isla del Atón cuyos jubileos son destacados en Ajetatón, en este lugar, construiré la Casa de Fiestas en Ajetatón para el Atón, mi padre.
Y en Ajetatón, en este lugar, construiré para mí mismo la residencia del Faraón, ¡vida, prosperidad y salud!, y construiré la residencia de la Gran Esposa Real.
Que se construya para mí una tumba en la montaña oriental de Ajetatón y que se lleve a cabo en ella mi entierro, en los millones de años que el Atón, mi padre, ha decretado para mí.

Ajenatón





I.
Senmut ha pasado una mala noche. Amón ha surgido del abismo primitivo en el que mora y donde rige el destino de los hombres. Amón, el dios oculto, el dios invisible para los otros dioses y para los ojos humanos. El dios supremo de la tríada tebana. ¿Qué oscuras profecías le ha rebelado Amón? ¿Qué puede haber producido en Senmut esta sensación de angustia?

Tebas es la capital religiosa de Egipto. Y si hay un lugar importante en Tebas este es el complejo de Templos de Karnak. Como en el resto de los templos de Egipto la entrada a sus recintos está prohibida al pueblo. De hecho, solo algunos escogidos de la alta sociedad pueden entrar. Entrar, pero solo a determinadas salas exteriores. El resto del recinto esta vedado, únicamente los más altos sacerdotes pueden deambular libremente por todas las salas y corredores.

Senmut no se tiene que preocupar por las prohibiciones, su rango como Segundo Sacerdote de Amón y Arquitecto Real le permite circular libremente y sin restricciones. Va dejando detrás salas y corredores, cada vez más pequeñas, cada vez más estrechos. La oscuridad ambiental es un fiel reflejo de como está su espíritu, cuando al entrar en el “naos” se encuentra de frente con Hapuseneb, Sumo Sacerdote de Amón y Visir.

En la estancia de la divinidad las preocupaciones de Senmut pasan a segundo término. En el recinto donde reside Amón lo único que debe ocupar a los dos sacerdotes es servirlo: despertarlo, vestirlo, perfumarlo, adornarlo y alimentarlo. Una vez terminadas sus obligaciones ya tendrán ocasión para hablar de la visión nocturna de Senmut. Ya tendrán tiempo para planificar cómo afrontar al terrible futuro que acecha a su Dios en un tiempo no muy lejano. Y serán ellos, Hapuseneb y Senmut, quienes diseñarán la forma de enfrentarse y vencer a los enemigos de Amón, padre de todos los vientos y protector de los navegantes. Quien ose enfrentarse a él sentirá en su alma inmortal el poder de quien con solo invocar su nombre se logra amansar a los cocodrilos del Nilo.



II.
Hace años que murió Hatshepsut, la mujer faraón; y quien ocupa actualmente su cargo es Amenofis III, el Magnífico. Su gobierno de 40 años supone el cenit de la Dinastía XVIII, una cima en la historia de Egipto. Durante estos años de reinado la capital continúa siendo Tebas, pero el Faraón está más tiempo en Menfis. Los sacerdotes tebanos están inquietos, Amenofis III potencia el poder de los sacerdotes de Heliópolis. El culto al sol se incrementa. Viejos papiros corren de mano en mano entre los clérigos tebanos. Papiros hace años guardados en lugar secreto empiezan a ver la luz.

Egipto es un país rico y en paz. El reinado de Amenofis III está sin lugar a dudas bajo la protección de Ra. Pero en este oasis de paz aparece un elemento perturbador. Thutmose, primogénito y heredero, muere. Le sucede su hermano menor, un personaje oscuro y poco conocido hasta el momento. El cual y durante dos años se convierte en corregente. Después muere el propio Faraón y sube al trono Amenofis IV. Es el año 1364 AC

A los tres años de su reinado, Amenofis IV celebra el “hab-sed”. Se tiene que esperar 30 años para celebrar el festival, pero esta norma no siempre se aplica. No la había aplicado antes Hatshepsut y no pensaba aplicarla él. No representaba por tanto ninguna novedad. ¿Ninguna novedad? Evidentemente si que había una novedad. La celebración se consagró a un solo Dios. Y este Dios ni siquiera era Amón. Solo se mencionó a Atón.



III.
Amenofis IV es henoteísta. El primer henoteísta de la historia de la humanidad. Cree en un solo Dios principal, superior al resto de dioses. Un Dios no visible. Un Dios que estaba representado por el Sol y más concretamente por sus rayos, rayos que daban la luz y el calor, rayos que daban la vida en la tierra. Lo representó como a un gran disco solar del que surgían unos largos rayos en forma de brazos.

Durante los primeros 4 años de gobierno mantuvo la capital en Tebas, pero los conflictos entre los clérigos de Atón y los de Amón eran continuos. Una nueva religión necesitaba una nueva capital. Un nuevo lugar donde los seguidores de Atón pudieran servir libremente a su Dios. Se dirigieron al norte de Tebas y en un lugar donde solo habitaban escorpiones creó Ajetatón "el Horizonte de Atón". Se levantaron templos a cielo abierto, palacios, viviendas, jardines y escuelas. Tebas perdió la capitalidad religiosa y Menfis la administrativa. Todo se concentró en la nueva ciudad.

En su noveno año de reinado el Faraón, que ha cambiado de nombre y ahora se llama Ajenatón 
"el que es útil a Atón", vive en Ajetatón junto a su esposa Nefertiti "la hermosa ha llegado", que se pasa a llamar Nefernefruaton-Nefertiti "perfecta perfección de Atón la hermosa ha llegado". Junto a ellos están la familia del Faraón con sus muchas hijas; el ejército representado por Ay, padre de Nefertiti; y la nueva clase dirigente que apoya los cambios: Rames, Gobernador de la ciudad y Visir; Menna, Escriba de los Campos del Señor de las dos Tierras; Benia, Supervisor de los Trabajos; Maya, el Tesorero.

Ajenatón, superviviente de un intento de asesinato por parte de los clérigos de Amón, inicia una dura represión contra ellos. Ordena cerrar todos los templos excepto los dedicados a Atón y a Ra. Confisca las inmensas propiedades de los seguidores de Amón. Y finalmente impulsa la medida más drástica que se puede aplicar en Egipto; ordena destruir las imágenes y los nombres de los dioses, ordena incluso la desaparición de la palabra “necheru”, dioses.

El cisma en Egipto es ya insalvable. Por un lado el restringido grupo de seguidores de Atón y más concretamente seguidores de Ajenatón. Por otro lado, los clérigos de Amón junto al resto de clérigos de los demás dioses. Para una sociedad como la egipcia renunciar, por decreto y de forma drástica, a sus dioses protectores es una decisión demasiado difícil. De ello se aprovechan los clérigos que ven como sus cultos, y no nos engañemos su poder, desaparecen. Ajenatón se recluye en su ciudad y se olvida de gobernar Egipto. Los países vecinos se aprovechan de ello y atacan las posesiones externas del país. El descontento interno no permite al Faraón mandar demasiadas tropas a luchar fuera del país, las necesita para mantener su poder. El sistema empieza a notar los problemas y se tambalea. Mientras, Ajenatón reza a su Dios y se dedica a componer poemas y filosofar.

Es el año 1347 AC y Ajenatón muere. Le sucede su primera esposa, Nefertiti. Esta, al igual que 
Hatshepsut, asume oficialmente el título de Rey y no de Reina. Asume la apariencia y los títulos masculinos. Y para reforzar su poder se debe casar con alguien de sangre real. Se casa pues con Meritatón, su propia hija e hija de Ajenatón; reinando con el nombre de Semenejkara. Antes Meritatón también había estado casada con su padre del que había tenido un hijo. Semenejkara se intenta reconciliar con el clero de Amón, pero no es posible. Los militares tampoco la aceptan, aunque sea la hija de Ay. Finalmente debe abandonar el poder y desaparecer de la historia, nada se sabe de ella. Sube al trono un pequeño niño de 9 años. Sube al poder Tutanjatón, hijo o hermano de Ajenatón.



IV.
Tutanjatón sigue viviendo en Ajetatón y se casa con Anjesenpaatón, una hija de Ajenatón. Al poco tiempo, se traslada a Tebas y restablece el culto a Amón y a los otros dioses. Devuelve las posesiones a los templos y restablece el poder de los clérigos tebanos. No obstante, mantiene el culto a Atón. Cambia de nombre y pasa a ser conocido como Tutankamón.

El nuevo Faraón es demasiado joven y se encuentra en medio de una lucha de poderes: por un lado Ay, por otro Horemheb, y contra todos ellos el clero de Amón. Ay es el padre de Nefertiti pero también es otras cosas. Inició su carrera política en el ejército. Hombre de confianza de Ajenatón, fue uno de los dos Visires de Egipto, con el título de “portador de abanicos de la mano derecha”. Horemheb inició también su carrera en el ejército. General del ejército estaba por encima de todos los personajes de la corte, incluso de los Visires. Su título honorífico lo dejaba claro: “representante del rey”.

El futuro de Tutankamón se decide cerca de él. Muere a los 17 años y sin descendencia. Ay se proclama Faraón. Con ello se extingue la Dinastía XVIII. El reinado de Ay II duró poco tiempo y con su muerte desapareció el último servidor público leal a Ajenatón. Así lo demuestra el hecho que en la pared de su tumba se encuentre inscrito el Himno a Atón, himno escrito por el Faraón hereje. Fue sucedido por el general Horemheb que al no tener sangre real y para cerrar el círculo de oscuros pactos, se casa con otra de las hijas de Ay II, Mutnedyemet. Reinó durante 27 años, durante los cuales se dedicó a desmantelar la ciudad de Ajetatón y abolir todas las medidas que Ajenatón había dictaminado y estaban todavía vigentes.

A su muerte le sucedió su general Paramsés que pasó a la historia como Ramsés I, fundador de la Dinastía XIX o de los Ramsés.



V.
De la lista de Reyes de Egipto, se borró toda referencia a Ajenatón. Se borraron los nombres de familiares y seguidores. La historia oficial pasó de Amenofis III a Horemheb.
La ciudad de Ajetatón se perdió en el desierto. Y por lo que durante un tiempo fueron sus calles solo volvieron a pasearse escorpiones.

Durante el reinado de Ramsés II el culto a Atón quedó como algo residual y la etapa maldita como un mal recuerdo. Egipto volvió de nuevo plenamente al politeísmo. Y el nombre del dios Amón se asoció directamente a la realeza. Nadie podía ser Rey de Egipto sin el consentimiento de Amón. Los viejos papiros del Templo de Karnak, aquellos que un día habían dejado escritos Hapuseneb y Senmut, se volvieron a guardar en lugar seguro.

Actualmente, algunas personas ven en esta persecución a los seguidores de Atón, el nacimiento de un éxodo. Algunas personas ven en la huida de los seguidores de Atón, la huida de Moisés y los suyos hacia la tierra prometida. La tierra en la que se terminaria adorando a un solo Dios…

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