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| Adolf Hitler (1934) |
1.
John Smith, agente de bolsa de 49 años, se despide de su mujer antes de salir de casa. A paso ligero cruza la Primera Avenida y encara la Calle 49. Son las 09:15 horas de la mañana.
Una típica mañana en Nueva York; calles concurridas, gentes de deambular nervioso, tiendas abiertas y vehículos circulando y haciendo sonar insistentemente sus cláxones. Quizás, un observador más interesado vería alguno de los muchos detalles que hacían de este un día especial.
Mr. Smith, socio fundador de la emergente agencia de bolsa Grobeer-Smith-Rwein, se dirige con la mirada perdida al Beekman Tower Hotel. Construido un año antes, el hotel Beekman es un claro exponente del art decó.
La tradicional calma del hotel se encuentra hoy alterada. No obstante, el rugido alto y constante de las voces no parece inquietar a nuestro hombre. Solicita una habitación en una de sus últimas 26 plantas y de forma apresurada entra en el ascensor. Clarece, un joven botones negro del hotel, le abre la puerta de la habitación y con aire displicente espera la propina. El hecho que Mr. Smith no lleve maletas no parece desanimarlo.
Pero hoy, Mr. Smith no está para trivialidades. Se acerca a la ventana de la habitación, la abre y se lanza al vacío.
Son las 10:26 horas del miércoles 30 de octubre de 1929.
2.
Martes, 29 de octubre de 1929. El pánico se ha desatado en Wall Street. Aquello que será conocido como el crac del 29 está en pleno apogeo. El “martes negro” toma su lugar en la historia.
Estados Unidos es sin lugar a dudas la primera potencia en crecimiento del mundo. Tras la Gran Guerra los países Europeos quedaron destruidos y despedazados. La vieja Europa, aquella que en un tiempo fue la gran gestadora de imperios, no puede seguir el ritmo de crecimiento que los Estados Unidos han puesto en marcha.
Estados Unidos es un gran país; en territorio, recursos naturales y recursos humanos. Ciertamente, ha participado en la Gran Guerra pero esta no se ha desarrollado en su país y su industria se ha visto enormemente fortalecida por la guerra. Wall Street se convierte en un reflejo de este poder. Las acciones que se negocian allí aumentan de valor sin cesar. A más acciones compradas, mayor valor de las acciones. A mayor valor de las acciones, mayor interés de los compradores para conseguirlas.
La bolsa se convierte en un juego. La gente corriente empieza a participar de la vorágine financiera. Casi un 10% de la sociedad americana invierte en bolsa. Muchas de estas personas ponen todo su dinero en el mercado. Surgen infinidad de sociedades gestoras de inversiones. Cuando se reúnen un grupo de personas el tema de conversación favorito es la evolución del mercado financiero y más concretamente sus enormes beneficios. El margen financiero es tan amplio que la gente se endeuda para poder comprar más acciones. En definitiva, se está creando una burbuja especulativa. Y como en toda burbuja apareció lo que esta más teme, apareció la aguja.
Los inversores profesionales empezaron a vender. Sacaron su dinero de la bolsa y lo pusieron a mejor recaudo. Empezó un fuerte movimiento vendedor. Una semana antes del crac se vendieron siete millones de acciones. El 24 de octubre, el “jueves negro”, se vendieron más de doce millones de acciones. A primeros de semana las acciones vendidas fueron más de nueve millones, siempre a la baja. El 29 de octubre la cifra aumentó hasta los 17 millones de acciones vendidas. Todo el sistema se derrumbó. Wall Street cayó. Todas las bolsas del país de este a oeste y de norte a sur le siguieron en su caída. A medida que las noticias llegaban a las demás bolsas del mundo estas caían sin remisión. Ningún país pudo soportar el crac de Wall Street.
Las empresas fueron cerrando. La gente se quedó irremediablemente sin empleo. La clase media americana desapareció. El crac de la bolsa de Nueva York se convirtió en la Gran Depresión.
3.
Estados Unidos era un país dividido en dos; por una parte las zonas industrializadas y por otra la población campesina. Al quebrar el sistema financiero, los trabajadores de las industrias se quedaron sin trabajo y con ello salieron de la rueda económica. Esto afectó a los agricultores que no tenían a quien vender sus productos. La agricultura entró en recesión y los agricultores que no podían devolver los créditos que habían solicitado a los bancos, se vieron en la obligación de dejar sus granjas e intentar encontrar trabajo en las ciudades. Ingentes masas de personas abandonaron las llanuras americanas para intentar la conquista de las costas, más industrializadas. Pero lo que encontraban al llegar allá eran masas de trabajadores de la industria sin trabajo. Masas a las que se unían más masas. Masas de familias hambrientas y sin esperanzas que vagaban de un lado al otro del país.
La situación en Europa era mucho peor. Sin estar recuperados de la Gran Guerra los países europeos tenían economías débiles y poco productivas. La enorme inflación de Alemania junto a la imposibilidad de hacer frente a las deudas de la guerra hizo quebrar su sistema económico. La crisis social en el resto de países industriales se generalizó.
Se perdió la fe en el sistema. La gente no sólo se quedaba sin empleo sino que entraba con ello en el campo de la pobreza. Se radicalizaron las políticas. Los países se encerraron en si mismos y apareció el enemigo exterior. Alguien tenía que tener la responsabilidad de lo que estaba ocurriendo. Alguien tenía que asumir las culpas de esta situación insostenible. Y este alguien evidentemente, no podía ser de otra forma, era el país vecino. Se abrieron las viejas heridas que nunca habían terminado de cicatrizar.
Y junto al enemigo exterior apareció también el enemigo interior. En cada uno de los países surgieron sus viejos fantasmas de siempre. Y de entre todos los fantasmas surgió el monstruo más terrible. Surgió Adolf Hitler.
Y lo que se conocía como Gran Guerra tuvo que pasarse a llamar Primera Guerra Mundial. Se tenía que hacer sitio para la Segunda…
Si te ha interesado el tema deberías leer:
- Las uvas de la ira de John Steinbeck
- El día en que se hundió la bolsa de Gordon Thomas y Max Morgan-Witts
y quizás ver:
- Las uvas de la ira de John Ford
y también puedes escuchar:
- The ghost of Tom Joad de Bruce Springsteen

Mas claro, ni el agua clara ...
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