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| Cayo Julio César (100-44 a.C.) |
Hacía dos años que había muerto Julia, hija de César y esposa de Pompeyo. Único lazo que unía a los dos hombres más poderosos de Roma.
Un año antes había muerto Craso y el Senado nombró Cónsul único a Pompeyo, desapareciendo con ello el Triunvirato. Por fin, “Magnus” se podía considerar el Primer Hombre de Roma.
Los enemigos de César copaban el Senado y el resto de poderes republicanos.
César, victorioso de su campaña en las Galias, regresaba a Roma junto a un ejército preparado y ansioso de servirlo.
Negros presagios se ciernen sobre la República. Tras años de Guerras Civiles, las Águilas Romanas volverán a enfrentarse.
Cneo Pompeyo Magno (106-48 a.C.) hijo de Cneo Pompeyo Estrabón. De familia senatorial pero no romana. No al menos en el sentido estricto del término romano; eran originarios de Picenum, en el centro de la actual Italia. Es decir, eran itálicos que no Romanos. No gozaban de plena ciudadanía romana, ni de derechos latinos. A cambio de protección militar tenían que aportar a Roma soldados y pagar grandes cantidades de impuestos.
De hecho, Pompeyo siempre fue considerado como el advenedizo picentino. Las grandes familias patricias romanas nunca vieron en él otra cosa que un instrumento, más o menos manejable, para satisfacer sus intereses.
Experto militar y con un ejército sostenido gracias a su enorme riqueza y lealtad personal, representaba el último recurso disponible por los “boni” para intentar derrotar a César.
Cayo Julio César (100-44 a.C.) de la “gens” Julia, una de las familias más antiguas de Roma. Sus orígenes eran anteriores a la época de los Reyes. Entre los patricios sólo la “gens” Fabia podía considerarse a su altura, que no superarla.
Amamantado por dos lobos: Cayo Mario y Lucio Cornelio Sila, de ellos aprendió lo poco que su madre, Aurelia, no le enseñó en su ínsula del Subura.
César aunaba en él la fuerza arrasadora de Cayo y la majestuosidad impredecible de Sila. Todo ello aumentado y llevado hasta los últimos extremos. Reformista radical, lideraba sin fisuras a los “populares”. Huérfanos de mando después de la muerte de Cayo.
Es el 13 de enero del 49 a.C. y Pompeyo con el respaldo del Senado ha ordenado a César que renuncie a su mando y desmantele su ejército. César decide mantenerlos y acampa junto a un río al norte de la actual Italia; frontera natural entre las provincias de la Italia Peninsular y la Galia Itálica. Río que en la actualidad se conoce como Ronco y en época de César se conocía como Rubico o Rubicón.
Su ejército es inferior al de Pompeyo y el Senado, pero su ventaja es que el de estos está desperdigado por todas las provincias. Si cruza el Rubicón nada ni nadie evitará la guerra. Si no lo cruza significará el final de su carrera política y su muerte. Su muerte personal y la muerte de su “gens”. Su “dignitas” sólo le deja un camino, avanzar. Avanzar sobre Roma.
De repente, según narración de Suetonio, aparece un hombre joven tocando una flauta de caña. Se acerca a uno de los trompeteros del ejército y le quita la trompeta. Da un salto y se sienta en una piedra del centro del río, mientras toca una marcha militar. Todo el ejército está expectante. El joven vuelve a dar un salto y sin dejar de tocar cruza el río y anima al ejército a que le siga. César, que no era supersticioso, se aprovecha de la credulidad de sus hombres que ven en ello un hecho sobrenatural. ¿No es acaso César un Favorito de la Fortuna?. Con voz muy alta grita:
- “¡Esto es la indicación de los dioses de que vayamos a vengar las afrentas que nos están haciendo Pompeyo y el Senado! ¡Los dioses quieren que vayamos a Roma y venzamos a los enemigos! ¡Vayamos allá donde nos llaman los dioses y la injusticia de los hombres! ¡La suerte está echada!”
César cruzó el Rubicón. No obligó a nadie a seguirle, pero sus hombres secundaron a su general, al grito de: “¡O César o nada!”
Empezó una nueva Guerra Civil, que César venció. Muerto Pompeyo sus partidarios se dispersaron y empezaron las conjuras. La República desapareció.
César murió en los idus (día 15) de marzo del 44 a.C. Fue asesinado en la Curia Pompeya del Senado. Calló bajo 23 puñadalas, de las que sólo una era mortal, a los pies de la estatua de Pompeyo. El “Magnus”.
Durante 5 años, César forjó un Imperio. Un Imperio que le sobrevivió y llegó a dominar el mundo conocido.

Perfecta narración...
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